El Comercio, Perú
26 de enero de 2025
Por Editor de Política
Sería interesante saber qué pensaba hace unos años la hoy presidenta Dina Boluarte de políticos como César Acuña o Keiko Fujimori
Por Editor de Política
Sería interesante saber qué pensaba hace unos años la hoy presidenta Dina Boluarte de políticos como César Acuña o Keiko Fujimori. Lamentablemente, todo rastro de su presencia en la red social X desapareció cuando llegó a Palacio tras el golpe de Estado de Pedro Castillo. Los tuits de @dinaercilia fueron borrados para siempre, aunque en el recuerdo de algunos queda un desatinado comentario sobre la muerte del expresidente Alan García.
Esto viene a colación porque esta semana, a propósito de su presentación en Davos, muchos han recordado el mensaje que dio en ese mismo foro en el 2022. A diferencia de los tuits de @dinaercilia, Boluarte no ha podido eliminar los videos del discurso en el que, en tono victimizante, arremetía contra la derecha peruana por no dejar ?gobernar en paz? a su excompañero de fórmula. También ha quedado registrada para la posteridad la posición abiertamente antiminera que tenía en aquella época.
Esta semana, los asistentes al Foro de Davos vieron y escucharon a una Dina Boluarte totalmente distinta. Y no solo por los retoques que le han costado una investigación en la fiscalía. La otrora representante de un pobre gobierno perseguido por la malvada derecha (la misma que hoy la sostiene desde el Congreso) es hoy la presidenta de un país imaginario que ?ha recuperado su tranquilidad política, económica y social?. Luego pareció atravesar por unos instantes el portal que une ese universo paralelo con el nuestro y reconoció que existe un problema de inseguridad ciudadana y crimen organizado, pero lo atribuyó a una situación global. Casi la misma estrategia de Pedro Castillo cuando culpaba de todos los problemas del país a la guerra entre Rusia y Croacia (sic).
La Boluarte del 2022 fue a Davos a pintar un país amenazado por la contaminación minera. La del 2025 difundió la leyenda del paraíso de la ?gobernanza tranquila?. En solo tres años, en la narrativa de la presidenta, el Perú pasó de la distopía a la utopía.