Jueves, 26 de Marzo de 2026

¿Una tercera vez?

ChileEl Mercurio, Chile 11 de febrero de 2025

Se habla nuevamente en el oficialismo de una candidatura de Michelle Bachelet

Se habla nuevamente en el oficialismo de una candidatura de Michelle Bachelet. La expresidenta parecía haber descartado esa posibilidad hace algún tiempo, pero la ausencia de postulantes fuertes en las izquierdas ha hecho resurgir su figura. En la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (de agosto y septiembre pasado), ella fue la segunda persona, después de Evelyn Matthei, con la más alta evaluación neta (positiva menos negativa), lo que daba cuenta de su potencial como eventual candidata presidencial. No es extraño, entonces, que ahora aparezca nuevamente en las encuestas periódicas con un apoyo muy superior al de otras figuras políticas de su sector. Por cierto, estos sondeos dan cuenta de un escenario muy fluido. Quizás la mejor demostración es el alza que ha presentando el diputado Johannes Kaiser, ascendiendo en algunos casos al segundo lugar, por encima de la propia Bachelet y de José Antonio Kast, quien en algún momento apareciera como la alternativa más atractiva para los sectores más "duros" de la derecha; hoy, es el diputado Kaiser quien parece ocupar ese lugar. Indudablemente el hecho de que Bachelet aparezca con un nivel de votación similar al apoyo que concitan esas dos figuras más derechistas sugiere una debilidad "estructural" de la izquierda, que incluso su buena evaluación no logra atenuar. Por contraste, el surgimiento competitivo de más de una derecha sugiere una fortaleza "sistémica".
En sus escritos y declaraciones, Bachelet ha estado preocupada de erigir a la izquierda como una suerte de defensa frente al avance de lo que llama la "ultraderecha" en diversas latitudes. Es un análisis muy insuficiente, particularmente si se aterriza en Chile, donde la derecha más dura, si bien tiene algunos elementos en común con esas corrientes a las que la exmandataria alude, dista de tener una comunidad de pensamiento con ellas. Más importante aún, Chile Vamos parece ser una contención más efectiva frente a esos sectores, sin renunciar a valores compartidos, como la confianza en las decisiones de las personas, la libertad económica y la desconfianza en el Estado como reemplazante de la iniciativa personal. La elección de gobiernos regionales y locales demostró que la alianza de centroderecha tiene la capacidad de enfrentar electoralmente a esas otras derechas, las que si bien tuvieron resultados respetables, no amagaron el potencial de la coalición más tradicional; ello, aun cuando, obviamente el escenario dista de estar cerrado.
La interrogante, entonces, para una candidatura de la expresidenta es qué puede ofrecerle al país en el momento actual para sumar una votación respetable que le permita tener una posibilidad real de alcanzar por tercera vez la primera magistratura y asegurar una adecuada representación de su sector en el Congreso, una motivación central de los partidos de las izquierdas para mirar con buenos ojos su postulación. La contención de la "ultraderecha" como argumento es inútil y más bien ayuda a Chile Vamos. Más aún cuando el escenario va a estar muy marcado por los ejes de seguridad ciudadana, progreso económico y responsabilidad fiscal, incómodos para la izquierda. A ello hay que sumar que la expresidenta no ha estado sometida a un escrutinio real por las reformas que lideró en su segundo gobierno, las que el paso del tiempo ha hecho, con pocas excepciones, envejecer muy mal.
En el pasado se cuestionaba mucho a la derecha por su falta de relato. Aún es débil en ese ámbito, pero ha ido encontrando sus mensajes. La izquierda actual, en cambio, parece desarticulada, sin políticas convincentes y con un relato completamente ausente o inapropiado para los tiempos actuales. En política no existen las candidaturas salvadoras, sino que las agendas robustas, con una orientación de largo plazo y con los contenidos apropiados para la coyuntura que vive una nación específica. Es en estas dimensiones donde la izquierda ha perdido el rumbo. Correr simplemente a refugiarse en la figura de la expresidenta no parece la forma de recuperarlo.
No existen las candidaturas salvadoras, sino las agendas robustas. Es en estas dimensiones donde la izquierda ha perdido el rumbo.
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