Jueves, 02 de Julio de 2020

"Empecé a doparme en mi primer año como profesional"

ChileEl Mercurio, Chile 2 de julio de 2020

El ciclista estadounidense protagoniza un descarnado documental que retrata su vida: "Me preguntaron 10 mil veces si me dopaba, y mentí 10 mil veces".

S iempre fue un fraude.
La brillante historia deportiva de Lance Armstrong, el prodigio texano que venció un cáncer con metástasis para ganar siete veces el Tour de Francia, la prueba ciclista más famosa y exigente del planeta, era un engaño.
Sus epopeyas en los Pirineos, su potencia en la contrarreloj y sus trabajadas piernas en cada ascenso eran artificiales, trabajadas a punta de inyecciones, pastillas y estudios de laboratorio.
"Hice lo que tenía que hacer para ganar. Y lo haría de nuevo", reconoció hace ya un lustro en un programa de televisión que causó gran impacto en Estados Unidos.
El pasado domingo, la cadena ESPN transmitió la primera parte de un documental, dirigido por Marina Zencovich, que profundiza en la historia del otrora ídolo deportivo norteamericano.
"No se puede ser honesto. Me preguntaban si me dopaba y tenía que mentir. Y como me preguntaron diez mil veces, mentí diez mil veces", reconoce el expedalero, sin rastro de culpa.
Y fue un estafador desde pequeño: a los 15 años, adulteró un certificado de nacimiento para competir en una prueba de triatlón para mayores de 16 años. "Falsifiqué el documento, participé ilegalmente y les gané a todos", recuerda.
En esa época vivía bajo la tutela de su padrastro, Terry, quien le dio su apellido cuando se casó con su madre:
"Lo traté como un animal, lo convertí en una persona que quiere ganar a toda costa", lamenta Terry en el documental.
Cáncer y dopaje
El dopaje sistemático de Armstrong partió mucho antes de su diagnóstico de cáncer. Incluso antes de su trabajo con el doctor Michele Ferrari, uno de los cerebros del dopaje sistemático de los años 90.
"Tenía probablemente 21 años, era mi primera temporada como profesional", reconoce el expedalero, quien en 1993 ganó el título mundial de ruta, una de las pocas coronas que la UCI no le arrebató. "Siempre sabía lo que ponía en mi cuerpo", agregó.
Al principio, reconoce en la serie televisiva, las sustancias eran básicamente corticoides, pero que le impedían competir de igual a igual con el resto del pelotón, que ya usaba eritropoyetina (EPO), droga quetambién decidió utilizar desde 1995. Al año siguiente le diagnosticaron un cáncer testicular que ya se había expandido a los pulmones, algo que, quizás, pudo estar influido por sus hábitos.
"No puedo decir que no estén relacionados. Lo que puedo decir es que en 1996 fue la única vez que tomé hormonas de crecimiento, así que, en un rincón de mi cabeza, me hago la pregunta: si eso hacía crecer las cosas buenas de mi organismo, ¿por qué no las malas?".
"La EPO es un producto seguro, siempre que lo uses con moderación, bajo la supervisión de un médico. Hay sustancias mucho más peligrosas que te puedes inyectar", completa Armstrong, una prueba más de que no siente ningún arrepentimiento por sus 20 años de fraude.
El segundo capítulo del documental se transmite el domingo en EE.UU. y todavía no tiene fecha para su exhibición en Latinoamérica.