Sábado, 14 de Diciembre de 2019

Se abre camino Paso a paso

Puerto RicoEl Nuevo Dia, Puerto Rico 14 de diciembre de 2019

La bailarina puertorriqueña Helga París Morales llega cargando con un bulto de ruedas y una mochila pequeña a sus espaldas

La bailarina puertorriqueña Helga París Morales llega cargando con un bulto de ruedas y una mochila pequeña a sus espaldas. Pelo suelto, camisa blanca, pantalón azul claro de corduroy, tenis blancas y poco maquillaje, la artista se excusa inmediatamente. "Perdona, pero es que acabo de llegar del aeropuerto", dice con una amplia sonrisa repleta de juventud.
Mientras camina con su equipaje hacia el estudio fotográfico, admite que está un poco nerviosa. Esta es la primera entrevista que concede en Puerto Rico, país del que se fue cuando tenía cinco años, y al que regresa para presentarse este viernes en la cumbre de mujeres Animus, en la que llevará a cabo una variación de una pieza que coreografió exclusivamente para el evento y donde combinará la bomba con el ballet.
"Nunca me he presentado en Puerto Rico. Esta es la primera vez que me presento en mi patria", manifiesta con evidente orgullo y sin abandonar la felicidad. Helga París Morales, de 19 años, es la primera bailarina puertorriqueña negra en formar parte de la prestigiosa compañía Washington Ballet de D.C., donde labora hace un año. Fue la reconocida bailarina estadounidense Julie Kent quien invitó hace tres años a París Morales a bailar con la compañía que dirige, luego de verla en una audición en la que participó en California como parte de un campamento del American Ballet Theatre. Durante los primeros dos años, la joven estuvo en la academia de la compañía, hasta que el año pasado fue promovida.
Hija de la compositora y música puertorriqueña Sonia Morales y del profesor Luis París, Helga comenzó en el baile tomando clases de bomba con la maestra Elia Cortés en el taller Tamboricua en Río Piedras. Un año después, su familia se mudó a la ciudad de Cincinnati, en Ohio, donde comenzó a desarrollarse en el ballet a los ocho años, primero en el programa preparatorio de baile del Cincinnati Conservatory of Music, y luego, en el School for Creative and Performing Arts y en el Cincinnati Ballet.
Era natural que la joven tomara una ruta artística, pues ella y sus tres hermanos mayores crecieron rodeados de música. Antes del baile, de hecho, Helga probó suerte con el violín, el oboe y el saxofón, pero descubrió que lo de ella era el movimiento con el cuerpo. "Me encantaba estar en el escenario. Estaba en el teatro musical, bailaba jazz, pero siempre regresaba al ballet porque era lo más difícil y yo creo que ese fue el reto. Lo que me motivó", comparte sobre su pasión.
Alcanzar una posición en el Washington Ballet no ha sido tarea fácil, según confiesa la joven, quien a pesar de que se fue a temprana edad del país se expresa con fluidez en español.
"Yo siento que he tenido que luchar por mi derecho a bailar", dice sin reparos. "El ballet clásico, por lo general, es bien clasista -o sea los reyes fueron los que se inventaron esto-, así que las academias siempre han sido bien caras y bien blancas. Además, el estándar de lo que esperan de uno en el ballet es bien difícil, bien cruel y bien inalcanzable. Esa idea de que seas perfecta en todo es algo que te meten en la cabeza sabiendo que jamás lo vas a lograr", agrega.
Por suerte, ella tuvo buenas maestras que la guiaron con amor por el camino, pero igualmente tuvo que trabajar arduamente para lograr su meta. Narra que mientras otras jóvenes tenían los recursos económicos para comprarse el equipo (un par de zapatillas puede costar $120) y viajar a Europa a tomar talleres con los mejores maestros, ella tenía que vender brownies, pulseras y limonadas en su vecindario o buscar diversos auspiciadores porque no siempre sus padres podían cubrir los altos gastos. "En un momento dado recuerdo que tenía que ir a un curso intensivo y mi mamá me dijo ‘espero que te den una beca porque no puedes ir, lo siento, pero no puedo pagarlo’. Así que yo tenía que trabajar diez mil veces más duro que otras de las nenas que estaban conmigo. Tenía que trabajar en el estudio, dando clases, y practicar más, fajarme más. Si no me salió bien dos veces, pues lo tenía que hacer mil veces para que ellos me vieran. Tenía que dar cara todos los días, llegar temprano… Son muchas cosas y eso fue nada más que empezando", relata.
Helga era la única bailarina negra y latina mientras tomaba clases, y hoy sigue siendo la única negra y latina en su compañía de ballet, lo que la llena de orgullo. Reconoce haber vivido en el ballet diversos tipos de prejuicios por su color de piel, pero no el rechazo. "Me han dicho muchas veces que si voy a audicionar para Alvin Ailey que es una compañía afroamericana en Nueva York o me preguntan si voy a bailar algo moderno y siempre tengo que aclarar que no, que soy bailarina de ballet. También me han dicho muchas veces que tengo un cuerpo atlético, que mi empeine no es lo que necesitan en el ballet clásico y hasta cosas de mi pelo", admite. "Pero nunca me he sentido que he entrado a una organización y no me hayan aceptado por el color de mi piel, eso nunca ha pasado. Son más bien como dudas y comentarios que sugieren falta de educación. Mis maestras jamás me han hecho algún tipo de estos comentarios", agrega Helga, quien al igual que la primera bailarina Misty Copeland -quien hizo historia en el 2015 al ser la primera bailarina negra en alcanzar la máxima categoría en el American Ballet Theatre- está abriendo una gran puerta para las bailarinas latinas negras en los Estados Unidos y en el mundo.
"Siempre le digo a las niñas que quieran hacer una carrera en el ballet que lo primero que tienen que hacer es dejar atrás las inseguridades y abrazar quien eres. Ver todos tus talentos y apoderarte de ellos porque el mundo te necesita como eres, no para que seas como otra persona", aconseja la joven, quien en el 2017 sufrió un problema intestinal que la mantuvo hospitalizada y que le provocó que rebajara 12 libras.
"Eso fue una etapa de locura. Y justo cuando salí de ahí, la compañía me había dado dos roles principales, así que tuve que reacondicionar mi cuerpo en dos semanas. Fue bien difícil poder hacer todo eso, pero lo mejor fue que lo logré", expresa.
Bomba / ballet
Una de las grandes satisfacciones en la temprana carrera de Helga París Morales fue que este año el Washington Ballet le comisionó una coreografía para el Mes de la Hispanidad, en la que incluyó la bomba puertorriqueña. La pieza titulada "Ballet Hispano", contó además con una parte de flamenco y otra de salsa. Pero el centro de la coreografía fue la que incluía el elemento de la bomba. Dice que durante meses estudió este ritmo, encontrando grandes paralelismos con el ballet como la pose recta de sus bailarines y la colocación de los brazos. Hasta los piquetes los relacionó con los bourré. Inspirada en esa pieza, mañana viernes presentará un fragmento en el evento Animus.
"La pieza es totalmente nueva, pero está centrada en la misma idea de hacer esa combinación de bomba y ballet, pero en este caso es diferente porque es solo un cuerpo y añadí el elemento de las zapatillas de punta", explica la bailarina, quien está convencida de que los artistas tienen la "responsabilidad" de decir algo a través de su arte para no quedarse en lo superficial.
Mientras continúa su carrera en ascenso, Helga París Morales siente la felicidad de poder estar de regreso en su tierra y compartir con los suyos lo que ha sido hasta el momento parte de sus vivencias.
"Siento que esta presentación es como que me estoy graduando porque cuando pienso en todo lo que he pasado en mi vida… Regresar a los 19 años a Puerto Rico para hacer una presentación como profesional después de tantos años queriendo ser bailarina y después de tantos años fuera de la isla, después de estar totalmente desconectada de la bomba que fue lo que empecé, pues es como volver a la raíz. Es reafirmarme en que yo soy boricua, yo no soy de Ohio", suelta entre risas la bailarina, quien afirma que su gran ejemplo a seguir en la vida son sus padres.
"Cuando me preguntan quién es mi modelo en el ballet contesto que nunca he idealizado a ninguna bailarina y eso es raro en el mundo del ballet. Sí, tengo bailarines que creo que son los mejores, pero no es que quiero ser como ellos. Tengo problemas idealizando a los humanos. Los que siempre me han motivado son mis padres, mi mamá y mi papá. Cuando veo todo lo que ellos han hecho por mí, mis hermanos y por ellos mismos. para mí eso sí es especial. Es lo que me motiva", concluye como quien sabe la clave para descifrar el camino.