Verónica Abud: "Soy muy apasionada, pero tengo mis prioridades muy claras"
Trabaja desde los 16 años y siempre la lectura ha sido su gran pasión. Hoy la expande para que llegue a los niños que más la necesitan. "La lectura debe partir desde los primeros meses de vida", asegura.
R odeada de libros, en una imponente casa de dos pisos ubicada en Exequiel Fernández -en pleno corazón de Ñuñoa-, Verónica Abud Cabrera, la "Vero" para sus 23 colaboradores, familia y amigos, habla de la importancia de leer. En su oficina, ubicada en el segundo piso, cuelga un cuadro con dos perros que leen -son de su familia y viven en el sur- y antes de entrar a ella destaca una máquina de escribir adosada a una pared empapelada con hojas de diccionario.
"La neurociencia demuestra que, desde que se nace hasta los siete años, tenemos una ventana donde están más abiertas las conexiones neuronales que haremos a futuro. De aquí la importancia de que la lectura parta desde los primeros meses de vida", explica, contando que a todos sus sobrinos les regala libros. "Nunca otra cosa".
Por eso, autodefinida como apolítica, dice que su partido es el de los niños que leen. "Cuando aprenden a leer, tienen una mejor vida", asegura.
Entre libros
Aunque en su casa no había tantos libros, no olvida la muy buena biblioteca de su colegio. Tampoco que su abuela materna fue quien le enseñó a leer: "Me compraba libros y siempre hablábamos sobre los que ella leía".
Egresada a los 16 años del Villa María, partió estudiando secretariado en la Escuela del Congreso. En paralelo, comenzó a trabajar en el Bellarmino, centro de investigación social y teológica jesuita que funcionó hasta 1997.
"En las mañanas estudiaba y en las tardes trabajaba. Me gustaba mucho y puedo decir que trabajo desde los 16 años", dice orgullosa.
En esa época conoció a su marido, Albert Cussen, con quien tiene cuatro hijos y cuatro nietos. Él cursaba ingeniería en la U. de Chile y fue quien la motivó a estudiar una carrera. Ella preparó la Prueba de Aptitud Académica y en 1969 quedó seleccionada en pedagogía general básica, con mención en Geografía, en la U. Católica.
Recuerda su paso por la universidad como un período difícil, ya que eran años muy polarizados, y prácticamente no tenía clases: "Venían los camiones e íbamos a pelar papas para las ollas comunes". Se casó en 1974, recién titulada, y partió haciendo un reemplazo en el Colegio Tabancura.
Había tenido a su segunda hija cuando se incorporó a trabajar en su excolegio. Llegó para hacer un reemplazo de seis meses que terminó transformándose en 11 años. Seis como profesora en kínder y cinco como jefa del ciclo de prekínder a cuarto básico, período en el que aprovechó de cursar un máster en la Virginia Polytechnic Institute and State University, en 1984. "Un major en curriculum and instruction ", dice remarcando la última palabra. El diploma cuelga en su oficina.
A continuación explica por qué: "En Chile no te enseñan a enseñar. Nadie me dijo cómo se le enseña a leer a un niño".
Con nuevas herramientas y un sentido social que crecía -"la brecha me irrita"-, después de su paso por el Villa María llegó a la Fundación Barnechea que, dice, le dio el doctorado que necesitaba. Allí trabajó con María Luisa Vial Cox, la "Lucha", quien fundó los colegios Nuestra Señora de Loreto (Las Condes) y San Rafael (Lo Barnechea), para 400 mujeres y 400 hombres, respondiendo al llamado de padres que pedían un buen establecimiento para que sus hijos salieran de la pobreza. "Hoy esos colegios tienen uno de los mejores resultados en el Simce. ¿Sabes por qué? Por la biblioteca, en la que encontraron un mundo que no conocían", destaca.
En la fundación le encargaron diseñar y gestionar una escuela técnica. Luego, se abocó a instalar un colegio donde hubiera un centro para los trabajadores que asistían a él. En 1990, se dedicó a mejorar un colegio en Putú, cerca de Constitución. Ante los buenos resultados en el Simce, y dado que las empresas se dieron cuenta de que estos establecimientos eran un plus para los hijos de sus trabajadores, comenzó a vender la gestión de colegios. "Hicimos alrededor de 19. Los primeros para empresarios y luego para privados".
En total, estuvo 10 años en Fundación Barnechea. Le siguió una estadía en otra fundación que prefiere olvidar. Forma parte del capítulo ingrato en su trayectoria profesional.
Fuente de proyectos
Con 47 años, decidió armar su propio proyecto. No sin dudar, ya que pensaba que solo la gente importante hacía fundaciones.
Apoyada por su marido -quien hoy preside el directorio-, donantes y empresarios con los que había trabajado en la gestión de colegios, el 15 de agosto de 2000 dio el vamos a Fundación La Fuente. Su quinto hijo, dice orgullosa.
Para hacer realidad su sueño de fomentar la lectura, a través del desarrollo de bibliotecas a lo largo del país, le pidió ayuda a su hijo, Felipe, y a su señora, ya que los dos habían estudiado Literatura. También a tres amigos, quienes le aconsejaron que las bibliotecas fueran abiertas, que tuvieran colecciones de libros de buena calidad y que fueran un espacio silencioso, protegido, acogedor y colorido. Y lo más importante: que la encargada de la biblioteca fuera la mediadora entre los niños y los libros. Así lo hizo y hoy la fundación capacita a las mediadoras de las alrededor de 600 bibliotecas que han inaugurado de Arica a Puerto Natales: "La mediación lectora es lo que hoy nos puede salvar".
-¿Qué le parece el Plan Lector de los colegios?
"Es lo que hay que hacer: que los niños aprendan a leer. Sin embargo, no hay suficientes bibliotecas para los más de 5.000 colegios públicos del país. Está bien, estamos en el primer paso, pero hay que partir antes".
Por eso, la Líder Mayor 2026 -reconocida por Conecta Mayor UC, "El Mercurio" y la UC- cuenta que uno de los proyectos estrella de la fundación es "Viva Leer Copec". Desde 2011, en alianza con dicha empresa, venden a precio de costo libros para niños y adultos en estaciones de servicio, "con lo cual democratizamos los libros". Son parte de los libros que Abud muestra antes de la entrevista, en una casa anexa a la fundación. Un espacio que alberga estantes llenos de textos para esta y otras iniciativas que impulsan.
Otro proyecto ícono, señala, fue el de Bibliotecas Viva, iniciativa premiada en 2007 por Avonni. Quince bibliotecas que, durante 19 años, estuvieron en malls de Santiago, Antofagasta, La Serena, Los Ángeles y Concepción, y que fueron cerradas "injustamente" durante la pandemia. "Se aprovecharon de la crisis sanitaria y es el dolor más grande que hoy tenemos con los malos resultados de las evaluaciones de lectura en Chile", lamenta.
A estos proyectos se suman 39 bibliotecas móviles (bibliomóviles) que se trasladan entre colegios, Cesfam y centros comunitarios, previo convenio con municipalidades a través de la biblioteca pública. También las 100 bibliotecas escolares de emergencia levantadas tras el terremoto de 2010. Y la instalación de museos en algunas bibliotecas y de un centro cultural en Arauco.
"Nuestra meta es hacer 15 bibliotecas y espacios lectores (estos últimos en las zonas rurales) al año. Acabamos de cerrar el concurso Viva Leer y llegaron más de 350 postulaciones", cuenta la gestora cultural.
Por estos días, en tanto, un nuevo proyecto concentra su atención. Se trata Lectus, una plataforma digital de gestión de bibliotecas y fomento lector en conjunto con Fundación Phaway -de Daniel Undurraga, ex-Cornershop-, que permite administrar inventarios, préstamos y la circulación de libros en más de 300 bibliotecas escolares, públicas y comunitarias. "Algo así como un Netflix de los libros que a la fecha ha regalado 420 plataformas a colegios públicos, en modalidad piloto".
El siguiente paso será integrar a las bibliotecas públicas en una red para crear comunidades lectoras.
-Cuándo partió con la fundación, ¿pensó que se iba transformar en algo tan grande?
"Jamás. Pero hemos logrado financiarnos durante más de 26 años".
Seguir liderando
Ad portas de cumplir 75 años, sigue al frente de su fundación y todo indica que lo hará por mucho tiempo más. "En esta sociedad se estigmatiza mucho la vejez, pero yo nunca lo he sentido, porque soy la dueña del boliche", afirma. Sus nietos la energizan y también está motivada con la lectura mensual de cuatro libros para la Corporación Troquel, centro especializado en lectura infantil y juvenil, dependiente de la fundación. Como integrante de su comité, le toca analizar y evaluar la producción editorial anual para niños y jóvenes: "Leo por trabajo y por placer".
En su cruzada cuenta con el apoyo de su marido y sus hijos. Los cuatro han trabajado con ella. Arturo, músico, integró su disciplina y las actividades culturales en las bibliotecas; Carolina, ingeniera civil industrial y bailaora de flamenco, hizo el presupuesto y apoyó el diseño administrativo de las Bibliotecas Viva; Felipe le ayudó a desarrollar el proyecto de las bibliotecas y colabora con los libros, seminarios y talleres que organizan junto a Carolina, y Kana es su diseñadora y siempre ha estado presente desde su expertise .
-¿Cree que, a futuro, sus hijos seguirán con la fundación?
"Están todos comprometidos. Soy muy apasionada, pero tengo mis prioridades muy claras: mi familia y que nuestra fundación pueda seguir adelante para que no se pierda todo lo que hemos avanzado. Eso lo cuido como oro. Me gustaría que mis hijos tengan buenas vidas y que la fundación cuente con un financiamiento seguro".
-¿Cuántas bibliotecas más le gustaría inaugurar?
"Más que dar un número, me gustaría que el Estado y los empresarios hagan algo similar a lo que La Fuente realiza. Hay que pasarles la cuenta, porque la lectura es el cimiento de un país. La persona que no lee no va a poder integrarse ni va a tener las herramientas para aportar a que seamos un mejor país".