Domingo, 22 de Septiembre de 2019

Una científica chilena demuestra que los adolescentes son rebeldes, pero con causa

ChileEl Mercurio, Chile 22 de septiembre de 2019

En más de 20 años de estudio, esta investigadora ha encontrado que la impulsividad y la toma de riesgos que caracterizan a los jóvenes podrían explicarse por procesos cerebrales que serían importantes para su paso hacia la adultez.

Beatriz Luna dice que recuerda haberse sentido invencible cuando era una adolescente, siempre en búsqueda de nuevas experiencias.
Ya en ese entonces, esa sensación le parecía fascinante. "Siempre estaba motivada, algo que encontraba increíble, buscando leer cosas nuevas, de ciencia también. Yo pensaba: 'los científicos pueden ver el cerebro' !Dios mío¡ Yo quisiera hacer eso", recuerda.
Por razones familiares, Luna dejó Santiago a sus 15 años y se fue a vivir a EE.UU., donde terminó estudiando psiquiatría en la U. de Pittsburgh. Y allí lleva más de 20 años haciendo lo que antes imaginó: estudiando el cerebro de los adolescentes.
¿Por qué son impulsivos? o ¿por qué siempre toman riesgos? son algunas de las preguntas que esta investigadora ha buscado responder en más de un centenar de estudios publicados.
Según explica, durante décadas se ha creído que la impulsividad que caracteriza a los adolescentes se debe a que su corteza prefrontal -una parte del cerebro que ayuda a controlar el comportamiento- no funciona tan bien como en el adulto.
Pero Luna ha demostrado que no es así. "La adolescencia es un tiempo donde la recompensa y la motivación están elevadas; entonces vemos que ellos tienen una parte de control a la que tienen acceso, pero también están muy motivados; es decir, hay una parte del cerebro que los empuja a hacer cosas nuevas", explica la investigadora, quien también es consejera del Instituto Nacional de Salud de EE.UU.
Así, los adolescentes parecen tener una mezcla entre la capacidad para regular su comportamiento más una dosis extra de hiperactividad en zonas asociadas a la motivación, lo que los conduce hacia la búsqueda de nuevas experiencias que les dejen gratificaciones inmediatas, como sensaciones. En muchos casos, sin importar el riesgo.
La luz
Para llegar a estos resultados, Luna realizó experimentos en los cuales se les pide a un grupo de jóvenes apartar la mirada de una luz. Esta prueba define si el cerebro es capaz de utilizar su centro de planificación de la corteza prefrontal para superar el impulso de mirar la luz.
"¿Y qué es lo que sucede? Ellos miran la luz", cuenta Luna. A través de resonancia magnética, su equipo demostró que los adolescentes pueden usar la corteza prefrontal. Sin embargo, la capacidad para comunicarse entre sí de las redes cerebrales de control no está en pleno rendimiento, sino en formación.
"Esto nos dice que el hecho de que el adolescente sea impulsivo o no tenga total control ejecutivo no es solo para frustrar a los adultos -dice Luna-, sino que es excesivamente necesario que esto ocurra para afianzar sus redes cerebrales. Y eso lo hemos visto también en otros animales, desde ratas hasta monos", asegura la investigadora.
Sus trabajos más recientes también han demostrado que la hiperactividad en zonas asociadas a la motivación sigue ocurriendo hasta aproximadamente los 25 años. Así, es probable que el umbral de la adultez se cruce más cerca de esa edad, y no a los 18, como se cree en muchas culturas.
Luna, quien en 2005 recibió el Premio Presidencial a la Ciencia que entrega el Gobierno de EE.UU., reitera que todos estos procesos que involucran la impulsividad son fundamentales para que los jóvenes se conviertan en adultos independientes.
"Todo el proceso de motivación del cerebro, que te dice 'anda, busca experiencias nuevas', es parte de un proceso en el cual las conexiones se fortalecen y establecen cuál va a ser el trayecto de ese individuo como adulto".
Es por eso, explica, que muchos trastornos mentales, como la ansiedad o la depresión, aparecen en la adolescencia y luego acompañan al individuo durante el resto de su vida.
De allí la importancia de entender cómo funcionan estos procesos. "Para ver si, en algunos casos, podemos intervenir antes", dice la científica.
Ella es enfática en que la impulsividad adolescente no es necesariamente algo malo.
"En mis charlas siempre digo que la adolescencia no es una enfermedad, no es un cerebro adulto con lesiones, es un cerebro perfecto para la edad, una cosa preciosa", expresa Luna, quien casi no hace pausas mientras habla y, cada cuanto, se ríe, y dice que podría hablar todo el día sobre el cerebro y sus misterios.
"Es en la adolescencia cuando todos los mecanismos neurobiológicos están atentos y se determina quién será uno como individuo".
DRA. BEATRIZ LUNA