Domingo, 23 de Septiembre de 2018

Mar de oportunidades: de la comida a la salud, los nuevos usos de las algas

ArgentinaLa Nación, Argentina 23 de septiembre de 2018

El mundo contemporáneo tiene una paradoja: el avance tecnológico permite descubrir grandes disrupciones en elementos que están desde hace miles de años en la naturaleza

El mundo contemporáneo tiene una paradoja: el avance tecnológico permite descubrir grandes disrupciones en elementos que están desde hace miles de años en la naturaleza. Eso es lo que sucedió con las algas, entre las primeras pobladoras de la Tierra, que ahora son objeto fetiche de chefs con estrellas Michelin y de compañías cosméticas globales. En la Argentina, aunque en general están en fase experimental, tienen un abanico de usos que van desde el biodiésel hasta los vasos biodegradables.
A 180 kilómetros de Comodoro Rivadavia hay un pueblo privado casi desierto. Se llama Bahía Bustamante y está dedicado al turismo y a la recolección de algas. Desde octubre hasta marzo, el espacio permanece abierto para los visitantes y para cosechar.
El poblado nació cuando un inmigrante español, Lorenzo Soriano, llegó a la costa chubutense para extraer algas con fines cosméticos. Compró 44.000 hectáreas que hoy son manejadas por su nieto, Matías. La mayor parte de la producción de algas del pueblo se exporta.
Desde Bahía Bustamante llegan las algas que utiliza la compañía ArgenVita, fundada en Mar del Plata hace dos años. Comercializa algas disecadas y cremas y jabones hechos con el organismo acuático. Entre sus clientes hay mayoría de vegetarianos y veganos, explica Mariela Di Gerónimo, una de las creadoras de la empresa.
"Es un alimento con muchas proteínas, vitaminas, calcio y hierro. En Oriente se consume muchísimo y en Europa está de moda en la alta cocina con platos que van más allá del sushi, en ensaladas y sopas", explica. En España, por ejemplo, el chef Ángel León, dueño del restaurante gaditano Aponiente, que recibió tres estrellas Michelin en 2017, defiende su uso en platos como la carbonada de algas.
Si bien hay recomendaciones diarias de consumo por su alto contenido de yodo, lo cierto es que cada vez más platos las incorporan para resaltar sabores y agregar nutrientes. Los paquetes de algas disecadas de la firma local se venden por unos $60 en dietéticas.
I+D alimentario
Los organismos acuáticos también son insumo de otros alimentos. Uno de los componentes más masificados es el agar-agar, conocido también como "gelatina vegetal". Se utiliza para dar consistencia a productos como el dulce de batata. En la Argentina, mientras tanto, se trabaja en el desarrollo de astaxantina orgánica, una sustancia presente en microalgas que es la que le da al salmón rosado su color característico.
AlgaeBio+ es una startup que lanzará el antioxidante en 2019 para los criaderos de peces que no puede obtenerla naturalmente, y también para el consumidor final, en formato de pastillas. El emprendimiento está incubado por Grid Exponential, un fondo de inversión y company builder local interesado en proyectos de base científica que tengan potencial global. "Uno de nuestros principales ejes es cómo mejorar la alimentación, y las algas son una respuesta sana y sustentable", explica Federico Marque, encargado de desarrollo de negocios de la aceleradora, que tiene como socios a Grupo Insud y Bagó, entre otras empresas.
Inteal es la segunda startup que incuba el fondo y que también trabaja con microalgas. Quiere conquistar el mercado de los suplementos que se venden en dietéticas y farmacias con pastillas inodoras e insípidas, una alternativa a las que se comercializan hoy, que tienen olor a mar y pescado.
Una de las microalgas más difundidas es la espirulina, uno de los "superalimentos" que copan revistas y posteos de Instagram. En la Argentina se vende en polvo y en pastillas y se promociona como "un alga adelgazante". Se consume en bebidas, comidas, en cremas y hasta en helados: la fábrica orgánica Haulani la incorpora para mejorar la propuesta nutricional de un postre.
Propiedades sustentables
Jerónimo Bucher comenzó a trabajar en una alternativa sustentable a los vasos descartables cuando todavía estaba en el colegio.
Hoy tiene 20 años, y con su proyecto Sorui investiga un modelo de vaso biodegradable hecho con algas. En seis meses abrirá un laboratorio en el edificio de la Universidad de San Martín (Unsam), donde hoy estudia Biotecnología. La idea es acercar sus prototipos a una fisonomía casi idéntica a las unidades descartables, pero con propiedades que logren que se descompongan solos en unas dos semanas.
"Se calcula que se descartan 1000 millones de vasos anualmente en la Argentina -explica-. Quizá no compitamos por precio, pero sí brindaremos una solución para un problema que tienen las compañías: el tratamiento de residuos, que tiene costo en dinero y en relación con el medioambiente".
Las organismos tienen dos usos más relacionados con el campo. El primero es el biodiésel. La compañía local Oil Fox comercializa el combustible a base de algas y un suplemento alimenticio hecho con espirulina en países como Estados Unidos, China, Colombia e Italia.
El segundo uso difundido es en inoculantes para la agricultura. "Las algas se utilizan en promotores de crecimiento y en prevención de enfermedades y de plagas para cultivos. De ese modo, se baja el nivel de utilización de agroquímicos y se logran alimentos más saludables", explica Carlos Chamula, director de Laboratorios Biotec, una compañía que investiga las algas desde 2000.
El laboratorio quiere comercializar sus desarrollos para usos cosméticos y espera la aprobación de la Anmat para utilizarlos en cremas y lociones. Chamula calcula que se podrá comenzar a vender dentro de dos meses. Por otro lado, los planes a futuro incluyen la creación de suplementos alimenticios para dietas de mascotas y vacas. En el futuro, el mar de oportunidades para las algas será cada vez más vasto.