Viernes, 12 de Agosto de 2022

¿A qué hora se acaba la fiesta?

ColombiaEl Tiempo, Colombia 2 de julio de 2022

Están desatados los festejos por la victoria de Gustavo Petro y Francia Márquez, y es entendible

Están desatados los festejos por la victoria de Gustavo Petro y Francia Márquez, y es entendible. Su elección era impensada hace unos años y su llegada al poder abre todo un menú de nuevas posibilidades para el país. Pero es que les celebran cualquier cosa, en especial a Francia. La ropa que usa, si saluda de mano al personal de aseo de la Vicepresidencia, que diga que vamos a vivir sabroso. Le dicen ‘Diosa’ y en ocasiones ‘Reina’, lo que encuentro tan idiota como decirle ‘Dios’ a un futbolista. Y en cuanto a lo de vivir sabroso, otra pendejada, un eslogan de campaña tan pegajoso como el ‘Bienvenidos al futuro’ de Gaviria. No sé cuándo dejaremos de creer en la publicidad. Todo con ellos dos es una maravilla, administración de calidad como no habíamos visto en este país. Y en parte es cierto porque los que han estado al mando durante los últimos años han sido tan pailas que cualquier cosa parece mejor que ellos, hasta el pájaro de plástico que usó Homero en un capítulo de Los Simpson para que hiciera el trabajo por él. Más allá de sus aciertos y virtudes, la gran fortaleza de Petro es que lo que había antes de él era muy regular. Se habla también del gran acuerdo nacional que está logrando el nuevo presidente, y sí, es llamativo que tantas voces diversas se hayan acercado dispuestas a dialogar; solo faltan Marbelle y Polo Polo para que seamos una sola nación indivisible. Reuniones con Uribe y Rodolfo Hernández, un Congreso favorable con más sesenta senadores apoyándolo, todo invita al optimismo, pero algo no cuadra. Yo lo que veo es que están pactando, repartiéndose la torta y velando por sus intereses como en las películas de mafiosos tipo Goodfellas que tanto me gustan. También veo que estamos cargando demasiado a la administración entrante. Como dice un escritor: "Casi todo en la vida empieza por una necesidad de orden personal a la que luego encontramos motivaciones históricas". Lo que yo entiendo, o quiero entender, con la frase es que las grandes misiones colectivas empiezan siendo necesidades individuales. Y aunque sabemos que es imposible, mucha gente espera que las mejoras con Petro se vean de inmediato. Y sí, un buen administrador logra resultados, pero no podemos dejar en él toda la responsabilidad. Lo que quiero decir, a ver si yo mismo me entiendo, es que hay que encontrar un balance entre lo público y lo privado, lo colectivo y lo personal. Nuestro bienestar depende de un sistema eficiente, pero también de nuestro esfuerzo, de aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Se trata de equilibrio, de no irse al extremo de creer que el pobre es pobre porque quiere ni de pensar que si el Gobierno me da todo, mis problemas habrán desaparecido. Y es ahí donde me cuesta unirme a los festejos, porque tengo poca fe en los colombianos por mucha vergüenza que me cueste reconocerlo. Me refiero al colombiano promedio de hoy, es decir, al 95 por ciento de la población. Somos flojos, incumplidos, mentirosos, envidiosos y nos encanta victimizarnos. Aunque en varios aspectos la razón de nuestros males es el gobierno que elegimos, en general nos encanta culpar de nuestras faltas a alguien más. Como le leí a alguien hace poco, a veces confundimos la palabra privilegios con la palabra esfuerzo, y la palabra flojera con la palabra desventaja. Al margen de que Petro acierte o se equivoque en sus decisiones, cuando veamos que el cambio que está prometiendo no llega y sigamos sin entender que dicha transformación colectiva empieza con el cambio individual, su popularidad empezara a bajar. Por muy etéreo que sea el término, vivir sabroso depende de un Estado responsable, pero es imposible lograrlo si no nos reponemos de nuestra propia mediocridad.
La victoria de Petro
Adolfo Zableh Durán