Domingo, 29 de Noviembre de 2020

Solitarios y radicales

PerúEl Comercio, Perú 29 de noviembre de 2020

Por Alonso Cueto

En la era de las comunicaciones infinitas, donde cada uno puede alimentarse de las redes sociales, estamos cada vez más solos y desinformados

Por Alonso Cueto



En la era de las comunicaciones infinitas, donde cada uno puede alimentarse de las redes sociales, estamos cada vez más solos y desinformados. Vivimos en un mosaico perverso. Hoy muchos no quieren saber lo que pasa, sino lo que les gustaría que pase. Construimos camarillas virtuales con una condición: no saber de aquellos con los que no estamos de acuerdo. El Muro de Berlín se terminó hace décadas. Sin embargo, animales de trincheras al fin, hemos construido muros digitales más férreos. Incapaces de aprehender el vasto universo virtual, abrazamos solo una parte, la que más se acomoda a lo que ya pensábamos. Nunca hemos estado más polarizados y menos informados. Nuestra tecnología es moderna, pero nuestra alma sigue siendo cavernaria.





Hace apenas un poco más de 200 años, la gente se informaba por los bandos y proclamas de las autoridades. Las noticias eran periódicas y escasas. Hoy son abundantes, cambiantes, fugaces. Todo se ha disuelto en un puntillismo de núcleos inconexos, donde hay muchas pandillas de solitarios. La economista británica Noreena Hert acaba de publicar un libro llamado ?El siglo solitario?, en el que afirma que la soledad en la que vivimos es un virus existencial. Su consecuencia directa es la expansión de los populismos y los caudillismos. Los más solitarios son los más extremistas. Los anticuerpos están en el altar de una gran cantidad de devotos llenos más de rabia que de buenos deseos. No sabemos a quién queremos, pero sí a quién odiamos.





En las elecciones del martes próximo en Estados Unidos, esta tendencia tendrá un efecto. En una entrevista reciente, Andrew Marantz se refiere a la supremacía blanca como una ?idea estable y duradera en la historia de Estados Unidos?. Según Marantz, hay grupos dentro del Gobierno Estadounidense vinculados a la secta extremista conocida como el ?alt-right? o ?derecha alternativa?. La ?derecha alternativa? no tiene propiamente una ideología. Es simplemente un movimiento anti-igualitario que defiende los ?derechos? de la población blanca. La victoria de Donald Trump hace cuatro años fue vista como suya. La mayoría de sus miembros son jóvenes y activos en las redes sociales. Pero el disparate de la ?alt-right? palidece en comparación con el de la agrupación ?QAnon?. Esta última ha sembrado el rumor de una supuesta organización pedófila en la que participan miembros del Partido Demócrata y también, por qué no, actores de Hollywood. En esa visión, Trump es un enviado de Dios para detener esa red.





Según Marantz, hoy distintos sectores de la población estadounidense van a aceptar el resultado electoral que quieran aceptar. En otras palabras, si el próximo martes Fox News, siempre afín al presidente, anuncia que este ha ganado, los seguidores de Trump lo creerán, sea o no cierto.





La razón es que estamos tan fraccionados socialmente que no hay una autoridad en la que todos confíen. La misma idea de una autoridad moral ha desaparecido. Las noticias nunca han estado más sesgadas en los medios que también se han comprado un trozo de trinchera. Hoy la idea de un ?centro político? es inexistente en Estados Unidos. Si el 30% de la población que cree en Trump recibe la noticia de que ha ganado, y si tienen la fuerza en milicias y armas para defender esta idea, estaremos ante la peor de las predicciones. Dispersos y fragmentados, lejos de la globalidad, andamos más bien en un laberinto de pequeños agujeros en los que nos guarecemos por miedo. Las noticias sobre los radicalismos en todo el mundo son parte de este proceso que no sé cómo pueda acabar. Lo más probable es la violencia que se avizora.