Sábado, 05 de Diciembre de 2020

"Me preocupan los populismos autoritarios, que demandan más justicia social y beneficios, pero no tienen la actitud de ver qué funciona mejor y provocan odio por la contraparte"

ChileEl Mercurio, Chile 5 de diciembre de 2020

El también profesor de Harvard asegura que el modelo capitalista seguirá vigente porque crea prosperidad y eso permite ampliar la red de protección social y beneficiar a los más vulnerables. Respecto a Chile, reconoce que le preocupa el futuro y que el peor escenario, aunque el menos probable, sería que el país tomara el rumbo de Venezuela. El 26 de noviembre dará una charla magistral online , organizada por Colbún y que será transmitida por Emol.

No cabe duda de que este 2020 ha sido un año complejo para la humanidad. Una pandemia global, rebrotes de racismo, amenazas a la democracia y una recesión económica tan poderosa como la de los años 30. Pero, a pesar de los retrocesos, los progresos que se han hecho en salud, riqueza, felicidad, paz, libertad, tolerancia y seguridad no pueden ser subestimados", asegura Steven Pinker.
Provocador, carismático y con una visión más optimista de la humanidad, pero con datos y argumentos sólidos en la mano. Así es este sicólogo experimental y científico cognitivo, además de autor de 14 libros.
"Muchos no están conscientes de que la pobreza extrema ha caído, que hay menos guerras que en el pasado. Esto no es optimismo, sino una realidad. Mi mensaje es: hechos, tendencias y datos", aclara Pinker.
-Dado lo complejo que ha sido este 2020, ¿teme que el progreso humano se estanque a la espera de retomar la normalidad perdida?
"Respecto de 2020 no podemos ser optimistas e ignorar lo que está pasando. No hay manera de transformar esto en buenas noticias. Muchas otras formas de progreso están retrocediendo, como la pobreza, longevidad y salud. Las pandemias son parte de la vida porque las enfermedades son una amenaza para cualquier organismo y esta pandemia nos ha enseñado que no estábamos preparados para enfrentarla. Necesitamos contar con una infraestructura capaz de lidiar con la emergencia y redes que anticipen los brotes de enfermedades".
Steven Pinker nació en Montreal (Canadá) en 1954 y es doctor en Psicología Experimental de la Universidad de Harvard, misma casa de estudios donde se desempeña como profesor de psicología, además de sus labores como teórico, investigador, escritor y comunicador científico.
En su último best seller "Enlightenment Now: The case for reason, science, humanism and progress" ("En defensa de la Ilustración: Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso"), Pinker demuestra con evidencia empírica que, a pesar de quienes opinen lo contrario, hoy la humanidad es más feliz, saludable, pacífica y próspera que nunca antes.
Desde Cape Cod, Estados Unidos, donde vive junto a su mujer, cuenta que Chile no es un lugar desconocido. En 2009 visitó el país y participó en la conmemoración de los 200 años del natalicio de Charles Darwin, además de recorrer la Patagonia y Torres del Paine. En octubre de 2019 tenía programada una segunda visita, pero el estallido social lo impidió.
Este jueves, Pinker expondrá en la conferencia online "Voces con energía: ¿Podremos ser optimistas sobre el progreso humano tras la pandemia?", que organiza Colbún y que será transmitida por Emol.
-¿Cómo será el futuro pospandemia?
"Imposible saberlo, pero una opción por la que hay que trabajar es en lograr que una vacuna esté disponible lo antes posible a nivel mundial, teniendo en cuenta que ninguna inmunización será 100% efectiva. También seguirán vigentes y por un largo período las medidas de salud pública y evitar las aglomeraciones, entre otras cosas. Con esto es posible que, como sucedió con la gripe española, exista una recuperación y no tengamos que retroceder hasta el siglo XIX. Con todo lo horrible que ha sido esta pandemia, ha matado mucho menos personas que la gripe española; la tecnología biomédica hoy es mucho más sofisticada que lo que era hace 100 años y lo demuestra el hecho de que podríamos tener una vacuna efectiva en menos de un año".
-¿Comparte la visión de quienes señalan que el mundo nunca será el mismo tras esta pandemia?
"Sí, en el sentido de que el mundo nunca es el mismo, así como no te puedes bañar en el mismo río dos veces. Algunas cosas van a cambiar en forma permanente. Por ejemplo van a existir menos reuniones presenciales porque nos hemos acostumbrado al zoom y nos dimos cuenta de que no se necesita el contacto físico para todo. Eso llegó para quedarse".
-¿Las pandemias y los virus diseminados por el mundo también llegaron para quedarse y tendremos que acostumbrarnos a vivir con ellas?
"Es probable que aparezcan nuevas amenazas de enfermedades infecciosas, pero si se convertirán o no en pandemia depende de cuán rápido las detectemos y cómo las enfrentemos, y es de esperar que esas hayan sido las lecciones que aprendimos de la pandemia actual".
-¿Cómo puede la humanidad seguir progresando en estas condiciones?
"Puede continuar si desarrollamos vacunas efectivas y adoptamos medidas de salud pública, que las vamos a necesitar de todos modos. Al ver lo sucedido con otras pandemias, los retrocesos son reales, pero el mundo se recupera. Sabemos que los brotes de enfermedades se contienen simplemente porque la especie humana no se ha extinguido; el retroceso producto de la pandemia no nos lleva al punto de partida, el daño es enorme y muy trágico, pero es parcial y reversible".
-¿Cuál es su mayor preocupación de cara al futuro?
"Me preocupan los populismos autoritarios, que rechazan los datos y evidencias científicas, que creen que hay fuerzas buenas y fuerzas malas, y demandan más justicia social y beneficios, pero no tienen la actitud de mirar la data, ver qué funciona mejor y aplicar mejoras graduales. En cambio, provocan odio por la contraparte, e intentan mejorar la situación no aplicando conocimiento ni mejoras tecnológicas, sino como combate de las fuerzas buenas contra las malas. Esto es opuesto a lo que yo llamo una visión orientada al constructivismo, que asume que los problemas son inevitables, siempre van a existir, pero es fundamental diagnosticarlos y solucionarlos".
"Debe existir regulación, especialmente cuando se trata de proteger a los más vulnerables"
-¿Sigue vigente el modelo capitalista, que algunos han criticado severamente, postpandemia?
"No existe el capitalismo en el sentido de ser un mercado completamente libre, sin regulaciones y sin una red de seguridad social. Todos los países capitalistas redistribuyen un porcentaje de sus riquezas. En promedio, los países de la OCDE redistribuyen el 22% de su PIB, eso es el capitalismo hoy, no existe ese capitalismo como una utopía liberal donde no hay regulaciones, ni redistribución. Debe existir regulación, especialmente cuando se trata de proteger a los más vulnerables, que han perdido sus trabajos o están enfermos. Lo hemos visto en países como Estados Unidos, que han destinado cuantiosos paquetes de ayuda para mitigar la pandemia".
-¿Cuál es el modelo económico que mejor funciona en un mundo post pandemia?
"Ciertamente será el capitalismo, y no una economía planificada como la que existía en la ex Unión Soviética y Europa del Este, o la China maoísta, o Venezuela y Cuba actualmente. Una economía capitalista es buena porque genera prosperidad y eso permite aumentar la seguridad social y proteger a aquellos más vulnerables a los que el mercado no llega. Esa tendencia, de brindar mayor seguridad social, está en expansión y es la dirección que han tomado la mayoría de los países y seguirá así".
-¿Un capitalismo regulado y con una amplia red de protección social es la mejor forma de asegurar el progreso de aquí en adelante?
"Probablemente y la evidencia nos sugiere eso. Si miramos los países que objetivamente son más exitosos, más prósperos, con mayores expectativas de vida, más educación, menos crímenes, son precisamente aquellos con un capitalismo regulado: Noruega, Nueva Zelandia y Canadá, y es también donde las personas se sienten más felices".
-¿Qué tipo de liderazgos se van a requerir para el futuro cercano y que puedan conducir a la humanidad por la senda del progreso?
"Se requiere una combinación de conocimiento tecnocrático, de apoyarse en mucha información y en evidencia empírica, consultar expertos; pero también con habilidades emocionales, carisma, conexión y cercanía con las personas. Y por último, ser capaz de formar coaliciones para negociar con la oposición y lograr que las cosas ocurran, porque siempre va a haber alguien en contra tuyo y hay que saber manejar eso".
-¿Qué líderes destaca por su desempeño en esta pandemia?
"Angela Merkel, la Primera Ministra alemana, lo ha hecho bastante bien y también la Primera ministra de Nueva Zelandia, Jacinda Ardern. Barak Obama hizo un buen trabajo cuando fue Presidente de Estados Unidos, considerando que le tocó la crisis económica de 2008 y dos guerras desastrosas: Afganistán e Irán. Típicamente alguien liberal, democrático pero no izquierdista, puede ser el más exitoso y la manera de evidenciar eso es viendo qué tan bien está el país en términos de medidas objetivas, como son la expectativa de vida, felicidad y otras".
"Un liderazgo político hábil debe lograr que la gente sienta que no todo va a las elites"-Chile vivió un estallido social. ¿Qué visión tiene usted al respecto?
"Efectivamente, Chile es un ejemplo perfecto de lo que yo hablo. En el contexto latinoamericano es un país con buen desempeño, con una democracia estable, pero el poco aprecio a este progreso ha alentado una serie de protestas y actos violentos. Además, existe la percepción de que gran parte del progreso alcanzado quedó en manos de una elite económica muy pequeña, lo que acrecentó las desigualdades en el país. Era muy difícil predecir que el alza en las tarifas del metro iba a gatillar las protestas y destrucción; en Francia fue el alza del impuesto a los combustibles. Un liderazgo político hábil, además de potenciar la prosperidad y progreso, debe lograr que la gente sienta que es parte de eso y no que todo va a las elites".
-¿Le preocupa el futuro de Chile y lo que pueda pasar en estos años de incertidumbre en que se redacta una nueva Constitución?
"Sí, pero no sería sorprendente que una redistribución, que es el patrón de las democracias prósperas, sea el camino que siga Chile. En Estados Unidos, durante la era progresista hubo protestas violentas y huelgas, y eso provocó la mayor oleada de reformas en los años 30, con una gran expansión de la seguridad social, los seguros bancarios, más inversión pública en infraestructura. Generalmente, es un proceso en dos etapas: un país se enriquece y con esa prosperidad invierte en bienes públicos y en una red de seguridad social".
-¿Puede Chile perderse en este proceso?
"Estoy preocupado, pero dado que en Chile la desigualdad era tan grande, probablemente algún grado de corrección era inevitable. Pero los cambios hechos en respuesta a amenazas y violencia pueden resultar extremos hacia otra dirección, y ahí me refiero al desastre que es Venezuela".
-¿Chile podría seguir el camino de Venezuela?
"Lo peor que podría pasar es que Chile vaya en la dirección de Venezuela, que se revierta el crecimiento económico, y eso combinado con gobiernos autoritarios. Ese sería el peor escenario. Pero si las instituciones y las personas permanecen estables y aferradas a sus valores y normas, se puede evitar llegar a ese extremo y eso me hace creer que probablemente Chile no se va a convertir en una Venezuela".
Lo peor que podría pasar es que Chile vaya en la dirección de Venezuela. Ese sería el peor escenario. Pero probablemente Chile no se va a convertir en una Venezuela".