Domingo, 08 de Noviembre de 2026

‘Fui a la pelota, juez...’

ColombiaEl Tiempo, Colombia 8 de noviembre de 2026

Se considera a 1848 como fecha "oficial" de nacimiento del fútbol, por ser la de la creación del Código de Cambridge

Se considera a 1848 como fecha "oficial" de nacimiento del fútbol, por ser la de la creación del Código de Cambridge. Se jugaba desde antes, pero anárquicamente y con normas muy diversas. Ahí empezó todo. Pasaron 178 años. En ese lapso no se conocía que un futbolista profesional muriera por acción directa de otro. Y se jugaron millones de partidos. Hubo, sí, tres casos fortuitos: David Arellano (chileno, 1927), John Thomson (escocés, 1931) y José Antonio Gallardo (español, 1987), muertos por choques casuales, infortunados, no deliberados, incluso sin demasiada rudeza. La brevísima lista se engrosó dramáticamente este lunes 2 de noviembre con la muerte de Jesús de Miguel, delantero del CD Tenerife, tras recibir un topetazo bestial del arquero Jesús Owono, del FC Andorra, de la Segunda División de España. Ya terminaba el partido, iban 98 minutos. Los futbolistas en el campo se tomaban la cabeza, los narradores radiales en el estadio gritaban: "¡Nunca vimos nada igual en el fútbol, lo ha ido a cazar!". Un frío polar envolvió a los televidentes. El planeta fútbol quedó conmocionado. ¿Quién había visto algo similar? Jesús de Miguel se fue de este mundo sin saber qué le pasó. Había picado a buscar un pase en profundidad, iba mirando hacia arriba, pues la bola llegaba alta, cuando de pronto sintió un golpe escalofriante en su pecho y su rostro. Owono, intuyendo la jugada, salió catapultado al encuentro —casi en la media cancha— a toda velocidad. Al llegar a De Miguel saltó y lo embistió con su rodilla con tal violencia que él mismo voló por los aires y cayó a un par de metros. El árbitro Manuel Pérez Hernández vio todo perfecto y no dudó medio segundo: mientras corría hacia De Miguel, caído, le mostró la tarjeta roja a Owono, quien sin chistar se dio media vuelta y se fue, consciente de haber cometido una falta brutal. Luego, ante la conmoción general, volvió y se acercó al cuerpo yacente del infortunado atacante tinerfeño. Cantidades de notas de prensa informaron: "De Miguel murió tras chocar con el arquero Owono". Quede claro: De Miguel no chocó a nadie, lo chocaron. Ni vio a Owono. Este sí lo entrevió, de frente, lo midió, fue al galope y con la rodilla en alto. Todos los que vemos fútbol y alguna vez lo practicamos quedamos congelados con esas imágenes. Vale puntualizar que el arquero tiene ciertas prerrogativas en el área para protegerse de las cargas rivales. Puede levantar las piernas. Aunque también eso tiene límites. Pero esas prerrogativas terminan al salir del área. Esto fue en el medio del campo, ahí ya es un jugador más. Es cierto que el portero pretende rechazar para evitar un gol y en ese sector no puede usar las manos, pero pudo haber puesto el cuerpo o ido de costado. Cuando dos jugadores vienen lanzados frontalmente, uno no puede saltar e ir con la rodilla a la altura del pecho del otro. Debe saber que lo dañará gravemente. Owono tiene 25 años, es un atleta fornido, en plenitud física, a toda carrera es como toparse con un jabalí. "Seguro no tuvo la intención de matarlo, pero cuando se sale con tanto ímpetu y fuerza desmedida, la muerte es una posibilidad. Otra es causar lesiones serias", reflexiona Ricardo Rozo, analista colombiano. Desde luego. No ha querido generar semejante daño y ahora deberá afrontar el repudio de millones. No obstante, su salida fue temeraria, salvaje, indefendible. No juzgamos su actitud, describimos su acción. Debe decirse, sí, que el partido estaba picante y Owono se mostraba excitado, participando en algunas broncas previas. No cabe la vieja coartada de "fui a la pelota, juez". Ni siquiera el pretexto de "llegó primero al balón". No fue el caso. También se esgrimirá el consabido —y estulto— "el fútbol es un deporte de contacto". "Una persona causó la muerte de otra sin intención de hacerlo. Pero el hecho es que, aun sin intención, mató por imprudencia, por uso excesivo de la fuerza y por actuar irresponsablemente —dice el columnista ecuatoriano Ricardo Vasconcellos Figueroa, de Primicias.ec—. Si esta situación ocurría fuera del estadio, quien causó esa muerte, aun sin mala fe, estaría detenido para ser investigado. Pero como sucedió en una cancha se han buscado los argumentos para reducir la responsabilidad de quien golpeó violentamente, hasta dejar la tragedia categorizada como ‘cosas del fútbol’ o ‘así es el fútbol’ ". La agremiación de futbolistas de cada país se ocupa básicamente de reclamar sueldos atrasados, de defender jugadores que han violado contratos, del exceso de partidos que "soportan" sus afiliados. Jamás se pronuncia para condenar brusquedades o agresiones. Tampoco el periodismo contribuye. Cuando un jugador es expulsado, por lo general se duda de la medida del juez: "¿Era para roja?". Hasta este 2 de noviembre el golero alemán Harald Schumacher era el autor de la peor entrada conocida en este deporte en disputa de balón, cuando casi mató al francés Patrick Battiston en el Mundial 82. Quizás nunca un futbolista había estado tan cerca de morir en un campo de juego a causa de una falta rival. Owono lo superó. Battiston, inocente como un colegial, igual que De Miguel, picó por el centro a buscar una bola puesta al vacío por Platini, entrevió la posibilidad del gol, iba embalado y no miró otra cosa que el esférico, midiendo dónde caería. Llegó un segundo antes que la salida del arquero, un sujeto hosco y superentrenado de 80 kilos. Quedó la impresión de que Schumacher ni pensó en cuidar su arco, fue directo a tumbarlo. Lo esperó, se afirmó bien y lo impactó dándole con su codo en el cuello y con la cadera en el pecho. Ni le importó la pelota, que siguió de largo. Fue aterrador. Battiston cayó desplomado y ahí quedó. Se lo llevaron del césped al hospital, inconsciente y con riesgo de vida: conmoción cerebral, lesiones cervicales, fractura de costillas, dos dientes menos y escoriaciones varias. Platini, declaró luego, creyó que Battiston estaba muerto, "porque no tenía pulso y se veía pálido". El holandés Charles Corver, quien dirigía esa semifinal en Sevilla, no expulsó a Schumacher, ni siquiera marcó infracción. Cínico, Schumacher tomó la pelota y se dispuso a hacer el saque de arco mientras los médicos se abalanzaban sobre Battiston. Empataron 3 a 3, fueron a penales, Schumacher tapó dos y Alemania pasó a la final. De haber habido VAR (o un mínimo de criterio), era penal y expulsión, y casi con seguridad Francia iba al partido decisivo con Italia. Hasta podía ser campeón. Una encuesta de un periódico francés preguntó cierta vez quién era el hombre más odiado en Francia. Schumacher quedó primero; Adolf Hitler, segundo. En la final del Mundial 2014, Manuel Neuer golpeó muy mal a Higuaín: salió a tapar una pelota en lo alto y rechazó con los puños, pero también le dio un terrible rodillazo en la nuca al delantero. "Llegó primero a la pelota", se adujo. Llegar primero a la pelota no convierte automáticamente en legal todo lo que viene después. Era penal y amarilla para Neuer, el juez italiano Nicola Rizzoli cobró falta de Higuaín. El fútbol en su totalidad, ingenuamente, les fue dando a los arqueros esta potestad de salir a romper con todo. "El área es del arquero" es una de las tantas frases nocivas que les fueron dando carta blanca para perpetrar salidas espeluznantes. La Fifa es la culpable principal, nunca hizo nada para evitar los excesos de los guardametas. Sí se ocupó con urgencia de introducir la "ley Prestianni", por la cual nadie puede dirigirse a un rival tapándose la boca. Y otras nimiedades por el estilo. Desde aquí te lloramos, Jesús de Miguel. Descansa en paz.
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