Sábado, 15 de Junio de 2019

Nuevo musical de Marco Antonio de la Parra retratará la migración

ChileEl Mercurio, Chile 15 de junio de 2019

"La tierra prometida", codirigido por Elvira López y Cristian Molina, debutará en el Teatro Finis Terrae el 11 de julio.

Su propia condición extranjera, como descendiente de inmigrantes belgas, impuso en Marco Antonio de la Parra una inquietud temprana sobre el fenómeno. Durante los últimos años, la reflexión se cristalizó de la mano del flujo sostenido de migrantes en Chile, para convertirse en el texto de "La tierra prometida".
"De pronto el tema cobró vida y me dieron ganas de trabajarlo desde todos los tiempos y épocas, pasando por lo que estamos viviendo actualmente en Chile y en Latinoamérica, pero también mezclándolo con otros exilios", explica De la Parra sobre el montaje que se estrenará en el Teatro Finis Terrae con una temporada entre el 11 y el 28 de julio.
Con un elenco de cuatro actores y tres músicos, que canalizan múltiples voces que representan diversas comunidades tocadas por la experiencia migratoria, el montaje plantea en formato musical un recorrido simbólico que se inicia con el éxodo bíblico, para después indagar en exilios más contemporáneos, como la diáspora judía, la llegada de venezolanos a Chile producto de la crisis del país y la situación local con ciudadanos haitianos, entre otros.
A las vivencias personales de su autor, se sumaron a la elaboración del texto los resultados de un trabajo documental que rescató relatos plasmados en la prensa y la literatura, y que también comprendió una lectura actualizada de la Biblia. Esta investigación, según De La Parra, tendrá una resonancia crítica en escena.
"Hay mucho comentario político sobre lo que ocurre hoy en Chile y lo que significa sobrevivir como extranjero en una tierra extraña", destaca el también psicoanalista sobre la pieza que incluirá sobretítulos para facilitar la interacción con el público, a través de juegos musicales a lo largo del montaje.
"Quiero que salgan pensando que la identidad, la propia de uno y la de un país, se construye con lo extranjero. Somos todos de alguna forma hijos de migraciones", plantea el dramaturgo.
Esta es una nueva incursión de De la Parra en un musical, luego de estrenar el año pasado "1995, el año que nos volvimos todos un poco locos".
Conmovedor y triste
El texto de De la Parra quedó en manos de Elvira López y Cristian Molina -a cargo de la dirección escénica y musical de la obra-, quienes enfrentaron el desafío de dar con los arreglos precisos para acompañar un relato que destaca por la multiculturalidad histórica y geográfica de su propuesta.
El resultado es una sonoridad heterogénea, potenciada por un coro formado por alumnos de primer año de la carrera de Actuación de la Universidad Finis Terrae, que recoge estilos que recuerdan desde el Medio Oriente bíblico hasta los ritmos latinoamericanos.
"Cada estilo fue un entrar a explorar, pero siempre una aproximación desde nuestra vereda, con nuestras historias de migraciones. Sí supone un montón de material musical y también antropológico, porque es alucinante, terrible y tremendo zambullirse en estos temas", dice Elvira López sobre el camino para crear la banda sonora.
El formato mismo del musical también resultó ser un elemento de tensión para la directora.
"El hacer un musical, que se suele relacionar con lo festivo, con un tema tan triste, es complejo, un poco como el efecto de 'Bailarina en la oscuridad', pero es bien conmovedor, está quedando bien triste", explica sobre la similitud entre la producción y el filme de Lars Von Trier, que tras su estreno dividió a la crítica por su vuelco al género.