Sábado, 05 de Diciembre de 2020

Propagan árbol en estado crítico

Puerto RicoEl Nuevo Dia, Puerto Rico 5 de diciembre de 2020

Un esfuerzo colaborativo logró -por primera vez- la propagación del árbol Auerodendron pauciflorum, una especie endémica de Puerto Rico tan rara que ni nombre común tiene y que está en estado crítico de peligro de extinción

Un esfuerzo colaborativo logró -por primera vez- la propagación del árbol Auerodendron pauciflorum, una especie endémica de Puerto Rico tan rara que ni nombre común tiene y que está en estado crítico de peligro de extinción.
Es, por lo tanto, un "paso adelante a favor de la recuperación" de la especie, de la que tampoco hay muchos estudios científicos, indicó Alcides Morales, coordinador de manejo de la Reserva Natural Hacienda La Esperanza, en Manatí, que es administrada por la organización sin fines de lucro Para la Naturaleza.
Precisamente, fue en La Esperanza donde se sembraron, el pasado 15 de septiembre, los primeros 50 individuos de Auerodendron pauciflorum, sin que hasta ahora haya reportes de mortandad, deficiencia de nutrientes o presencia de plagas, entre otros males.
"Los individuos se ven muy saludables. Ya tienen un poquito de crecimiento, apenas una pulgada, pero han crecido algo. Todo está corriendo como esperábamos", dijo Morales al El Nuevo Día, tras explicar que los árboles sembrados tenían una altura de entre 4 y 5 pies.
Aparte de Para la Naturaleza, en el proyecto de propagación colaboran el Servicio federal de Pesca y Vida Silvestre (USFWS, en inglés) y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA). La expectativa de las tres entidades es que, antes de fin de año, se siembren otros 50 árboles en el Área Natural Protegida Río Encantado, en Florida.
"Estamos en la selección de la localidad ideal para poder sembrarlos, pero esperamos que sea en las próximas semanas", expresó Morales, quien es agrónomo, botánico y ornitólogo (experto en aves).
Cuando se complete la siembra de los 100 árboles, la población de Auerodendron pauciflorum se habrá triplicado, ya que -al momento- solo se conocen 24 individuos. Esos 24 individuos son adultos y están restringidos en dos poblaciones: Isabela y Aguadilla. En esta última, apenas hay un árbol reportado.
"Es una especie que solo crece en el karso boscoso norteño, así que su distribución es bien reducida, y sus números poblacionales tan bajos la ponen en una posición bien crítica de conservación. Es una especie que está ante un panorama de vulnerabilidad mayor", sostuvo Morales, al recordar que el árbol ingresó a la lista federal de especies en peligro de extinción en 1994. El DRNA también le dio protección estatal.
Históricamente, la principal amenaza para la especie ha sido la modificación o destrucción de su hábitat debido a "la presión de desarrollo" de proyectos turísticos y residenciales no sustentables y autopistas. Ante eso, Morales dijo que cada árbol sembrado estará bajo un plan de monitoreo y acompañamiento, que procura que crezcan de forma sana y segura.
"Se visitan mensualmente para mantenimiento y desyerbo de vegetación indeseada. Si no está lloviendo o hay sequía extrema, se les provee riego. También, se les mide tanto la altura como el diámetro a la altura del pecho para saber cuándo están creciendo los troncos", explicó.
Agregó que, como parte del plan de monitoreo y acompañamiento, los árboles son georreferenciados "para saber dónde se sembraron" y se les coloca una etiqueta o chapa con un número individualizado.
"Todo esto nos ayudará a mantener un registro de tasas de crecimiento, de cuán rápido o lento maduran -porque se desconoce cuál es la edad en la que llegan a su madurez sexual- y en qué época dan flores y frutos. Tampoco se sabe cuáles son los polinizadores de las flores ni qué animales se alimentan de las frutas y pueden dispersar las semillas. Esta es una oportunidad única en la recuperación de la especie, y levantar toda esta información vital se puede traducir en aumentar significativamente su población", afirmó.
El proyecto de propagación es posible gracias a que, en 2018 y durante una exploración por la zona del karso boscoso en Isabela, Morales dio con los frutos del Auerodendron pauciflorum sin saber -en ese entonces- de qué se trataba. Llevó las semillas a un laboratorio, las limpió y, una vez germinaron, identificó características de las hojas y el tallo que le permitieron determinar que era la especie.
Sorprendido -"porque es una especie de la que se conoce muy poco"-, se comunicó con biólogos, botánicos y otros científicos del USFWS y el DRNA para coordinar el esfuerzo conjunto de propagación y "sembrar árboles en el campo, en lugares que cumplan con los requisitos de hábitat". Se escogieron La Esperanza y Río Encantado no solo por estar en el karso boscoso norteño, sino por ser espacios preservados y de relativo fácil acceso.