Sábado, 20 de Abril de 2024

Millos logró un heroico empate con Flamengo

ColombiaEl Tiempo, Colombia 3 de abril de 2024

REDACTOR DE EL TIEMPO @PabloRomeroET
CRÓNICA Pablo Romero
Pudo ser mejor

REDACTOR DE EL TIEMPO @PabloRomeroET
CRÓNICA Pablo Romero
Pudo ser mejor. Pudo ser un final más glorioso para Millonarios, porque no fue inferior a Flamengo, porque le dio batalla y porque cuando perdía y se quedó con 10 hombres, apeló a su furia azul, a su coraje, y logró un empate 1-1 en su estreno en la fase de grupos de la Copa Libertadores. Un empate que le sabe bien, aunque pudo ser mejor. Millonarios tuvo como primer reto demostrarle a Flamengo que no había miedos, que a ese rival tan fuerte se le podía jugar, llegar, agredir, ganarle. Esa era la misión, ir tomando confianza para que el fútbol fluyera. Leo Castro, que reaparecía para avivar la confianza de los hinchas, lanzó el primer remate muy rápido, para calentar motores. Aún no sabía, no se imaginaba, que más adelante se iba a perder un gol que hubiera cambiado la historia. Flamengo jugaba a otro ritmo, sin desgastarse mucho, pero sus ataques eran bestiales, como para poner los pelos de punta a cualquiera. Cuando Arrascaeta daba la señal, Flamengo era una manada hambrienta y feroz. Uno, dos, tres toques, con Pedro, con Cebolinha, en velocidad, para destruir la defensa o al menos hacerla temblar. Fue así como Matías Viña quedó solo de frente al arco, tuvo tiempo para perfilarse y recibir la pelota -y para tomarse un tinto si hubiera querido-, con tanta comodidad, pero algo le pasó, porque no impactó bien, debió ser por el clamor de la fanaticada azul, sus rezos sinceros, su fuerza colectiva, porque Viña tiró la pelota al cielo. Uffff, soltó el aire comprimido la afición, una afición que vivió el partido con los dientes apretados. Los más pesimistas se dieron cuenta de que en realidad ese rival era poderoso. Sobre todo cuando minutos después fue Álvaro Montero el que puso sus manos de hierro para desviar un remate de Bruno Henrique. Sin embargo, Millonarios tuvo su reacción. Daniel Cataño tuvo un par de remates que pudieron tener mejor destino. Eran las escaramuzas de un Millonarios que quería dar batalla, que no se dejaba imponer condiciones, y que se fue convenciendo de que sí podía, hasta que generó su mejor oportunidad, la que hizo sacudir El Campín, una tocata linda, precisa, un centro de Alfonzo directo al área, donde Leonardo Castro desplegó sus alas y se lanzó con fuerza y corazón para impactar un cabezazo bestial, directo al arco, solo que el vertical se le movió una milésima y el impacto de la bola con el palo sonó como un poderoso trueno en Bogotá, al tiempo que el corazón volvía al pecho de cada hincha, de cada jugador, de Alberto Gamero. Era gol. No lo fue. ¿Por qué no fue?, se preguntan hoy, se preguntarán mañana... Giordana también tuvo su remate antes de terminar el primer tiempo, ya no fue una opción tan clara, pero fue otro acercamiento que hizo arder las tribunas. La afición, aún estremecida por el palazo de Castro, volvió a gritar y a saltar. Millos se fue al descanso con la cabeza en alto. La afición esperaba que Millonarios jugara el segundo tiempo con la misma convicción, pero el Millonarios del segundo tiempo se apagó. Era como si la fiereza se hubiera desgastado en la primera parte y ya no quedara más. Flamengo jugó con tranquilidad, como si el empate fuera un buen resultado paras sus planes o como si sencillamente confiara en que en cualquier instante su gloria iba a descender a El Campín. Al minuto 61 Millonarios pecó, un pecado grave, una mala salida y la defensa quedó expuesta. Larry Vásquez, en un intento desesperado, se arrojó sobre Arrascaeta. Penalti... Roja para Vásquez... Reclamo azul... Que fue afuera, peleaban... El árbitro, implacable... Pedro fue el verdugo, definió con frialdad, al centro, arriba, lejos de Montero y fue gol, el 0-1. Con ese panorama, difícil pensar que iba a llegar el empate. Gamero se rascó la cabeza y movió sus fichas. Entraron Emerson y Ruiz para darle vida al equipo. Emerson desbordó con gambeta brasileña y le metió el pase a Ruiz para que este sacara un remate inesperado, la pelota entró lenta, con drama, empujada por el soplo de toda una afición, y fue el 1-1, en 80 minutos. Millonarios quería ganar, pudo, pero salvó un empate que le supo a gloria.
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