Lunes, 18 de Noviembre de 2019

Dos que pugnan por lo más apetecible en política: el posajuste

ArgentinaLa Nación, Argentina 18 de noviembre de 2019

Todavía con evidentes muestras de no haber superado anímicamente el golpe y la sorpresa por los resultados de las primarias, Mauricio Macri incluyó ayer en su discurso ante empresarios al que considera el peor error de su última campaña

Todavía con evidentes muestras de no haber superado anímicamente el golpe y la sorpresa por los resultados de las primarias, Mauricio Macri incluyó ayer en su discurso ante empresarios al que considera el peor error de su última campaña. Lo hizo como al pasar, cuando se refirió desde el atril del Sheraton a las restricciones financieras que dijo haber aplicado a disgusto y a las que les asignó una única finalidad: preservar los ahorros de la clase media. "Es la que siempre pone el hombro y siente que su esfuerzo no es retribuido como se merece", explicó.
A partir del sábado, cuando inicie formalmente el período proselitista, el Gobierno centrará su mensaje y sus decisiones en ese segmento de la población que le dio la espalda y que viene sufriendo, casi sin subsidios, inflación, aumentos de tarifas, pérdidas de empleos y presión tributaria.
Es ese tercio de la población que sostiene con sus impuestos a los otros dos tercios, el universo de empleados públicos, jubilados y beneficiarios de planes sociales, y que tiene un punto de contacto con el auditorio de hombres de negocios que ayer escuchaba al Presidente entre resignado y molesto por la situación: el sector privado. La Argentina es una trampa difícil de sortear, un monstruo que se traga administraciones y arruina carreras de técnicos llegados a la función pública con reconocido talento en trabajos anteriores, en parte porque su gasto público crece relativamente más que su generación de riqueza. "Todo se reduce a un problema: el peso del Estado", le dijo ayer al despedirse del foro el constitucionalista Juan Carlos Cassagne a Teddy Karagozian, dueño de TN Platex. Es el doble filo de la carga impositiva: tan necesaria para aliviar la pobreza mediante asistencia social como nociva para la inversión.
La dialéctica surgió en casi todas las presentaciones. "La gente no quiere planes, quiere empleos", dijo Paolo Rocca. Eduardo Costantini volvió al tema cuando cuestionó que en la Argentina existiera una "subversión de valores" de raíz ideológica que incentivaba una "cultura de la distribución, del voluntarismo". El abecé del capitalismo: no se puede repartir lo que primero no se produce. ¿Cómo hacerlo? Luis Perez Companc compendió las razones de todos: "Cuando hablamos de la necesidad de una Justicia independiente, de cumplir la ley, hablamos de eso, de bajar el riesgo empresario".
Macri o Alberto Fernández, sea quien fuere el próximo presidente, estarán obligados a atender esta demanda. No tanto por cuestiones políticas o ideológicas como por necesidad: la Argentina ya no tiene stocks a los que la clase política pueda recurrir para sostener el gasto y, por lo tanto, la única alternativa será generarlos. Crear riqueza. Es el motivo que lleva a algunos empresarios al optimismo incluso teniendo que digerir el regreso de Cristina Kirchner.
Bernardo Kosacoff, uno de los economistas presentes ayer, se lo planteó a este diario en estos términos: "La situación es muchísimo menos grave de lo que parece. Se ha hecho el ajuste y eso generó múltiples problemas que afectan a la población, pero la macroeconomía está estructuralmente mejor preparada para recuperarse. Esto no es 2001, nada que ver".
Esta certeza de que lo peor ya pasó tiene al menos un argumento capaz de refutarla: una campaña electoral en la que a Alberto Fernández le conviene avivar la turbulencia con declaraciones, y a Macri, no correrse de su rol de candidato. Ambos tironean para ser protagonistas de la poscrisis: el que anhela erigirse fundador de un nuevo orden y el que pretende convencer a los desencantados de que esta vez todo será distinto.