El arte abstracto de Cornelia Vargas llega al GAM
Veintinueve obras de la artista germano-chilena se reúnen con el trabajo textil de artesanas nacionales en la exposición "Cien es un color", que abre mañana.
Creyó que jamás llegarían al presente. "!Íbamos todavía en Platón¡", recuerda, con una sonrisa apenas esbozada, Cornelia Vargas (1933). Piensa en 1955, cuando dejó sus estudios de Filosofía en Friburgo, para entrar a la Hochschule für Gestaltung (HfG), la escuela de diseño que Max Bill -hoy considerado artista de culto- dirigía en Ulm bajo las líneas de la Bauhaus. Ahí conoció a Eduardo Vargas, el arquitecto chileno con quien se casó y armó familia en Valparaíso (siete hijos). Pero más que eso: juntos propagaron el pensamiento bauhasiano a través de la academia y de proyectos de viviendas sociales. Y ella, por mientras, confeccionó silenciosamente obras de arte concreto.
Son trabajos abstractos, con formas vibrantes e hipnóticas. Su aspecto minimalista podría engañar respecto de su factura. Pero no es sencilla: Vargas combina, a través de experimentos que le toman tiempo, geometría, algoritmos y colores. Es el arte concreto -que también desarrollaba su amigo Max Bill- lo que ella lleva bien tejido en su ADN. "Creo que solo hice un dibujo figurativo a los ocho, cuando mi papá reunía a la familia los domingos con la obligación de pintar. Después, la posibilidad de lo figurativo quedó excluida. Es que la geometría y la matemática son formas de representación atemporales, y más importantes. Nunca dependerán de modas, a diferencia del arte figurativo. Ahí me conecto con la Bauhaus", dice Vargas, mientras mira en el computador sus últimas indagaciones, junto a su hija, Sofía. Viajó especialmente desde Valparaíso, donde vive, para visitar el Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la U. de Chile.
Es ahí donde ha preparado las bases matemáticas para cinco de las 29 obras de su nueva exposición, curada por Catalina Valdés y Enrique Rivera, director de la Bienal de Artes Mediales. "Cien es un color. Artesanías, artes y matemáticas a 100 años de la Bauhaus" estará abierta entre mañana y el 10 de noviembre en el GAM, como parte de la 14ª bienal (que sumará otras exhibiciones en 20 espacios). Y, como su título lo indica, surge para conmemorar el aniversario de la escuela alemana que fundó Walter Gropius, e incluye la colaboración de artesanas chilenas, además del matemático Alejandro Jofré y el informático Benoit Crispint, ambos del CMM. La profundización conceptual fue de Amarí Peliowski y Sofía Vargas.
"Cornelia se maneja sumamente bien con las figuras geométricas y la generación de figuras complejas. Su obra es geométrica y matemática. Juntos trabajamos con los números primos. Para una serie dialogamos en torno a la espiral de Ulam, donde ella fue poniendo los números en sentido contrario al reloj y misteriosamente aparecieron unas diagonales con alta concentración de primos. El resultado es muy bonito", comenta Jofré.
Estética educativa
Partió con las clases apenas llegó a Chile -arreglándoselas con el idioma- y dejó de enseñar en 2006. Fue desde entonces que empezó a concentrarse más en su arte, y que Rivera la convenció de exponerlo. Lo ha hecho, por ejemplo, en el Parque Cultural de Valparaíso (2014) y en el Centro Cultural La Moneda, como parte de "La revolución de las formas: 60 años de arte abstracto en Chile", muestra colectiva que curó Ramón Castillo, director de la Escuela de Arte de la UDP. Él reafirma: "Cornelia Vargas es como un eslabón perdido de la historia del arte chileno. Tiene un lugar ganado y específico en esta utopía de la modernidad -crear un arte universal-, que movió a los protagonistas de la abstracción. Por eso, al buscar reconstruir ese contexto era fundamental conocer su obra, que es de gran investigación y rigor intelectual".
Pero a ella le cuesta mostrar lo que hace. Sus cuadros los ve como dispositivos de enseñanza. "De hecho, usaba su esquema del 'Cuadrado mágico' y sus variaciones, para graficarles a sus alumnos que pueden haber varias soluciones para un problema", cuenta Sofía, su hija. "Es que soy muy tímida -dice la artista, con la cabeza gacha-. No me gusta aparecer en público. Creo mejor que otra gente exponga. Pero si es necesario, se hace".
-¿Cómo aplicaría hoy el pensamiento de la Bauhaus?
"Hoy, si existiera, la Bauhaus estaría buscando dar respuesta a problemas como el cuidado del clima. Eso es lo más urgente que tenemos. Si no logramos avances en eso, todo lo demás pierde valor. De qué nos sirve la estética en un mundo inhabitable".