Más personas se sienten solas en el país y disminuyen las amistades cercanas
La sensación de estar solo alcanza al 59% de las personas de entre 18 y 34 años y al 47% de los mayores de 65. Mientras en estos últimos pesa la pérdida de redes, entre los más jóvenes preocupa la calidad de los vínculos, según lo expertos, quienes advierten sobre sus posibles consecuencias para la salud.
La soledad parece estar convirtiéndose en una experiencia cada vez más habitual en Chile, en donde más de la mitad de la población reconoce haberse sentido sola de forma reciente. El dato pertenece a la Encuesta Nacional Bicentenario UC 2026 y da cuenta de un fenómeno que preocupa a los expertos, especialmente por su presencia entre los jóvenes y los adultos mayores, y por sus posibles consecuencias para la salud de la población.
Según el sondeo, que desde hace dos décadas retrata los cambios sociales del país, el 52% de los consultados reconoce haberse sentido solo algunas veces, la mayor parte del tiempo o siempre durante la última semana. La cifra representa un aumento respecto de 2023, cuando alcanzaba un 43%.
La encuesta se realizó mediante entrevistas personales a 1.594 personas de todo el país, entre julio y septiembre. Los resultados también muestran que el 17% de los encuestados dice no tener amigos, un porcentaje superior al 12% del año pasado.
Respecto a la sensación de soledad, entre los jóvenes de 18 a 34 años el 59% declara haberla sentido. En tanto, entre los mayores de 65 años, llega a un 47%. Aunque las causas y características son distintas, ambos grupos aparecen especialmente expuestos.
"Esta encuesta viene a consolidar algo que veníamos observando hace algunos años: el tema de la soledad es cada vez más relevante para la sociedad chilena y, al parecer, llegó para quedarse, lo que debiese preocuparnos", advierte Héctor Carvacho, psicólogo, director alterno de Mide UC y miembro del comité editorial del estudio.
De hecho, comenta, es un fenómeno global, como lo ha advertido la OMS, que ya se está considerando como un problema de salud pública.
"La soledad tiene distintas manifestaciones según la etapa de la vida. Los jóvenes son quienes reportan mayores sentimientos de soledad, lo que podría relacionarse con el creciente predominio de vínculos mediados por la tecnología, que muchas veces reemplazan parte de las relaciones presenciales. Estas interacciones suelen ser más parciales", comenta Mariane Krause, prorrectora de la U. Católica.
En los adultos mayores, agrega, se observa un fenómeno diferente, asociado al debilitamiento o la pérdida de los vínculos familiares y sociales. "A diferencia de los jóvenes, no se trata tanto de relaciones presenciales reemplazadas por otras formas de interacción, sino de vínculos que han desaparecido o se han deteriorado con el tiempo".
La encuesta también muestra señales de una reducción de los círculos de amistad. Un 17% declara no tener amigos cercanos, mientras que solo un 3% dice contar con más de diez. Y aunque el 82% está satisfecho con la cantidad de amistades que tiene, solo 2 de cada tres (66%) afirman tener un amigo con quien conversar sobre asuntos íntimos y personales.
Para Patricia Flores, jefa de la Unidad de Neuropsicología de Clínica Alemana, estos resultados reflejan una paradoja de la época: "Estamos hiperconectados, pero con poca intimidad real. Hay mucho contacto virtual, pero pocos vínculos significativos".
La especialista apunta a que si bien la comunicación digital tiene sus beneficios, no reemplaza el encuentro presencial. En la encuesta, mientras un 69% dice contactar diaria o semanalmente a sus mejores amigos por teléfono o redes sociales, solo un tercio (31%) se reúne con ellos con esa frecuencia. "El vínculo humano es algo irreemplazable", sostiene.
Perder espacios
A esto se suman transformaciones sociales que han reducido las oportunidades de encuentro. Carvacho menciona los temores asociados a la seguridad, que "han llevado a niños y jóvenes a perder los espacios de juego y convivencia a nivel del barrio que tenían generaciones anteriores". También advierte que la tecnología, "al facilitar muchas actividades sin necesidad de interactuar con otros, puede terminar debilitando las experiencias cotidianas de socialización".
Según los expertos, la disminución de experiencias presenciales que permiten desarrollar confianza y habilidades de comunicación es un tema relevante que debe ser considerado.
En el caso de los adultos mayores, Juan Carlos Molina, geriatra y director del Centro Transdisciplinar en Longevidad Funcional Vitalia Finis, agrega otros factores: la pérdida de roles sociales, el edadismo y la falta de espacios de inclusión. En esta población "el miedo a salir a la calle y la pérdida de vínculos laborales y familiares pueden profundizar el aislamiento".
En cualquier caso, las consecuencias van más allá del malestar emocional. Carvacho advierte que "la soledad es un importante predictor de depresión y se relaciona también con el abuso de sustancias, el alcoholismo y el suicidio. Asimismo, se asocia a mayores riesgos cardiovasculares y estrés, además de afectar la productividad y la participación social".
Frente a este escenario, los especialistas coinciden en que recuperar los espacios de encuentro resulta fundamental, aunque las estrategias deben considerar las distintas necesidades. Para las personas mayores, Carvacho plantea iniciativas de acompañamiento y voluntariado intergeneracional, como jóvenes que acompañen a adultos mayores al médico o personas mayores que apoyen a niños en sus estudios.
Entre los jóvenes, propone una tarea más colectiva: promover que quienes observan a alguien aislado se acerquen, lo integren y le hagan sentir que es bienvenido. Molina, por su parte, llama a "recuperar espacios públicos y ciudades más amigables y seguras, donde sea posible encontrarse y construir relaciones".