Sábado, 07 de Noviembre de 2026

León XIV bendijo al Perú ?a 30.000 pies de altura

PerúEl Comercio, Perú 7 de noviembre de 2026

1

Una hora después del despegue, con Roma ya atrás de él y América del Sur todavía al otro lado del océano, León XIV pidió un micrófono. Solicitó conectarlo al audio de la cabina del avión y habló a los 83 periodistas que lo acompañaban. El Papa agradeció el trabajo de la prensa y destacó la importancia del periodismo. También agradeció a sus médicos y dijo que estaba ?in good shape?; es decir, en muy buena forma. Así, el representante de Dios en la Tierra empezaba su primer vuelo de la gira por tres países de América Latina. ?El Perú es como uno de mis hogares?, dijo también durante el vuelo. El pontífice aseguró que espera con mucha ilusión reencontrarse con los peruanos durante su próxima visita al país, donde fue misionero y forjó un profundo vínculo.Después vino el saludo personal, una costumbre papal muy arraigada en los vuelos largos. León XIV recorrió las filas de la parte posterior del avión y se detuvo ante cada uno de los 83 periodistas. Permaneció de pie cerca de una hora y media: escuchó historias, recibió obsequios y atendió pedidos.Antes del viaje, durante el vuelo de Madrid a Roma, un sacerdote español que trabaja en el Vaticano nos había descrito al Pontífice como un hombre parco, que habla poco, pero sabe escuchar. Horas después, en el pasillo del avión, esa cualidad se hizo evidente en la atención que dedicaba a cada interlocutor.El avión estaba dividido en tres zonas: adelante viajaba el Papa; en el medio, sus colaboradores y el personal de seguridad; atrás, los periodistas. Tras el saludo, León XIV avanzó por una hilera, dio la vuelta en ?U? junto al área de servicio y regresó por la otra. Entonces, llegó el turno de El Comercio.Este Diario le entregó fotografías inéditas, obtenidas por el equipo de redacción, de los primeros monaguillos que acompañaron al entonces sacerdote Robert Prevost en Chulucanas, en 1985, durante su primer destino pastoral en el Perú. También recibió el reportaje publicado el 25 de octubre, dedicado a aquellos niños, que con el paso de los años se convirtieron en amigos cercanos del hoy pontífice. Las imágenes resumían el comienzo de una relación que, décadas después, desembocaría en el papado.El Comercio también le hizo llegar un encargo especial de fieles peruanos: una caja con rosarios, estampitas, imágenes religiosas y fotografías. Todos estos objetos llegaron al avión acompañados de una petición: recibir una bendición. Y León XIV los bendijo. Finalmente, un King Kong con manjar lambayecano, enviado por fieles chiclayanos, le arrancó una sonrisa al Papa y a su séquito. El dulce llevaba el sabor de una tierra que aguarda su regreso.En ese momento, León XIV recibió quizá el pedido más importante a bordo: bendecir a todos los peruanos. El pontífice no dudó: cerró los ojos y, frente a las cámaras, impartió su bendición al Perú a 30.000 pies de altura.El Papa, entre lo poco que decía, comentó que extraña de América Latina el fervor, la expresión de la fe y la forma de vivir como cristianos.?El viaje?Cuando el pontífice se retiró a descansar, la cabina posterior cambió de ritmo. El avión se convirtió en una sala de redacción: 83 periodistas abrieron computadoras, encendieron grabadoras, revisaron imágenes, grabaron videos, escribieron crónicas, produjeron pódcasts, entrevistaron a colegas y enviaron despachos listos para publicarse apenas aterrizara. Los asientos eran puestos de trabajo suspendidos sobre el océano.La escena tenía una ironía contemporánea. Días antes, León XIV había criticado en redes sociales el uso de la inteligencia artificial y defendido la importancia del contenido humano. En el avión, su primer gesto hacia los comunicadores fue agradecer el trabajo periodístico. Hay experiencias que no pueden sustituirse con una respuesta automática: escuchar una voz, registrar un gesto y contar lo ocurrido desde la propia presencia.El resto del vuelo de León XIV transcurrió en privacidad. Según comentaba el personal de cabina, el Papa no habría solicitado nada extraordinario: necesitaba concentrarse y descansar. El hombre que representa a millones de católicos se comportó como un pasajero más que necesitaba recuperar fuerzas antes de seguir viaje.?El aterrizaje?La llegada a Montevideo no significó una pausa. La agenda incluyó una cadena de encuentros diplomáticos, reuniones con autoridades y representantes de la sociedad civil, además de actividades pastorales, como si no hubiera realizado un vuelo de 14 horas, dos de ellas dedicadas a recorrer los pasillos del avión.La travesía empezó con un agradecimiento a la prensa y una frase sobre su buena forma física. En Uruguay, el Papa parecía dispuesto a emplear esa energía en acercarse a los demás. Lo que había mostrado durante el vuelo, a treinta mil pies de altura, volvió a repetirse ante los fieles: escuchar, sonreír y detenerse ante cada persona.
El vuelo entre Roma y Montevideo abarcó 11.123 kilómetros y tuvo una duración de 14 horas y 25 minutos. La gira incluye Uruguay, Argentina y el Perú hasta el 17 de noviembre.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela