John Malkovich y Sam Rockwell son dos agentes de la CIA en tiempos en que se prepara el Golpe de Estado en Chile en la nueva película de Martin McDonagh, el de "Los espíritus de la isla" y "Tres carteles para un crimen"
La premisa parece tan disparatada como todas las películas de
Martin McDonagh. En
Caballo salvaje nueve, dos agentes de la CIA hacen una pausa en su tarea de derrocar al gobierno de Salvador Allende en Santiago de Chile y se van a pasar una semana a la Isla de Pascua.
Ya con eso alcanza para localizar algunos de los tropos habituales en McDonagh, incluyendo un bromance paternofilial entre un veterano y un muchacho, un ambiente aislado, un tono de comedia melancólica y machista, y diálogos afiatadísimos. Con eso y la presencia de
John Malkovich y
Sam Rockwell, volvió a colocarlo entre las películas mencionadas hacia el Oscar.
No es un status nuevo para McDonagh, que tuvo nominadas al Oscar sus dos últimas películas
, Tres carteles para un crimen y
Los espíritus de la isla, además de haber sido candidato por el guion de Perdidos en Brujas. Antes había ganado un Oscar por el cortometraje Six Shooter, en 2006.
Esta vez,
Caballo salvaje nueve (que es como una relectura de Perdidos en Brujas) está incluida en las predicciones en las categorías de mejor película, actor (Malkovich, que está formidable), guion original y casting. Falta mucho todavía.
Dos sicarios en una isla, la muerte rondándolos: ese es uno de los temas habituales de McDonagh, que aquí le agrega el contexto político de un inminente golpe de Estado contra Allende. Son agentes de la CIA interpretados por Rockwell, un parroquiano de la casa McDonagh, y Malkovich, un recién llegado que acá es Chris Carlisle, un veterano agente, con participación en algún que otro caso sonado, que está en Chile preparando el terreno para el golpe de Estado.
Rockwell es Chesterfield, que anda por ahí por lo mismo y acompaña con cariño a Carlisle, enfermo terminal de cáncer y que empieza a tener lagunas mentales. Su vínculo es cariñoso pero siente la presión de MJ (Steve Buscemi), el celoso jefe de la CIA para América del Sur, preocupado porque, aunque está perdiendo la memoria, Carlisle está escribiendo sus memorias y eso incluye contar detalles de las intervenciones de la agencia en golpes de Estado en todo el mundo y principalmente, en el magnicidio de John Fitzgerald Kennedy.
El vínculo entre los dos hombres es el centro emocional de la película. McDonagh vuelve a interesarse por esa camaradería masculina que atraviesa buena parte de su cine, con personajes que encuentran en sus códigos personales una forma de relacionarse con el mundo, aunque esos códigos no siempre sean fáciles de entender desde afuera.
En el elenco también anda
Tom Waits (en una aparición fugaz), y la chilena Mariana Di Girolamo y la argentina Ailín Salas como dos jóvenes izquierdistas y Parker Posey como la señora Chesterfield. Los personajes femeninos son apenas esbozados.
Como es costumbre, aquí están los diálogos afilados, afinadísimos, ese dejo siempre melancólico de su cine y el hecho de que sus personajes se manejen con un código personal, a veces incomprensible para los que los miran desde afuera. Rockwell y Malkovich son los encargados de poner en marcha ese mecanismo. Se lanzan puyas con alevosía y construyen una relación que oscila entre el afecto, la irritación y una complicidad que parece sobrevivir incluso a las circunstancias más absurdas. Malkovich, en su mejor papel en años, encuentra en ese personaje una mezcla de vulnerabilidad, arrogancia y desconcierto que le va muy bien.
McDonagh fue una de las estrellas de la dramaturgia británica de la década de 1990. Su trilogía de las Islas Aran (de la cual Los espíritus de la isla fue una suerte de spin-off cinematográfico y de la que en Uruguay el año pasado se vio
La reina de la belleza de Leenane en versión de Santiago Sanguinetti en El Galpón) lo convirtió en una celebridad.
En su obra como dramaturgo ya estaban el humor oscuro, la camaradería masculina y la violencia que pueblan parte de su cine.
Caballo salvaje nueve es su quinta película como director; además de las que lo nominaron al Oscar, hay que agregar a su filmografía Siete psicópatas, pintoresca pero fallida.
La nueva película que empieza con "Gracias a la vida" e incluye una presentación en vivo ficcionalizada de Víctor Jara, además de imágenes de archivo es una crítica a la política exterior de Estados Unidos en las décadas de 1960 y 1970. Sin embargo, McDonagh no parece demasiado interesado en profundizar en las implicancias de ese material.
Lo utiliza como telón de fondo pero al mismo tiempo, puede ser una complicación para generar empatía con unos personajes que cuentan con naturalidad los gobiernos que derrocaron y las muescas de su carabina.
La Isla de Pascua da un escenario mágico en una película que hasta se atreve a jugar a ser un western y que tiene su mejor argumento en sus actores y sus diálogos. Una marca de la casa.