Viernes, 22 de Noviembre de 2019

La música, o cómo evadirse con swing

ArgentinaLa Nación, Argentina 21 de noviembre de 2019

Uno de lo primeros escritos de Cortázar sobre música fue una presentación, hacia 1938, de las Escenas infantiles de Robert Schumann en un programa de mano de un concierto en la Intendencia Municipal de Bolívar

Uno de lo primeros escritos de Cortázar sobre música fue una presentación, hacia 1938, de las Escenas infantiles de Robert Schumann en un programa de mano de un concierto en la Intendencia Municipal de Bolívar. Ahí está ya entera la perspectiva estética, la construcción de la figura de artista -Schumann en ese caso- que aparecerá mucho después en el cuento "El perseguidor". Cortázar inventa para Charlie Parker esa mitología del artista que había aprendido en el romanticismo y en sus estribaciones modernas.
Cortázar impostaba tango, leía a Pierre Boulez (tenía la primera edición de Penser la musique aujourd'hui ), pero la verdadera base de operaciones de sus aventuras musicales fue siempre el jazz. Aparte de Louis Armstrong y de Jelly Roll Morton, el jazz, "su" jazz, es el jazz moderno (el bebop), y establece con él una relación moderna. Los problemas de Johnny Carter (el alias de Parker en "El perseguidor") son problemas modernos; el primero de todos: el artista "más que nunca solo frente a lo que persigue, a lo que se le huye mientras más lo persigue". Cortázar escribía en el horizonte delswing, que no deja huellas textuales. Elswing no se escribe, se toca. Se "tiene" swing o no se "tiene" swing. Leemos en una de las Morellianas de Rayuela, en el capítulo 82: "Hay primero una situación confusa, que solo puede definirse en la palabra; de esa penumbra parto, y si lo que quiero decir (si lo que quiere decirse) tiene suficiente fuerza, inmediatamente se inicia el swing, un balanceo rítmico que me saca a la superficie". En Cortázar, el swing no se resuelve solo sintáctica o prosódicamente, en una imitación del "balanceo". Acierta su forma por la vía de la metáfora, a golpes de imágenes.
Cortázar insistía en que le interesaba más la música que la literatura. Podemos creerle, con la condición de que no pensemos la música como algo meramente sonoro. Para él, la música era también metáfora: la de un arte que quiere escapar de sí mismo.