El edadismo a combatir
El problema es educativo, moral y espiritual. Es cuestión de advertir que nos falla la doctrina sobre cómo envejecer.
El título de hoy acuña un "ismo" de reciente desembarco. No figuraba en el Diccionario de las Academias hispanoamericanas de principios de siglo y aparece en la 23ª edición actual del DRAE. Edadismo es "la discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o ancianas".
El vocablo viene al caso, porque la fecha de ayer , 15 de junio, fue declarada por Naciones Unidas "Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y el Maltrato en la Vejez"
Los datos que publica la web de la ONU son estremecedores: "una de cada seis personas mayores de 60 años sufrió algún tipo de abuso en entornos comunitarios; las tasas de maltrato son altas en residencias de ancianos y centros de atención de larga duración" y "aumentaron durante la pandemia de Covid; se prevé un crecimiento del problema por el envejecimiento", que "hará que la población mundial de mayores de 60 años se duplique con creces, pasando "de 900 millones en 2015 a unos 2000 millones en 2050".
Son cifras que aplastan, máxime si uno recuerda que cuando era niño "El Mundo Tal Cual Es" de Giuffra y Di Leoni enseñaba que la población total del planeta estaba por llegar a esos 2.000 millones de gente de la tercera edad que se prevén para dentro de sólo 27 años. Pero por mucho que nos estremezca la cifra, ella no agota el tema, porque el asunto no es cuantitativo sino cualitativo y humano.
Tanto lo es, que los males que denuncia la ONU interpelan a quienes manejan las normas que se violan a mansalva, pero mucho más denuncian la caída de las relaciones persona a persona y el debilitamiento y la desaparición de los vínculos familiares, consecuencias todas de haber vulgarizado el desinterés por el otro, el relativismo y la pérdida de principios.
El abuso y el maltrato en la vejez llegan a ser lacerantes cuando nos topamos con ellos -por ejemplo, en nuestra profesión de abogado. Hemos visto en los últimos años gente internada en casas de salud contra su voluntad y mediante engaños; ancianos estafados; y viejos lúcidos y robustos entontecidos por pastillas, con la vista perdida ante el televisor del patio donde están casi presos. Se ven destratos y despojos, de los cuales sólo una parte mínima llega a los multiplicados Juzgados de Familia Especializada (Violencia Doméstica), que, a su vez, poco pueden hacer porque el problema, así como no es sólo cuantitativo, tampoco es sólo jurídico. Es educativo, moral y espiritual; y se proyecta en la cuasi muerte civil que se inflige al adulto mayor cuando se lo excluye, a la fuerza, de su trabajo, del mundo del crédito bancario y mucho más.
En el mundo actual, los datos se desploman sobre nosotros no para invitarnos a pensar sino para aturdirnos. A la persona mal entrenada, la invitan a bajar la guardia. Los números macro operan como vallas opuestas al vibrar del pensamiento, fenómeno para el cual Byung-Chul Han acaba de acuñar otro "ismo": el dataísmo.
Entonces, no es cosa de que las estadísticas de este Día Internacional se usen, igual que otras, para azuzar el combate de un sector etario contra otro. No es cosa de contraponer a los de la "clase" de 1940 con los de 1990 o 2000, planteando una guerra de intereses.
Es cuestión de advertir que nos falla la doctrina sobre cómo envejecer en la misma forma que tenemos agujeros negros en la teoría de la persona, por haber abandonado la inspiración humanista, esa que llama a que todos seamos lo más plenos que logremos en cada etapa de nuestra vida, de modo de envejecer creciendo, en vez de entregarse.