Miércoles, 12 de Agosto de 2020

Homenaje a Saramago

ColombiaEl Tiempo, Colombia 12 de agosto de 2020

EL RumBO de José Luís Peixoto habría sido otro si no hubiera existido ese encuentro, a comienzos de octubre del 2001

EL RumBO de José Luís Peixoto habría sido otro si no hubiera existido ese encuentro, a comienzos de octubre del 2001. Tenía 26 años, una novela terminada, algunos poemas, y la idea de ser escritor metida en su cabeza. Venía de un pueblo pequeño del interior de Portugal, Galveias, en la región de Alentejo. Allá, en su niñez, leía los libros que tomaba prestados de un camión que cada mes llegaba cargado de literatura y se estacionaba en la plaza a la espera de lectores. También ayudaba a su papá, que era carpintero. A los dieciocho años, con la literatura atravesada, se fue a Lisboa a estudiar Lenguas Modernas. Llegó a la capital, pero seguía con su pueblo adentro. Su padre murió, y esto lo llevó a escribir el que sería su primer libro: Te me moriste, el relato de su duelo, de su tristeza, del regreso del hijo a la casa del padre habitada ya solo por los recuerdos. Peixoto no tenía editorial para publicarlo. De manera que él mismo fue su editor y su distribuidor: con algo de ahorros hizo las primeras copias y recorrió las librerías dejando ejemplares. Se lo vendía a sus amigos, le dio vida. Al mismo tiempo empezó a pensar en su primera novela, que de forma natural situó en Galveias. La llenó de personajes conocidos aunque sin nombres propios. La tituló Nadie nos mira. Esa novela fue precisamente la que provocó el encuentro del 2001. Porque, sin que eso estuviera en los mejores sueños de Peixoto, resultó ganadora del Premio Literario José Saramago. A partir de ese momento cambió todo para él. Saramago ya era una figura inmensa en las letras mundiales, tres años atrás había ganado el Nobel de Literatura, y esto dijo de Peixoto: "Es una de las revelaciones más sorprendentes de la literatura portuguesa. No tengo duda de que es una promesa segura de un gran escritor". Lo que vino para él después de recibir ese premio fueron más novelas escritas que lo consolidaron, en efecto, como un nombre clave de las letras de su país y también entre los lectores de habla hispana. A Nadie nos mira le siguieron obras como Cementerio de pianos, En tu vientre, Galveias, que han sido traducidas a más de veinte idiomas y lo han situado en un universo literario muy preciso, habitado por el mundo rural, con temas de reflexión en los que está presente la familia, las relaciones entre padres e hijos, el duelo, la identidad. Cada obra escrita con un cuidado minucioso. Eso es algo que en Peixoto es casi una obsesión. Empezó escribiendo poesía -en un país de poetas- y los principios de este género los trasladó a su narrativa. En sus novelas cada palabra es elegida y puesta en la página porque se ha ganado ese lugar. "Escribir literatura es escribir despacio", dice, y ese tiempo para pensar cada frase y cada imagen se percibe al leerlo. Hace diez días publicó su nueva novela: Autobiografía, que ha sido para él uno de sus mayores desafíos: tiene a Saramago como protagonista. La novela narra la historia de dos escritores llamados José. Uno que comienza, otro consagrado. ¿O es, en realidad, solo uno? Es una obra ante la cual hay que estar muy atento en cada línea, llena de detalles reales de la vida de Saramago y alimentada también por una trama de ficción. Una novela que habla de la identidad, de los límites de la biografía, y también hace un reconocimiento a ese momento que él define como uno de los más importantes de su vida: cuando conoció al nobel portugués. Desde su casa en Lisboa, donde pasa estos días de confinamiento -tiempo en el que volvió a escribir poesía, después de varios años de estar alejado de los versos- José Luís Peixoto habla de esta nueva novela. ¿Cómo nació Autobiografía? Empezó con una idea muy sencilla, pero que al mismo tiempo me imponía un desafío: crear una novela que tuviera a José Saramago como personaje. Era algo que me sonaba arriesgado por muchos motivos, sin embargo, se quedó durante un par de años en mi cabeza. Llegué a la conclusión de que debía escribirla porque era la manera de afirmar una cantidad de cosas que son importantes para mí. Entonces lo primero que hice, todavía sin haber escrito una sola palabra, aunque ya con mucho más construido que solo esa idea inicial, fue hablar con Pilar de Río, la esposa de Saramago, la persona que tenía la relación más estrecha con él. Yo la conocí el mismo día que a Saramago, en el 2001, cuando gané el premio que lleva su nombre. Y a lo largo de los años hemos seguido en contacto, incluso mi novela Galveias fue traducida por ella. Tenemos una relación cercana. Para mí era claro que si Pilar no estaba de acuerdo, yo no iba a escribir la novela. Porque era una posición muy sensible: no sólo iba a utilizar a Saramago como personaje, sino a ella misma. ¿Qué le dijo? Su respuesta fue muy favorable. Así que empecé a trabajar la novela. El tiempo de escritura tuvo muchas dificultades, parte de ellas fruto del hecho de que estaba trabajando con Saramago, con la responsabilidad que esto implicaba desde un punto de vista literario y también personal. No ha pasado mucho tiempo desde su muerte y sigue siendo una figura muy presente en Portugal y en los lectores en diferentes partes del mundo. ¿Qué relación tenía con Saramago y con su obra antes del 2001? Antes de ese año no imaginaba que fuera a conocerlo. Era lector de su obra. Tenía una novela firmada por él, Memorial del convento. Lo busqué en una ocasión para que me la firmara y sucedió algo curioso: en esa dedicatoria Saramago escribió mal mi nombre. No puso Peixoto sino Pacheco. Es una anécdota divertida porque yo pensaba: la gente va a creer que me robé esa novela. Pero sí, mi relación era solo como lector. Cuando ganó el Nobel, en el 98, fue un impacto tremendo en Portugal. Es cierto que ya era un enorme escritor y tenía una presencia muy grande en el país, pero ese fue un reconocimiento que se sintió mucho. Entre otras cosas porque fue el primero y hasta el momento el único Nobel de la Literatura del idioma portugués. Y eso, sin duda, es una gran cosa. Por eso cuando obtuve el Premio José Saramago fue una locura. Al mirar hacia atrás no puedo imaginar mi vida sin ese momento. Eso me definió. Hay una frase en Autobiografía que dice: "José Saramago me dijo muchas veces: José, tienes que pensar en tu obra. José era yo". ¿Se lo dijo así? Sí, fue una de las cosas que más me repitió. Supongo que lo hizo porque éramos de generaciones muy distintas y habíamos vivido experiencias muy diferentes. A partir del 2001 seguí encontrándome con él frecuentemente. Incluso viajamos juntos a ferias del libro, como la de Buenos Aires. Era impactante tener ese ejemplo ahí cerca, esa persona que vivía una vida que yo comenzaba. Porque yo venía abriendo las puertas de un mundo desconocido. Había publicado mi primera novela sin garantías y un año antes había sacado mi primer libro por mi cuenta. Y después estaba junto al nobel de literatura. De algún modo, mientras escribía esta novela, fue interesante confrontar nuestras historias casi opuestas. Yo tuve un éxito grande con la primera novela. El premio hizo que empezara a ser traducido a otros idiomas, que comenzara a viajar como escritor, y a partir de ahí seguí escribiendo. Saramago publicó su primera novela con 25 años y las cosas salieron muy mal. Su segunda novela no se publicó y se quedó muchos años sin escribir. Esa es una de las líneas centrales de Autobiografía: la historia del José joven que se debate por escribir su segunda novela, parecido a lo que

vivió Saramago. Él publicó su primera novela, Tierra de pecado, y después hizo varios intentos por escribir la segunda. Todavía hoy existen ejemplares de esos intentos. Al final logró hacerla, es Claraboya, y la envió a un editor que lo ignoró. No le contestó y se quedó con el único manuscrito. Años después, ya en la década de los ochenta, cuando Saramago había publicado algunos de sus libros más conocidos, ese mismo editor lo buscó y le propuso publicarla. Saramago se quedó con el original y rechazó la propuesta. Solo después de su muerte la novela se publicó. Es una obra que está lejos de lo que haría años más tarde, pero tiene aspectos muy interesantes. Decía que uno de los motivos para escribir Autobiografía fue afirmar cosas que para usted son importantes. ¿Cuáles? Empezando por el título: Autobiografía, que ya pone sobre el tapete una cuestión fundamental respecto a la relación entre la ficción y lo biográfico, o autobiográfico. Eso es muy importante para mí, reflexionar sobre esto, porque como escritor es algo que está muy presente en mi trabajo. Esta novela está hecha de tres flujos: la memoria, donde pongo los tiempos que pasé con Saramago y otras referencias personales; la historia, con los hechos de su vida, que son reales, además de alguna relación con la historia de Portugal en ciertos momentos; y la ficción, como elemento fundamental que le da forma a todo y lo convierte en una narrativa literaria. Sin embargo, hay otro elemento que en este punto de mi vida era muy importante afirmar, y es mi relación con Saramago. Porque, como decía, mi vida cambió después de conocerlo. Es muy difícil contar mi historia sin su presencia. La novela también es ese reconocimiento. Y al mismo tiempo es una reflexión sobre la influencia, sobre la paternidad, que es un tema muy presente en mis libros. Y por supuesto sobre la escritura misma. La escritura es la vida. ¿Cómo es la relación de esta novela con el resto de su obra? Me lleva por puntos que ya había abordado, pero que aquí llegan un poco más lejos. Por ejemplo, el hecho de utilizar como personaje a una figura histórica, algo que había hecho en Cementerio de pianos y En tu vientre. Es cierto que las de esos libros son figuras distintas de Saramago, pero tienen en común que existieron históricamente. El tema de la escritura lo había tratado de alguna manera en mi novela Libro, aunque de un modo menos directo. Autobiografía está muy ligada con la escritura, con eso que llaman la metaliteratura, los distintos papeles presentes en el texto, el narrador, el autor, el personaje. Una de las partes de la novela son los cuadernos del escritor joven, que está haciendo una biografía de Saramago. Cuadernos que muestran sus avances, sus retrocesos, sus dudas sobre el proyecto. ¿Es un método que usted también

usa al escribir? Ese cuaderno de la novela es un intento de reflejar el proceso de la escritura. Yo uso bastantes cuadernos mientras escribo, hago anotaciones por todas partes. Es muy útil para organizar el pensamiento. Porque realmente escribir es eso: buscar una organización. Al nombrar las cosas, las concretas. Escribir, de algún modo, es un pequeño proyecto de construcción de un mundo. ¿Y esta vez también hizo muchos borradores que se fueron a la basura? Siempre los hago. Mientras escribo no soy muy ecológico porque gasto muchísimo papel. Incluso esta novela, cuando ya tenía docenas de páginas escritas, decidí pararla y volverla a comenzar. Tuvo dificultades que vienen de la forma que propone, porque desde el punto de vista estructural es un poco compleja; tiene algunos obstáculos que la hacen desafiante para la lectura y, por supuesto, también fueron desafiantes durante la escritura. ¿Las frases textuales que utiliza, y en general toda la historia, lo llevaron a hacer una relectura de la obra de Saramago? Releí solamente El año de la muerte de Ricardo Reis. Lo otro fueron cosas que leí por primera vez, no solo textos de Saramago, sino biografías y trabajos alrededor de su obra. El año de la muerte… sí porque la novela que escribí tiene una relación directa, conceptualmente hablando, con esa novela. En ella Saramago escribe sobre Pessoa y Ricardo Reis, y sobre Lisboa. En mi novela también tenía la idea de escribir sobre otro autor y hacer un cierto retrato de Lisboa, aunque la Lisboa que yo describo no es la misma. Es más periférica, sí. Y en está novela también está presente lo rural, centrado en Bucelas. Ese lugar simboliza mi Galveias. Se me dificulta no tener relación de algún modo con lo rural. Es un aspecto muy importante para mí y es algo que tiene mucho que ver con el Portugal de mi generación. Es un país con un vínculo muy fuerte con su interior. Así Lisboa sea hoy una ciudad muy cosmopolita, con conexiones con el mundo y todas esas cosas, hasta hace unas décadas era una ciudad muy conectada con la ruralidad. La visión política de Saramago está tratada también, aunque no con protagonismo. ¿Ese tema sigue provocando pasiones en Portugal? Saramago genera sentimientos fuertes, positivos y negativos. Porque estuvo siempre muy comprometido. Todavía no se mira con ojos consensuados. Es un símbolo para el Partido Comunista portugués. Tuvo conflictos con la Iglesia. En fin, despierta reacciones diferentes y muy fuertes aquí. En la novela me pareció una cuestión de justicia ponerlo como escritor y en su dimensión literaria. Es cierto que él mezclaba los dos mundos, política y literatura, pero en este caso he privilegiado lo literario, sin ignorar del todo su aspecto político. Pero no lo pongo en primer plano. ¿Cuál libro de Saramago

lo ha marcado más? Esa respuesta cambia con frecuencia. Depende más de mí que de los libros. Pero hoy el que elijo es Levantado del suelo. Un libro que trata de ese periodo de la historia de Portugal de los años 70, después de la revolución, y sucede en la región de Alentejo, que es mi región. En esa novela Saramago pone en evidencia todas sus calidades literarias. Sin entrar a develar la trama

de la novela, se siente que también quiso crear un juego de espejos. Una reflexión

sobre la identidad. Creo que todo libro, sobre todo la literatura, plantea una pregunta sobre la identidad. Hay una frase en la novela: "Contarme a mí mismo a través del otro. Contar al otro a través de mí mismo". Eso es la literatura. Aprendemos más sobre los otros por lo que vemos en nosotros mismos y de nosotros por lo que vemos en los demás. Por eso, para reflexionar sobre uno mismo, es importante buscar ese otro que llevamos dentro y mirarlo con alguna distancia. Los espejos permiten que uno se mire y tome la medida de sí mismo. La novela comienza con una frase que evoca un final y termina con una frase que anuncia un principio… Empieza con un fin y termina con un inicio. Es también la idea de que la escritura, y la historia de la escritura, de la literatura, es como una cadena: unos llevan algo que lo pasan a otros, estos otros siguen y después lo pasan a otros y continúa. No solo en la literatura, sino en la vida. ¿Estos días de confinamiento le han dado alguna idea de escritura? Tenía una novela empezada cuando todo cambió. Y en realidad sentí alguna dificultad para continuarla. Entonces paré y, poco a poco, empecé a escribir poemas. Tengo tres libros de poesía, el último del 2008. Ha sido increíble ver cómo en este tiempo pude terminar un libro de poesía. Va a salir en septiembre en Portugal, Brasil y México, traducido al español. Los primeros poemas estaban relacionados con la cuarentena, después evolucionaron hacia otros temas más generales y también más personales, que es una marca de mis versos. Estoy muy contento con este nuevo libro de poesía. Es como un regreso a casa. L