Noticias y esperanza
No siempre las noticias son buenas y, por ende, estas han de conocerse y de vivirse con un pie en la tierra y con el otro en el deseo del cielo
No siempre las noticias son buenas y, por ende, estas han de conocerse y de vivirse con un pie en la tierra y con el otro en el deseo del cielo. No se trata de rehuirlas, sino de sopesarlas a la luz del destino eterno, no como una renuncia a las preocupaciones temporales y transitorias, pero sí alejándose del abatimiento que capitula y que, quizás, hace ver nubarrones donde no existen y que más bien se alojan en la imaginación. Evidentemente, no se trata de minimizar lo malo; por el contrario, debe asumirse y enfrentarse para tratar de revertirlo o aliviarlo. Pero ni éxitos ni tragedias tienen la última palabra en la biografía de cada uno, al menos no en un sentido puramente mundano.
Hay algo más. Los sucesos están inmersos en una trama mayor, la mayoría de las veces inescrutable en el momento presente, pero que paulatinamente se va aclarando de manera retrospectiva. No hay que olvidar, asimismo, que también acontecen muchas y buenas noticias, las que por cierto alegran y son un aliciente en el tiempo en el que se dan.
Esta mezcla entre lo bueno y lo malo es un signo para no fijar la mente y la ambición únicamente en el aquí y ahora, pues ni siquiera esto depende en demasía de cada uno.