El peculiar y accidentado historial de Chile en los preolímpicos
Para el fútbol nacional siempre fue esquivo el boleto a la cita de los anillos. Antaño, la representación recayó en equipos amateurs. En 1964, Thomas Bata tomó la posta de la Roja en Lima con un final trágico. Una selección de 2ª División logró el cupo a Los Angeles 1984. Y la última clasificación fue marcada por un milagro.
E l torneo Preolímpico que se disputará a partir el 18 de enero en Colombia y que entregará dos plazas a los Juegos de Tokio acapara la agenda estival de la Conmebol. La instancia no siempre tuvo la misma alcurnia. Por casi dos décadas (entre 1960 y 1980) Chile acudió a la clasificatoria respectiva con equipos juveniles, en algunos casos aficionados, y pagó tributo por ello.
"Sencillamente, el fútbol amateur chileno no está en condiciones ya no de competir, sino ni siquiera de participar en una justa de tanta trascendencia", concluyó la revista Estadio tras la expedición de la Roja en su intento por llegar a Roma 1960, después de perder por 11-1 la llave ante Argentina.
Bata es Chile
Cuatro años después, en Lima, el escudo nacional fue endosado al club Thomas Bata de Peñaflor, que marcaba hegemonía en el torneo amateur. "Viajamos a Perú todo el plantel y nuestro DT José Cárdenas, más cuatro refuerzos; ninguno había salido nunca del país. Todos éramos empleados de la empresa y recibíamos salarios por nuestros trabajos, no por jugar fútbol. El único beneficio que teníamos era salir más temprano los martes para hacer gimnasia y los jueves para jugar a la pelota. Fue un hito para el club representar a Chile", rememora David Llewellyn (83 años), portero que compitió en el Preolímpico y defendió por 28 años al conjunto del calzado.
El torneo terminó trágicamente, porque en la 6ª jornada, durante el enfrentamiento entre Perú y Argentina, se produjo una estampida que terminó con 328 muertos en el Nacional limeño, lo cual provocó la suspensión definitiva del certamen. "Estaba en el estadio ese día, le anularon un gol a Perú y el público se descontroló, lanzaron gases lacrimógenos y la gente quedó aplastada en las estampidas, me tocó ver cómo a los policías los lanzaban tribuna abajo, hubo mucho saqueo. Fui uno de los últimos de la delegación en salir del estadio, yo estaba realmente muy asustado. En el hotel seguía el descontrol, gritaban 'vamos a matar a los mapochinos'. Al día siguiente nos regresamos a Chile. Quedé con la ilusión de ir a Tokio, nos quedaba jugar todavía con Perú y Ecuador y podríamos haber dado pelea. ¿Otra anécdota? En ese viaje los dirigentes llevaban como 20 garrafas de vino para regalarlas en Lima", enseña el coquimbano Llewellyn, hoy jubilado de Bata.
Amateurismo puro
Cuatro años después, en el Preolímpico de Colombia 1968, asoma en el arco chileno Alfredo Pettinelli, que décadas después inspiraría el nombre de la banda (Pettinellis) que fundó Álvaro Henríquez, líder de Los Tres. "Él era primo de mi madre, Juana Pettinelli, e hijo del nono Egidio, todos de Talcahuano. Fue arquero de Naval, le decían el 'Loco', lo vimos jugar en sus últimos años en Fernández Vial. El nombre surge, creo, en base a nombres de grupos como Los Smiths, apellidos que dan nombre a bandas", detalla el músico y poeta Gonzalo Henríquez, hermano menor de Álvaro.
La Roja no clasificó a México 1968, Munich 1972 ni Montreal 1976. Para Moscú 1980, Chile se plegó al boicot de Estados Unidos en contra de la Unión Soviética, aunque igual compitió -sin suerte- en el Preolimpíco de Colombia. El seleccionador Raúl Pino dejaba en claro en la prensa de a época que su captación era netamente amateur. Así se refería a un descarte de última hora: "Julio Martínez, un volante de la Fiat de Rancagua, enfermó de tifus y quedó marginado". Figuraban futbolistas de Unión Veterana, Carozzi, Deportivo Peumo y varios de la Asociación Juan Antonio Ríos. El preparador físico Manuel Burboa describía la singular preparación realizada en Jahuel y Portillo con los aficionados: "Cuando les nombraba ejercicios como abdominales o flexiones se reían (los jugadores) y algunos me decían, 'pero profe, si eso no lo hemos hecho nunca'", se leía en "El Mercurio".
Alegrías y milagro
En 1984, Chile clasificó por primera vez en la cancha a los JJ.OO. y lo consiguió con un contingente de Segunda División al mando de Isaac Carrasco, un técnico especialista en ascensos. La planificación del torneo realizado en Ecuador se fue armando en el camino: el plantel se aclimató en la altura de Loja, pero el certamen se disputó en Guayaquil, a nivel de mar. "Los que estábamos en Primera éramos pocos, Roberto Rojas (Colo Colo), que debió regresar antes, Fernando Santis (Magallanes) y alguno más (N. de la R.: Francisco Ugarte de Trasandino, Miguel Alegre de Arica y Juan Covarrubias de Green Cross). Nos fuimos dos semanas antes y jugamos un cuadrangular con Rumania y Polonia, fue exigente, pero teníamos mucha motivación, representar a Chile era una oportunidad única para muchos de nosotros. Después a Los Angeles se determinó llevar otros jugadores, fue un poco injusto, porque los de Segunda hicieron el gasto y rindieron", apunta Emiliano Astorga, por entonces zaguero central de Magallanes y titular en el Preolímpico.
La resistencia de los clubes para liberar jugadores es añeja en esta instancia. En 1992, Colo Colo negó a Miguel Ramírez, Leonel Herrera y Agustín Salvatierra para el periplo en Asunción. "No fue agradable y Arturo (Salah, seleccionador) se molestó mucho, pero había mucha presión de los dirigentes. Ahora me arrepiento", dice el exatacante.
Los cracks también sufren. En Mar del Plata 1996, Chile tenía como estandarte a Marcelo Salas (anotó cuatro goles), pero la escuadra de Ignacio Prieto fue incapaz de vencer a Venezuela (0-0) y se regresó antes de lo esperado.
En Londrina 2000, Chile logró su último festejo. La selección estuvo prácticamente sentenciada, tanto así que los defensores Rafael Olarra y Claudio Maldonado regresaron a Santiago para integrarse al combinado mayor. Un inesperado 9-0 de Brasil a Colombia permitió que la Roja entrara al cuadrangular final y los jugadores debieron tomar el vuelo de regreso apenas pisaron el aeropuerto de Pudahuel.
"Ahí pasó de todo. Nelson Acosta se tuvo que venir antes para un amistoso de la adulta y como yo era el ayudante dirigí el último partido de la primera fase, se perdió feo con Colombia (5-1) y quedamos eliminados. O casi, porque vino el 9-0, !un milagro de verdad¡ Nunca vi algo igual. Incluso ya habíamos regalado indumentaria a la gente del hotel, porque nos devolvíamos. Ni quise mirar el partido, me encerré en mi pieza, tampoco autoricé a los jugadores para que fueran al estadio, menos al mall . Solo sentía los gritos y cuando Brasil ganó llegó todo el plantel a mi habitación para celebrar. En la ronda final Chile fue otro, imposible olvidar el partidazo de David Pizarro con Uruguay, lo tuve que sacar y después no lo dejé ir a la conferencia de prensa, porque los uruguayos se lo querían comer", detalla el técnico Héctor Pinto, artífice del boleto a Sydney.