Viernes, 03 de Febrero de 2023

El valor del tiempo

ColombiaEl Tiempo, Colombia 6 de diciembre de 2022

Siempre se ha dicho que "el tiempo es oro", y cuantos más años tengo, la frase cobra mayor sentido

Siempre se ha dicho que "el tiempo es oro", y cuantos más años tengo, la frase cobra mayor sentido. Cada vez encuentro más fatigosas actividades sociales y burocráticas inútiles. Reuniones que se prolongan porque cada quien llega a horas diferentes y hay que repetir una y otra vez las mismas cosas. Trámites sencillos que duran semanas empantanados en decenas de procedimientos. Es un continuo robo de horas, días y semanas perdidas para hacer cosas productivas. La vida es una limitada cuota de tiempo que se concede a cada ser humano para ocupar un lugar en el mundo y realizar un trayecto que eventualmente le permita reconocerse como alguien valioso, capaz de mejorar su existencia durante unas décadas y, quizá, contribuir a mejorar la existencia de otros si encuentra las condiciones apropiadas para aprovechar al máximo sus capacidades y talentos. En este esfuerzo cada minuto cuenta. Quienes nacen en ambientes enriquecidos, con padres amorosos que les dan su propio tiempo como alimento y se esmeran en su educación desde la primera infancia, pueden descubrir pronto sus mejores cualidades y desarrollarlas. Desde el inicio ganan tiempo con respecto a los millones que han nacido en condiciones menos favorables y reciben menos horas de educación efectiva. Un estudio hecho por investigadoras de la U. Javeriana muestra que por efecto de los paros de maestros, en un período de más de una década, los estudiantes de los colegios oficiales perdieron alrededor del 30 % de los días de clase. Ahí hay una brecha enorme que se añade a la ausencia de educación inicial y a las carencias educativas de la familia. También el tiempo tiene otros significados. El trabajo asalariado es la enajenación de mi tiempo, convertido en el tiempo de otro que puede disponer de mis horas a cambio de una remuneración. No es gratuita la constante discusión sobre la dignificación del trabajo y las crecientes expectativas de los trabajadores, pues ellos saben que lo único que tienen para vender son sus horas laborales y todos sabemos que el conocimiento y el capital no sirven de nada sin el tiempo invertido por las personas en las miles de actividades requeridas para el buen funcionamiento de la sociedad. El desarrollo de una nación está profundamente ligado con su concepción del tiempo: reducir trámites, mejorar la movilidad, mejorar las comunicaciones, hacer eficiente la toma de decisiones, administrar con prontitud la justicia... todas son formas de ser respetuosos con el tiempo de la gente. Y, desde luego, desarrollar una cultura de la puntualidad que denota respeto por el otro y coherencia con los postulados de igualdad: el tiempo del príncipe vale tanto como el del mendigo. En sociedades como la suiza, la alemana o la japonesa es inconcebible el retraso en una cita: eso basta para acabar con negocios o generar problemas de Estado. Una de las peores expresiones del poder de unas personas sobre otras es su abuso del tiempo ajeno. Esperar durante hora y media ser atendido por un médico que ha puesto una cita, deja a la persona enferma y angustiada en un total estado de indefensión. Si una aerolínea decide cancelar un vuelo sin dar explicación a un centenar de pasajeros confiados en la seriedad de la empresa, pueden suscitarse brotes de agresividad y violencia. Si es un hombre quien deja vestida y arreglada a su esposa para ir a una fiesta y no aparece y si, además, eso ocurre con frecuencia puede tipificarse maltrato intrafamiliar, que al final concluya en divorcio. Pero si un jefe de Estado no respeta el tiempo de otros jefes de Estado, de otras ramas del poder público, de alcaldes que se han desplazado desde sus municipios, de las fuerzas militares, de las comunidades o de sus ministros, se incuba una situación complicada, pues carece de funcionarios capaces de organizar su agenda o cree que el tiempo del resto de la humanidad le pertenece a él de manera incondicional, como creían los monarcas de antaño. fcajiao11@gmail.com
Cultura de puntualidad
Francisco Cajiao