La reconstrucción de Natalia Duco
A casi dos años de que la lanzadora de bala diera positivo en un control de dopaje, de que la sancionaran por tres años, de que le quitaran el título de tetracampeona sudamericana y le cerraran las puertas a Tokio 2020, hoy se le abre una posibilidad de ir a los Juegos Olímpicos, luego de la postergación del evento por la pandemia del coronavirus. "Yo no podría no intentarlo", dice la atleta, quien además relata aquí cómo fue reinventarse luego de 15 años en el deporte, cómo vivió la noticia del dopaje cuando estaba en el mejor momento de su carrera y cómo, cuando sentía que estaba saliendo adelante, enfrentó la muerte de su entrenadora.
-Después de sufrir todo un duelo por dos años por no poder ir a Tokio, cuando ya estaba enterrado ese sueño, pasa esto -dice Natalia Duco, atleta y lanzadora de bala de 31 años.
Es el último lunes de marzo y hace pocas horas el Comité Olímpico Internacional confirmó que los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se postergarán para julio de 2021, debido a la pandemia del coronavirus que amenaza al planeta.
Hasta hoy las opciones de Natalia de asistir a esos juegos eran nulas, luego de que en febrero de 2019 el Tribunal de Expertos en Dopaje la castigara con tres años de suspensión, por un resultado adverso en un control de orina. La sanción la excluye completamente del circuito, y por las fechas, la dejaba definitivamente fuera del torneo en Tokio. Pero la noticia le abrió una puerta inesperada.
-Estoy en shock . No puedo creerlo. Por un lado, lo que está pasando con el coronavirus es tan grave, que es prioridad. Mi historia personal queda en último lugar, pero a la vez se me abre la posibilidad de poder ir, y no sé qué sentir -agrega, mientras se acomoda los audífonos al otro lado de la pantalla en esta entrevista vía Zoom. Luego sujeta su pelo largo y claro detrás de sus orejas. Natalia está en una habitación en la casa de sus padres en Chillán. Decidió quedarse allá para pasar la cuarentena y no volver a Santiago, al departamento que comparte con su hermana Catalina en Providencia, hasta que pase la crisis. En la casa de sus padres hay jardín, tiene pesas y puede entrenar, sobre todo lanzar la bala.
-Nunca he parado de entrenar. A mi forma, y a veces mal, porque nunca más pude ir a una pista, pero yo voy y lanzo en un parque o acá en el patio de mi casa. No tengo otra opción-explica.
Hace casi dos años que no participa en torneos, que no tiene entrenamiento profesional, que no puede entrar a un estadio atlético ni ver una competencia deportiva, que no pisa una pista de recortán y menos un foso de lanzamiento de bala. Son algunas de las prohibiciones de la sanción que debe respetar hasta el 18 de abril 2021.
-Yo lo perdí todo. Me quebré como persona. Sería bonito decir, "pucha a mí me pasó todo esto y pude pararme". Qué bonito sería, y a cuántas personas podría llegar si solo voy a esos Juegos Olímpicos -dice Natalia ilusionada.
Pero sabe que para poder ir tienen que conjugarse muchos factores, como calzar con las fechas clasificatorias, además de volver a armar un equipo, conseguir auspiciadores y recuperar su estándar deportivo, entre otras cosas que hoy no tiene.
-Aunque sea un desafío muy loco, muy gigante, yo no podría no intentarlo. Estoy viendo el Everest frente a mí, no sé si me muera en el intento, pero voy a darlo todo por ir. Si no voy será porque no pude, pero no porque no lo intenté.
El 19 de abril de 2018, cuando ya era de noche, Natalia Duco llegaba a su departamento en Ñuñoa. Recuerda que había sido un día agotador y que el entrenamiento en el CAR había sido muy duro. Tanto que su entrenadora, la cubana Dulce Margarita García, que vivía en el mismo edificio que ella, le ofreció prepararle la comida. En eso estaban cuando tocaron el timbre. Era un control de dopaje. Venían a tomarle una muestra de orina.
-Para mí era algo muy cotidiano, me hacían a veces controles de doping tres veces al mes o más. Ese fue uno más -explica Natalia.
Hasta ese momento, y durante los dos años anteriores, la atleta explica que su racha deportiva no había sido la mejor y no había logrado cumplir con sus expectativas. En 2016 sufrió muchas lesiones y en 2017 tuvo que operarse del hombro de su brazo lanzador, lo que la obligó a una larga recuperación.
Pero ese 2018 era el año de los Sudamericanos, y tenía la opción de convertirse en la primera tetracampeona de la región. Pensando en eso, buscó lugares para prepararse y dio con IMG Academy, en Bradenton, Florida. Allí, dice, las instalaciones la sorprendieron: había alimentación especializada para deportistas, se movía por el lugar en carrito de golf y tenían cámaras hiperbáricas para descansar.
-Yo siempre iba a entrenar a Cuba, a Europa, y encontré este lugar que era el paraíso. Empezamos a compartir con entrenadores de allá y a cambiar la forma en que yo entrenaba, además de aislarme de todas las cosas que te cansan en Chile, que la entrevista, que tienes que ir acá, que ir a ver a la abuela. Me concentré, descansé, innové y entonces empecé de a poquito a florecer.
También, hacía poco había incorporado a una nueva psicóloga al equipo, Verónica Latuf, que, según Natalia, modificó las dinámicas en la relación de ella con su entrenadora.
Latuf fue quien propuso que, antes de ir a los Sudamericanos, Natalia debía competir para entrar en confianza. Buscando, llegaron al torneo Broward Elite Showcase, en Fort Lauderdale. Ahí Natalia rompió por última vez su récord personal y nacional al lanzar 18,97 metros.
-Como íbamos a competir solo para entrar en confianza, se dio todo tan relajado... Fue un momento súper bonito. Mi entrenadora y todos los que me estudiaron en Estados Unidos decían que yo, fácil, era una lanzadora entre 19 y 19,50 metros (...). Para mí significó romper tantas barreras de prejuicio interno y externo de que: la Natalia no va a mejorar, que no puede, que la Natalia esto, que se operó y nunca más va a volver, que la Natalia ya llegó a su peak ... -recuerda.
Desde ese torneo, ella y su equipo viajaron a Cochabamba, Bolivia, a los Sudamericanos. Allí lanzó 18,15 metros y obtuvo la medalla de oro.
-Para mí, por primera vez en mi vida yo estaba contenta. Primera vez, te lo digo sinceramente, que sentía que estaba haciendo las cosas bien -reconoce.
A pesar de que en ese torneo no consiguió su mejor resultado, dice que estaba tranquila, porque tenía por delante un año de competencias en Europa y en la prestigiosa Diamond League, a la que había sido invitada por sus resultados, y donde tendría muchas oportunidades para luchar por continuar rompiendo su marca. El futuro era promisorio.
Casi un mes después de los Sudamericanos, el 12 de julio de 2018, Natalia ya estaba en Europa. Había tomando un tren desde un centro de entrenamiento en León, España, donde siempre entrenaba, hacia el aeropuerto de Madrid para viajar a Rabat y competir en una de las fechas del Diamond League. Cuenta que estaba esperando para tomar el avión cuando su teléfono se copó de mensajes de WhatsApp y pantallazos de noticias que decían que la muestra de orina que le habían tomado en abril había dado positivo, arrojando la presencia de una sustancia prohibida para deportistas. Más tarde se indicaría que correspondía a un péptido de liberación de hormona de crecimiento.
-Tenía miles de mensajes y a mí no me llegaba nada oficial, ni un mail , ni una llamada telefónica, ni un WhatsApp. Entonces dije: "Esto es un error por todos lados", y empiezo a pensar cómo salió en el diario algo tan serio. Hasta que unas dos horas después me llega la notificación oficial. Yo no lo podía creer -dice Natalia Duco.
Durante varias horas dio vueltas mirando su teléfono por el aeropuerto de Madrid. Con la tarjeta de embarque en la mano, dudó varias veces si subirse o no al avión, hasta que finalmente decidió no hacerlo y tomar un tren de vuelta a León. El viaje duró tres horas, en las que se dedicó a hablar por teléfono con su hermana, con su entrenadora, con su mánager.
-Estaba en negación. De hecho ahí no me quebré, hasta que me bajo del tren, me voy al hotel y mi entrenadora me estaba esperando afuera. Ahí la veo y me pongo a llorar, así, atroz. Te juro que ni siquiera me acuerdo, porque la mente es así. Fueron varios días en que estuve en el hotel en shock , no podía entender lo que pasaba. Mi entrenadora me contaba que ella me llevaba comida para la pieza. La gente del hotel, que me conoce hace muchos años, me cuidó, porque yo estaba como un zombi. Tengo muchos días de los que no me acuerdo.
Tiempo después, Natalia consiguió un pasaje de vuelta a Santiago y con su hermana Catalina comenzaron a buscar abogados. Luego de hablar con varios estudios, Rodrigo Gil y Andrés Jana decidieron tomar el caso y hacerlo pro bono.
-Más allá que una imagen que defender, las personas que me conocen saben que me gustaba ganar, la medalla y todo, pero en verdad lo que a mí más me apasiona es que lo que yo hago tenga un significado más trascendental. No solo la mina seca que gana, sino que, pucha, mira el esfuerzo, porque mi carrera siempre ha sido muy esforzada y sentía que representaba mucho al pueblo chileno. Para mí esto era como que estaban anulando toda mi misión en la vida. Sentía que no podía dejar que las personas piensen eso de mí, porque a todos esos niños que inspiré, a toda esa gente que yo llegué, no quiero quitarles eso por lo que luché tanto. Ese era mi motivo.
-¿No sabías que lo que estabas tomando era dopaje?
-No, nunca, ninguna posibilidad. Imagínate que yo tengo una aplicación que 24/7 me pueden hacer controles de doping . Además no tiene significado para mí mejorar a través de otra cosa que no sea mi esfuerzo personal. Obviamente, siempre traté de suplementarme dentro de lo legal, todo lo que se podía, lo mejor, y ser lo más matea posible. Y eso (lo que tomó) era una de la cosas que dentro de mi mente se podía hacer y que no era doping . Por eso yo lo tomé, y en mi audiencia dije la forma en que lo tomé, las dosis y todo.
-Sabes quién fue la persona que te dio la sustancia, pero no has querido decir quién fue. ¿Por qué?
-Ese aminoácido me lo dio una persona de extrema confianza, que no es mi entrenadora Dulce Margarita García, pero como yo no dije el nombre, siempre quedó eso en el ambiente de que ella era, pero no fue así. Si yo hubiera dicho el nombre, legalmente podría haber tenido más posibilidades de rebajar mi sanción, pero era un daño muy grande que no estaba dispuesta a hacerle a nadie. Sigo pensando que no hubo intencionalidad de hacerme daño.
-Mirando hacia atrás, ¿qué autocrítica haces?
-Hago una tremenda autocrítica, gigante. Es cosa de ver las consecuencias que ha tenido para mí, el costo personal, familiar, deportivo. Digo, pucha, cómo lo podría haber prevenido. Uno es no confiar en nadie, pero yo confío en la gente. No creo que mi aprendizaje de este tiempo sea desconfiar. Pero también creo que no hay medida suficiente para un deportista de alto rendimiento, no hay precaución exagerada. Yo me cuidaba, y en ese momento tomé todas las precauciones que para mí eran lógicas, pero no fue suficiente. Aquí está mi ejemplo: llevo dos años sancionada y voy a cumplir tres por no ser extremadamente cuidadosa y exagerada, no lo suficiente. Ese es mi mea culpa , ese es mi error.
Casi tres meses después de ese día en el aeropuerto de Madrid, Natalia Duco tuvo la audiencia frente al Tribunal de Expertos en Dopaje. Fue el 24 de octubre de 2018, y junto a su defensa, la atleta presentó, entre otras cosas, un informe toxicológico del especialista internacional Pascal Kintz, que indicaba que la cantidad de sustancia prohibida ingerida no debería haber producido el efecto de aumentar la masa muscular.
-Lo que más me tranquilizó del resultado es que lo que aparece en mi orina, no hay ninguna posibilidad de que me haya ayudado. Me da la tranquilidad de decir: "Nati, lo que lanzaste mucho, poco, bueno o malo, fue por tu esfuerzo".
En febrero de 2019, el Tribunal resolvió sancionarla por tres años. Un mes después, la Organización Deportiva Sudamericana decidió quitarle su título de tetracampeona.
-Todas esas pruebas el Tribunal no las tomó y me dan una sentencia que para mí es injusta.
Con el fallo, dice Natalia, vino un proceso de comenzar a comprender en su día a día lo que significaba la sanción.
-Fue como, no puedo competir, no puedo entrenar, no puedo hacer nada y me quedó yo conmigo misma. Es como que me hubieran cortado los brazos. Dije, ahora quién es la Natalia si no puedo competir, quién soy yo. Nunca le había tomado el peso a lo que es tenerlo todo, perderlo y quedarte sin nada. No solo desde lo material y lo económico, sino que quedarte sin poder hacer tu profesión. Fue un trabajo interno gigante.
Antes de saber cómo sería la audiencia, de saber cómo se prepararía, cómo sería la sanción o qué haría con su carrera, Natalia Duco decidió, a las pocas semanas de conocer los resultados del control de dopaje, que ese semestre se enfocaría en la universidad. Hace unos años que había entrado a estudiar Psicología a la Universidad Gabriela Mistral y, por su carrera deportiva, tomaba uno o dos ramos al semestre y estudiaba remotamente. Pero a comienzos de ese segundo semestre de 2018 decidió tomar siete ramos.
-Yo me agarré de la universidad, me agarré de mi carrera. Tenía que hacer algo por la vida, yo tengo que ser útil. Fue en el momento en que tuve que usar todo lo que el deporte me entregó. Todas esas herramientas que me servían para competir y defender a mi país, ahora me estaban sirviendo para salir adelante -relata.
A solo unas semanas de enterarse del resultado del control de dopaje, Natalia entraba a su primer día de clases de ese semestre. Paralelamente se cancelaban los contratos con sus auspiciadores, dejaron de llegarle los fondos y becas del Estado y tuvo que dejar el departamento en el que vivía cerca del CAR. Su hermana Catalina la recibió en el suyo y desde entonces viven ahí juntas.
-Fue muy importante el apoyo de mi familia y sobre todo de la Cata, que fue mis dos piernas. Ella y mi psicóloga me dijeron: "Tú eres una persona mucho más allá que una deportista". Yo del uno al diez era solo el deporte, y por primera vez pensé: "Soy algo más que una lanzadora de bala".
Cuenta Natalia que por primera vez tuvo compañeros universitarios, hizo nuevos amigos, tenía tiempo para ir a la playa los fines de semanas, para ir a ver a sus papás a Chillán.
-Cuando voy saliendo adelante, estoy estudiando, me está yendo bien en la universidad, he retomado relaciones con mis amigas, me toca otra situación mucho más difícil. Todo lo que yo te estoy explicando de mi caso se anula cuando me enfrento a la situación de mi entrenadora.
Ya había pasado poco más de un año del resultado adverso. Era septiembre de 2019, Natalia estaba en su casa estudiando para una prueba. En ese momento recibió un mensaje de su entrenadora Dulce deseándole suerte para la prueba. Una hora después su teléfono volvió a sonar. Esta vez era la hija de su entrenadora, Nairobi, que le informaba que Dulce estaba en Urgencia.
Cuando Natalia llegó al hospital, dice que no pudo verla. La estaban reanimando. Al rato, Dulce, entonces de 51 años, falleció repentinamente de un paro cardiorrespiratorio.
-Realmente, cuando pensé que estaba en la peor situación de la vida, porque uno perdió cosas materiales, profesionales, estatus, logros, medallas, el auto, mi casa, cuando yo creí que eso era todo lo malo que me podría pasar, fallece mi entrenadora. Ahí me doy cuenta de que lo otro no significa nada, que son cosas que se recuperan, que da lo mismo tenerlas o no, pero hay algo que no se recupera, que son las personas. Ese es el momento en que yo toco fondo real -dice Natalia con el mentón temblando.
Los días siguientes, Natalia Duco se hizo cargo de Nairobi y de las decisiones. Fue a buscar la ropa a la casa de Dulce para luego vestirla, decidió cremarla y organizó el funeral.
-En ese momento se me doblaban los pies, no tengo palabras para explicar. Yo nunca había vivido una pérdida e, incluso, como estudiante de Psicología, no sabía lo que era el dolor. Ahí supe lo que era de verdad.
El funeral se realizó el 10 de septiembre de 2019. Natalia se vistió de negro y se puso en el cuello un pañuelo colorido. Lo mismo hizo Nairobi. Cuando el ataúd salió de la iglesia, ambas lanzaron palomas blancas al cielo. A pesar de que la noticia de la muerte de Dulce Margarita apareció en varios medios de prensa, a la ceremonia no llegó toda la gente que Natalia esperaba.
-Ninguna autoridad deportiva se manifestó en el funeral ni conmigo ni con su familia. Nada. Eso fue algo que a mí me dolió mucho, porque ella estuvo más de diez años sirviéndole a un país, entregándole medallas, no solo conmigo, sino que también con otros atletas. Más allá del tema personal mío con el doping , lo que importa es que hay un tema humano que tiene que ir más allá de todo, y no fue así.
Gracias a una colecta que hicieron los parientes de Natalia, ella y Nairobi viajaron a Cuba a dejar el ánfora con las cenizas al lugar donde Dulce se había criado, un pequeño pueblo en medio de un campo de azúcar, a más de 14 horas en bus desde La Habana. Allá le hicieron un reconocimiento como gloria deportiva cubana, recuerda Natalia Duco.
En pleno duelo, a dos meses desde la muerte de Dulce Margarita, Natalia recibió una llamada de Canal 13 para invitarla a participar de MasterChef Celebrity Chile.
-En ese momento me podrían haber ofrecido miles de cosas, y a todo yo hubiese dicho que no. Pero MasterChef era justo lo a que mí me gustaba y eso que nadie sabía que a mí me gustaba la cocina.
Natalia cuenta que antes de que la llamaran del programa, la cocina y la comida ya eran algo importante en su vida. Recuerda que antes de dejar de competir, una vez su psicóloga la hizo pensar en algo que la hiciera feliz, que no fuera el lanzamiento de bala. La respuesta fue: comer y cocinar. Más tarde, cuando se fue a vivir con su hermana, empezó a desarrollar este interés: hacía pan y en las noches preparaba la comida. También, al tener más tiempo, fue a visitar a su hermano a Nueva York, donde él es chef ejecutivo de un restorán italiano.
-MasterChef me sacó del sufrimiento, y me hizo enfrentarme en una situación de competencia que a mí hace ilusión. Me ayudó a pasar la pérdida de mi entrenadora y tenerla muy presente cuando gano o pierdo. Yo sé que estoy mal, que estoy en un duelo, pero por lo mismo me tengo que empujar a hacer esto. Y, además, se me abrió todo este nuevo mundo de la televisión que me gustó mucho, porque al final es como llegar a la casa de todos. Después de lo que pasó, para todos los chilenos que me han visto competir, me han seguido, de repente !pum¡, desaparecí. Y ahora esto es una forma de reencontrarme con todos mis seguidores.
A pesar de haber entrado a la cocina y la televisión, y de haber avanzando en sus estudios de Psicología, Natalia Duco dice que tiene claro que, apenas pueda, intentará retomar al deporte.
-Siempre pensé en volver, porque mi entrenadora siempre me dijo: "Tu carrera deportiva no se puede terminar así".
Para regresar tiene que buscar un entrenador de lanzamiento. Nunca antes la ha entrando alguien que no sea Dulce Margarita. También tendrá que buscar financiamiento, auspiciadores y hacer una planificación deportiva. En enero de 2021, tres meses antes de que termine la sanción, tiene entendido que podría entrenar profesionalmente.
-Toda esa máquina que yo tenía funcionando, tengo que volver armarla y no lo puedo hacer sola. Tengo que empezar a buscar quién se quiere subir a este desafío conmigo. Ver si alguien se motiva y cree en mi historia para jugármela.
-Al regresar al deporte, ¿qué cosas no volverías a repetir?
-No sé qué haría distinto. Yo creo que lo distinto soy yo. Finalmente, el deporte de alto rendimiento es de una manera: entrenar duro, masajes, kinesiólogo, doctor, psicólogo, esfuerzo, hielo, lesiones, estar mal. Eso yo lo sé. Pero también es estar en un estadio lleno, que todo el mundo esté gritando y el corazón a mil, que te estás jugando el todo o nada en un lanzamiento. A eso es a lo que yo me dedico, a dar la vida en dos segundos. Ese nivel de adrenalina es lo que yo disfruto, es lo que quiero vivir y estoy dispuesta a esforzarme para eso. Me gustaría ver cómo lanza la bala la Natalia ahora, después de todo lo que ha pasado. Porque no hay vuelta atrás.