Sábado, 15 de Agosto de 2020

?La sensibilidad ?millennial? está ausente de la literatura peruana?

PerúEl Comercio, Perú 14 de agosto de 2020

La ópera prima de la celebrada poeta limeña es una muy actual comedia dramática: una mujer busca el sentido de sus poderes sobrenaturales ligados al goce erótico.

Por Tilsa Otta



Cuentan que la santa tuvo una visión: del cielo bajaba un ángel que le clavaba un dardo de oro en el corazón. Desvanecida en el abandono físico y espiritual, símbolo de su amor a Dios, la santa experimentó con intensidad la experiencia mística mientras todos a su alrededor pueden verlo.





Fue el cardenal Federico Cornaro, a mediados del siglo XVII, quien le encargó al escultor Lorenzo Bernini una escultura que representara a Santa Teresa de Ávila en medio del milagro. Iría colocada en su tumba, dispuesta en la Iglesia de Santa María de la Victoria, en Roma. Al artista le tomó cinco años realizarla, de 1647 a 1652. El resultado es un ejemplo del espíritu barroco: dramatismo, emoción y movimiento. Para añadirle dinamismo, Bernini trabajó la piedra en olas de tela, evocando el terremoto espiritual que rodea a Teresa. Un viento divino agita la ropa del ángel. Este sonríe casi travieso. La nube sin pulir parece casi superflua; la ropa de Teresa parece que la basta en su levitación. Un efecto luminoso hace que las imágenes parezcan suspendidas en el aire.





Quizá nadie se atrevió a decirlo entonces, pero para los perspicaces ojos contemporáneos, en el retrato de la santa no puede evitarse leer también el gozo de la carne, la sensualidad de un cuerpo que parece licuarse en el arrebato se equipara con la intensidad mística del encuentro. En el rostro de la religiosa se aprecia un rictus que se aproxima al orgásmico, a una de las máximas expresiones del disfrute humano. Otro ejemplo del barroco: eliminar la idealización para realzar la humanidad.





Casi cuatro siglos después, en una reciente novela limeña podemos encontrar un milagro parecido: Cristy, nombre de la encantadora protagonista, puede ver el futuro cuando alcanza el orgasmo. Sus visiones de la divinidad, así como su necesidad de explorar más allá de su vida convencional, a espaldas de una pareja irreprochable pero al parecer incapaz de entenderla, la hacen protagonizar lo que ella llama un ?melodrama surrealista?, o lo que la misma autora, la poeta y ahora narradora limeña Tilsa Otta define como una comedia dramática.





Deliciosamente escrita, ?Lxs niñxs de oro de la alquimia sexual? juega con todas las etiquetas, las tres X del título nos hablan de sexo, de un género fluido y de personajes diversos de carácter mutante. En una Lima muy actual, una muchacha decide convertir su vida en un trabajo de campo, profundizando en teorías esotéricas y milenarias prácticas, mientras las visiones siguen asaltándola. La autora de poemarios imprescindibles como ?Mi niña veneno en el jardín de las baladas del recuerdo?, ?Indivisible? o ?Antimateria? pisa fuerte en su ingreso al género de la novela, escribiéndola a su manera, sin perder en el camino su lúcida poesía.





? Cristy es una niña-mujer que nos cuenta en primera persona su exploración sexual. No como un libro de Yourcenar, existencialista y doloroso, sino con mucho humor. ¿Ella representa la sensibilidad de la generación ?millennial?, su forma de pensar la vida, el sexo, las relaciones de pareja?





De hecho, hay un intento deliberado de representar cómo las relaciones han ido cambiando. No solo las relaciones de pareja, sino la forma de reconocer, vivir y experimentar libremente nuestra sexualidad. Y todo ello teñido por el humor. No es un intento de hacer comedia: además de la tragedia constante, en la vida aparece el humor, sea voluntario o involuntario, como mecanismo de supervivencia. Yo me río todo el tiempo, de las cosas, de la gente, de lo divertidos que resultan los encuentros y los desencuentros, así como nuestro intento por tratar de comprender. Y sí, me identifico con esa representación de la sensibilidad ?millennial?, que me parece ausente en gran parte de la literatura peruana.





? No solo la sensibilidad ?millennial?, sino los mismos orgasmos parecen ausentes en gran parte de la narrativa peruana. ¿Tienes una explicación de por qué la literatura peruana, salvo casos puntuales, es tan conservadora en el tema sexual?





Creo que está relacionado con una sociedad muy encorsetada, de mentalidad represiva. La mayor parte de autores que ha apelado al sexo en la narrativa lo ha enfocado como una transgresión. Por eso me parecía importante hablar de la sexualidad desde su aspecto más natural y positivo, liberado de los conceptos de culpa, de sus relaciones de poder, que para mí son la causa de la agresividad que vive la sociedad. A causa de la represión, el sexo suele ser usado como un arma oscura. Y me parecía interesante hablar de él como una forma de celebrarnos, de comunicarnos, de relacionarnos de un modo distinto, conectándonos con otras energías, lo que en la novela es la máxima aspiración de Cristy.





? ¿Crees que los ?millennials?, si bien cometen los mismos errores que generaciones anteriores, por lo menos han logrado liberarse de la culpa?





A pesar de vivir en condiciones superprecarias, que nuestra situación económica es un desastre, hemos enfrentado un problema que arrastran generaciones. De pronto, decimos basta a una retahíla de abusos y agresiones. Nos hemos dado cuenta de que vivimos situaciones inadmisibles en el trato cotidiano entre hombres y mujeres, padres e hijos, incluso en lo laboral, un medio de jerarquías y abusivas relaciones de poder. Es una tarea engorrosa y horrible, pero estamos viendo que la generación ?millennial? trata de resolver esas situaciones de sistemática violencia.





? Como en la historia del éxtasis de Santa Teresa, tu novela combina el éxtasis místico con el orgasmo sexual, cuando se confunden el goce con iluminación. ¿Cómo descubres esta combinación para escribir sobre ella?





La respuesta a esa pregunta es secreta [ríe]. Quizá la religión católica apela más al sentimiento de culpa para distanciar el cuerpo del alma, pero otras creencias ven al ser humano como una unidad coherente y consecuente. De hecho, estoy más interesada en ese tipo de pensamiento, que tiene mucho que ver con la cultura andina y la oriental. Antes que el tema mismo de la sexualidad, me interesa la idea de las conexiones, lo que podrías alcanzar si simplemente te conectaras con tus sentidos y tu conciencia. Es algo ligado a la meditación y otros temas que también aparecen en la novela. A partir de ese conocimiento y reconocimiento de tu cuerpo y tu conciencia, puedes conectarte con otras unidades del cosmos. La sexualidad me interesa mucho, desde chica me reconocía como bisexual o pansexual y nunca tuve conflicto con ello. Recuerdo que el poeta Eduardo Chirinos, con quien tuve una amistad muy bonita, me dijo al conocernos que yo no conocía el pecado original. Como no había tenido una formación católica, no tenía formado el sentimiento de la culpa. Eso marca mucho a uno en su libertad de amar e imaginarse con las personas.





? En estos terribles tiempos de pandemia, vemos aparecer una serie de mercachifles e impostores en el campo de la medicina. Tu novela me hizo recordar este fenómeno, con la aparición de sectas que intentan ayudar a Cristy en su camino místico. Vivimos tiempos en que las sectas se disfrazan de ciencia y filosofía?





Con este deseo de capitalizar y sacar provecho de todo, hay estafadores y corruptos en todos los ámbitos. Y la espiritualidad no es una excepción. Como no hay un protocolo para seguir un camino espiritual, la gente puede ser muy ingenua respecto a eso. Y hay mucho mercachifle en el mundo espiritual, falsos chamanes, gente que explota de forma barata discursos complejos.





? Leyendo el título de tu novela, no puedo dejar de preguntarte tu posición sobre el lenguaje inclusivo. ¿Hasta dónde crees que hemos llegado con ese juego de disolver la diferencia de géneros?





Me gusta la idea de que sea un juego. Me gusta la capacidad de cuestionar las reglas que rigen cómo debe ser nuestra cultura. Para mí, la cultura siempre está cambiando y les pertenece a todos. Lo curioso es que, cuando presentaba la novela, en las redes sociales mucha gente la descartaba de plano solo por el lenguaje inclusivo del título. Me da risa. Había gente que quería cortarse las venas por eso, demostrando mucha intolerancia. ¡Al final, solo el título está escrito en lenguaje inclusivo! Y apelar a él me pareció consecuente con toda la novela. Tiene que ver con romper la intolerancia, mostrar otros modos de representar la diversidad sexual. ¡Ni siquiera yo sé cómo pronunciar el título de mi novela! [ríe]. Al final, la imaginación cubre esos vacíos.