Martes, 03 de Noviembre de 2026

El descontento

ColombiaEl Tiempo, Colombia 2 de noviembre de 2026

En España todo comenzó como respuesta al desalojo de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que había vivido los últimos 71 en el mismo domicilio, expulsada de su vivienda por una firma de inversión

En España todo comenzó como respuesta al desalojo de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que había vivido los últimos 71 en el mismo domicilio, expulsada de su vivienda por una firma de inversión. Y es que si hace cuarenta años los fondos privados administraban cerca de un billón de dólares en servicios públicos como vivienda, agua, electricidad, transporte, entre otros, hoy manejan más de cien billones que se extienden a más áreas, dejando que el costo comercial de bienes de interés general se priorice por encima de la capacidad de pago de los ciudadanos. La indignación de los jóvenes se manifestó en un estallido social. Como expresión de su descontento, completan ya 36 días acampando en la plaza del Sol, una de las más emblemáticas de la capital española. Sobra decir, razones para la indignación no faltan. Si bien la vivienda ha sido un activo financiero desde hace décadas, en los últimos años el equilibrio se rompió del todo. Por efecto de esta mercantilización extrema de un activo que, en principio, es un derecho fundamental, cada vez más personas no ven posible no solo no comprar un apartamento, sino alquilarlo, y ya ni eso. El deseo mutó en alquilar una habitación, algo que, para muchos hoy en día, incluso estando empleados, es imposible. Y es que España es de los países con los salarios más bajos de la Unión Europea, y donde el costo de vida no para de aumentar. Con Madrid como estandarte del buen vivir, la migración sostenida de europeos del norte con capacidades adquisitivas superiores a la de los locales ha alcanzado niveles más altos ahora que a estos hay que sumar la llegada de estadounidenses y latinoamericanos ricos. Frente a la realidad, de poco sirve que España tenga consagrada la vivienda como un bien constitucional. En la práctica, este derecho no está garantizado. Es así como el estallido vino a expandirse por otras ciudades españolas. También en París, seguida por decenas de poblaciones francesas, donde la protesta tomó inicialmente la cara de la crisis educativa y derivó en choques brutales y saqueos. La lista continúa e incluye a Italia, Holanda, Portugal, Alemania o Albania. Ese descontento materializa un estado de bienestar que atraviesa una crisis como no se había visto desde la constitución de la Unión Europea. Es la trumpización del mundo, la neurosis del capital por encima de todos los valores y derechos. De este neoliberalismo desalmado son víctimas también los jóvenes que solo consiguen trabajos temporales en los que la paga es equivalente a un mes de arriendo. Tantas protestas deberían ser un llamado para que el Estado entienda su rol en la regulación de los costos de los bienes públicos, porque vivir no puede costar más de lo que ganan las personas. De lo contrario, la existencia perderá sentido frente a un modelo que, al negarle a la gente el derecho a una vida digna, está dejando en evidencia su fracaso. La gran contradicción es que las manifestaciones y la tensión social impulsan a la extrema derecha, que gana cada vez más terreno en el Viejo Continente. En España es prácticamente imposible que Pedro Sánchez siga en el poder, y menos después del accidente ferroviario de hace unos días. En Francia, Marine Le Pen se proyecta ganadora, y Alemania va por el mismo camino. Como dijo el esposo de una de las víctimas del accidente de trenes en España, donde van 69 muertos al día de hoy: "Estos muertos son los muertos de toda la sociedad, del tipo de sociedad en la que estamos viviendo todos. La peor época del capitalismo con prisas, de querer el mayor rendimiento en menos tiempo; donde antes trabajaban tres personas, ahora las empresas quieren que el mismo trabajo lo haga una sola persona. Tenemos que rebelarnos como sociedad, para Carmen era su último día de trabajo. No para de llorar hace dos días".
Tantas protestas deberían

ser un llamado para que el Estado entienda su rol en la regulación de los costos

de los bienes públicos.
LA INDIGNACIÓN DE LOS JÓVENES
Melba Escobar
@melbaes
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