Cerezas y hortalizas, las más afectadas por eventos climáticos
Las intensas lluvias y granizadas han golpeado especialmente a los frutales, provocando pérdidas productivas y elevando los riesgos sanitarios. Aún se están realizando evaluaciones de daños, los que si bien afectan desde la Región Metropolitana a Ñuble, se concentran en O'Higgins y Maule. Se teme por lo que pueda seguir ocurriendo en los próximos dos meses y el impacto de los deshielos, que podrían provocar nuevos daños en infraestructura. En términos hídricos, la recarga de los acuíferos ofrece una perspectiva favorable para el riego para los próximos años.
E l lunes 26, Alejandro Hernández realizaba algunas labores en sus tomates que estaban casi listos para la cosecha. "Empezó a llover y me fui a la casa. Pero al rato se puso a granizar, así que tuve que volver al campo para ver qué había pasado. Ahí vi que el suelo estaba blanco, parecía que hubiera nevado", relata Hernández, quien tiene cuatro hectáreas en la localidad de Colín, Región del Maule.
El resultado, cuenta, fue la pérdida de sus tomates, zapallos italianos, morrones, ajíes y todos los demás cultivos.
"El granizo quemó todo. Tenía por lo menos $15 millones invertidos y no quedó nada", dice.
Si bien aún no hay números claros, se estima que decenas de productores de distintos tamaños y en distintas zonas han sufrido las consecuencias de los eventos climáticos del último mes, que no sólo han dañado cultivos de tomates y otras hortalizas, sino también destruido invernaderos y comprometido infraestructura de trabajo.
En Molina, por ejemplo, las lluvias persistentes y el granizo han provocado problemas en Montes de Molina, empresa que cuenta con más de 300 hectáreas de frutales orgánicos, principalmente cerezos, manzanos y perales.
"Estamos súper complicados con el clima. Por una parte, el granizo genera daños directos; por otra, las lluvias durante la floración dificultan la polinización y restringen los volúmenes de producción. En Regina, por ejemplo, los rendimientos llegan apenas a entre 20% y 30% del potencial. Es decir, si un huerto podía producir 10 o 12 toneladas por hectárea, hoy apenas llega a 3 o 4, con suerte", afirma Giovanna Paredes, gerenta general de la empresa.
La ejecutiva comenta que los problemas no se limitan a cerezos y pomáceas, sino que también afectan a otros cultivos, como las frutillas.
"Nosotros compramos mucha frutilla para nuestro negocio agroindustrial. El año pasado empezamos a comprar el 25 de septiembre y, a estas alturas, ya contábamos con 500 toneladas. Este año, en cambio, los productores no han cosechado ni el 5% de esa cantidad. Esa fruta ya no existe", asegura.
Esteban Navarro, quien trabaja en esta empresa y asesora otros proyectos de la zona, comenta que durante las últimas semanas ha visto situaciones realmente complicadas.
"He visto huertos de cerezas, manzanas y peras con alrededor de 50% de afectación a causa del granizo. Aunque las piedras eran pequeñas, provocaron daños por el impacto, por lo que parte de la fruta destinada al mercado fresco deberá dirigirse a otros mercados. En la práctica, es un golpe súper duro", comenta.
Lo más complicado, dice Giovanna Paredes, es que en situaciones como estas no sólo se ven afectados los agricultores, sino también toda la región.
"La Región del Maule, por ejemplo, se mueve en torno a la fruta. Por lo mismo, se ven afectados los trabajadores, los transportistas y otros actores de la cadena. Se resiente toda la economía de la región", indica.
Víctor Catán, presidente de Fedefruta, recuerda que hace algunos años también se habían registrado lluvias primaverales que afectaron el desarrollo normal de la temporada, pero nada comparable con lo que está ocurriendo hoy.
"Hay que tener en cuenta que llueve día por medio. Las precipitaciones caen en poco tiempo, inundan todo y, en ocasiones, vienen acompañadas de granizo. Eso es muy poco común para esta época del año", señala.
Aunque a la fecha no existen cifras oficiales consolidadas sobre los daños, los expertos coinciden en que los problemas se extienden desde el sur de la Región Metropolitana hasta Ñuble, y que los mayores perjuicios se concentran en las regiones de O'Higgins y del Maule.
Según los expertos, los mayores daños en los campos se deben a las intensas granizadas ocurridas en distintos puntos de la zona central. Estas han afectado infraestructura, como invernaderos y coberturas plásticas, y también han comprometido el potencial productivo de distintas especies.
"Al principio, el granizo afectó las floraciones tempranas que ya tenían fruto, pero los últimos eventos están dañando todo, incluidos los nogales y la uva de mesa. Nada se está salvando", sostiene Juan Pablo Subercaseaux, profesor de la Facultad de Agronomía de la Universidad Católica y productor de cerezas.
El problema, explica el académico, es que una granizada puede dañar hasta el 50% de la fruta y comprometer la viabilidad de todo el proyecto. La fruta que quede en condiciones aceptables podría no ser suficiente para cubrir los elevados costos de cosecha y exportación.
Para Víctor Catán, lo más complejo del granizo es que sus efectos no son uniformes: suele concentrarse en lugares específicos.
"Hay campos que tienen mucho daño, pero hay otros a un kilómetro de distancia en los que no pasa nada. De hecho, estábamos más acostumbrados al granizo en lugares ubicados más al oriente, en los faldeos cordilleranos. Sin embargo, en esta ocasión hemos tenido granizadas en zonas como Peumo, lo que es muy atípico", explica.
Pero el granizo no ha sido el único problema: las lluvias también han afectado.
"La polinización se está viendo muy afectada porque no hemos tenido un clima adecuado para el vuelo de las abejas. Por lo mismo, no alcanzaremos el potencial productivo que esperábamos según el pronóstico de cosecha de invierno", indica Catán.
A esto se suman las dificultades que cientos de productores han enfrentado para realizar aplicaciones fitosanitarias y nutricionales en los huertos debido a las lluvias persistentes. Esto podría agravar los problemas de poscosecha y elevar considerablemente los costos. Sólo en aplicaciones, estos han subido entre 20% y 30% en promedio. Si a ello se agregan las alzas de los fertilizantes y los combustibles, se configura una tormenta perfecta para los productores.
Cerezas, las más afectadas
Aunque casi todos los cultivos se han visto afectados de una u otra forma por la contingencia climática, los frutales son los que más han sufrido. Dentro de ese grupo, las cerezas son las más perjudicadas, especialmente aquellas que se encontraban en un estado de desarrollo más avanzado, como la cuaja.
"He hablado con productores que tienen enormes daños. Uno de Molina, por ejemplo, daba el año por perdido", comenta Víctor Catán.
Por su parte, Antonio Walker, presidente de la SNA, señala que las condiciones climáticas están provocando una incidencia de pasma muy superior a la normal durante esta temporada, especialmente en las variedades santina y lapins sobre portainjertos colt.
"También hay una importante merma productiva en variedades como regina y kordia", afirma.
Aunque aún es pronto para entregar cifras definitivas, los expertos tienen claro que los volúmenes de cerezas serán considerablemente más bajos que los proyectados inicialmente para esta temporada.
"A estas alturas sé con certeza que los 140 millones de cajas de cerezas que se estimaban en invierno para esta temporada no se alcanzarán. Será un número considerablemente menor", asegura Antonio Walker.
Víctor Catán, por su parte, estima, a partir de la información disponible, que la producción de cerezas de esta temporada rondará los 100 millones de cajas.
"Eso, en la medida que deje de llover, algo muy difícil de prever", señala.
Para Juan Pablo Subercaseaux, si la producción cae por debajo de los 100 millones de cajas, podría haber una compensación vía precios, algo que a estas alturas sería positivo.
"Si hubiera sido un año normal y con una producción de 140 millones de cajas, el tema habría reventado por precios. Es una por otra", sostiene.
El problema, advierten los expertos, es que se acerca la etapa más delicada para las cerezas: cuando comienzan a tomar color y a acumular azúcar, quedan especialmente expuestas a las partiduras.
"Y, considerando que los pronósticos indican que seguirá lloviendo, lo que viene será muy duro", agrega Walker.
Ante esta situación y la imposibilidad de establecer una proyección certera, los expertos señalan que lo mejor será realizar recuentos y estimaciones periódicas. De todos modos, esto dificultará la planificación logística, que incluye el procesamiento y el transporte terrestre, aéreo o marítimo.
Más allá de los volúmenes de producción, los expertos advierten que será fundamental embalar sólo la fruta que cumpla con los estándares de calidad y sanidad exigidos por el mercado. También será necesario descartar aquella que presente microfisuras, pues estas pueden convertirse en vías de entrada para patógenos.
"Los productores deben ser responsables a la hora de embalar fruta. Ellos son el primer filtro en esto", dice Víctor Catán.
Otros cultivos afectados
Los eventos climáticos de esta primavera también han generado problemas en las pomáceas. En muchos casos, el granizo deja la fruta inutilizable para la exportación.
El control fitosanitario también se ha complicado debido al estado de los suelos en muchos huertos, que están anegados o cubiertos de barro.
"En muchos casos, las máquinas no pueden entrar a los huertos debido a las condiciones del terreno. De hecho, muchos productores están usando drones", comenta Catán.
Las manzanas, además, son susceptibles a la venturia, una enfermedad causada por hongos que requiere aplicaciones periódicas.
"Además, hay que alternar los productos para evitar generar resistencia", complementa Juan Pablo Subercaseaux.
Los daños también se han registrado en otros frutales, como nectarines, ciruelas e incluso kiwis, aunque en estos casos serían puntuales y acotados.
También se han observado daños en cultivos tradicionales.
"El maíz, por ejemplo, se ve muy complicado, ya que deberá sembrarse en suelos muy pesados y saturados. Por lo mismo, ha debido retrasarse la siembra, lo que acorta el período de desarrollo y afecta los rendimientos", explica Antonio Walker.
Según Cristian Muñoz, presidente de Hortach, las hortalizas también han sido afectadas por el granizo, aunque en sectores acotados.
"No hay cifras, pero hay productores que han perdido cultivos de hoja completos, como repollos, espinacas y brócoli, entre otros", dice.
Algo similar ha ocurrido con las zanahorias, que en algunas zonas se han perdido por completo. Esto ha obligado a muchas empresas comercializadoras a comprar en Argentina.
Álvaro Reyes, quien forma parte de una cooperativa de agricultores que produce hortalizas para la agroindustria y el mercado fresco, comenta que actualmente hay muchos problemas con especies como el ajo, que no se ha podido cosechar debido al exceso de agua en los campos.
Sin embargo, reconoce que lo más preocupante es que el mal tiempo ha impedido preparar adecuadamente los suelos, lo que está retrasando todo el proceso productivo.
"Las siembras directas de cebolla, por ejemplo, no se han podido realizar, y las que se hicieron en suelos compactados han tenido una emergencia deficiente. Los almácigos tampoco se han podido trasplantar", indica.
Según Reyes, cerca del 25% de los almácigos ya no podrá establecerse porque habrá pasado la fecha adecuada.
"Lo que se ha podido producir también presenta muchos problemas. En betarragas, los rendimientos han bajado y, en algunos lugares, las plantas no crecieron debido a la saturación de agua", agrega.
Para Juan Pablo Subercaseaux, esta situación retrasará la caída de precios que los consumidores suelen ver en verano -noviembre, diciembre y enero-, debido a una oferta más limitada.
"Esto ocurrirá hasta que se sequen los campos y los agricultores puedan trasplantar los almácigos. Mientras tanto, se seguirá produciendo en invernaderos en la zona norte", afirma.
Afortunadamente, dice Cristian Muñoz, las hortalizas son cultivos dinámicos. Si el clima mejora, los productores podrán retomar la actividad y obtener nuevas cosechas en algunos meses.
De todas maneras, Cristian Muñoz sostiene que el problema va más allá de las pérdidas puntuales y se relaciona con el deterioro de la calidad de poscosecha que las hortalizas vienen mostrando a causa del cambio climático.
"Estas lluvias acompañadas de calor hacen que, por ejemplo, las lechugas se oxiden muy rápido. Lo mismo ocurre con otras especies", dice.
Ángel Reyes, quien también produce semillas, comenta que el rubro enfrenta problemas puntuales. Afortunadamente, dice, por estos días sólo se están cosechando semillas de algunas especies, como cebollín y brásicas.
Sin embargo, si las lluvias continúan hasta diciembre o enero, el escenario podría cambiar radicalmente y afectar a especies como lechugas, pepinos, sandías y canola.
"Si esto continúa, podría haber desabastecimiento en los próximos años", sostiene.
Los peligros que vienen
Lo más preocupante de los millonarios daños provocados por la contingencia climática es que nadie puede asegurar que hayan terminado.
De hecho, las proyecciones indican que las precipitaciones, las tormentas y el granizo podrían extenderse durante las próximas semanas y meses, lo que supondría un escenario muy complejo para distintos rubros agrícolas.
Uno de los temores de los expertos es que, ante los daños provocados por las lluvias y el granizo, algunos productores desistan de cosechar y reduzcan al mínimo las labores en los huertos. Esto podría facilitar la aparición de plagas de alto impacto, como la Drosophila suzukii.
Aunque Víctor Catán reconoce que esa posibilidad existe, confía en que los productores seguirán adelante, pues saben que la fruticultura es un negocio de largo plazo y que una sola temporada no determina su futuro.
"No tengo dudas de que los productores harán lo que tengan que hacer y se pondrán a trabajar para que el próximo año sea mejor", señala.
Juan Pablo Subercaseaux, por su parte, considera algo ingenuo pensar que los productores más afectados, que dan casi por perdida la temporada, cumplirán "mateamente" con todas las aplicaciones para controlar plagas como la Drosophila suzukii o la escama de San José.
"Seguramente optarán por dejar la fruta en los árboles, debido a que el costo de sacarla será muy alto. De ellos, los más cuidadosos aplicarán productos contra la Drosophila. Los que no lo son probablemente no lo harán y tendremos focos de esta plaga", sostiene.
Víctor Catán comenta que otro peligro para las próximas semanas podría estar relacionado con los deshielos. A medida que aumenten las temperaturas, podrían producirse problemas en las tomas de los canales y dificultades para los riegos estivales.
"Por lo tanto, será fundamental trabajar para proteger las tomas de los canales", afirma.