La lectura se extiende en el transporte público
Bibliometro reinaugurará transformado, el 27 de febrero, el módulo en la estación Universidad de Chile, mientras que la BPDigital continúa creciendo en sus préstamos.
Cada día utilizar el transporte público puede ser una aventura nueva. La premisa no solo se refiere a la constante recepción de estímulos que se deriva de su uso, sino que también significa ampliar nuestras posibilidades de ingresar a diversos universos literarios. Desde 1996 que el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas (SNBP), que pertenece al Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, ha desarrollado una red de acceso público que acerca la lectura a diferentes usuarios.
"Para nosotros es fundamental poder entregar y facilitar el acceso a la lectura, por lo tanto, hemos buscado distintas líneas que nos permitan estar en lugares de alto tránsito, de espera y en los trayectos cotidianos de movilización de las personas", explica la subdirectora del SNBP, Paula Larraín, sobre sacar la actividad de los espacios tradicionales. Ante ello, los programas Bibliometro y la Biblioteca Pública Digital (BPDigital) son los principales ejes para capturar lectores.
Estos servicios bibliotecarios responden, desde su oferta literaria y modalidades, al caracter masivo de los espacios públicos. "Se trata de dar alternativas. A algunos les acomoda un soporte y a otros uno diferente, entonces hay que posibilitar eso", sostiene Larraín.
La BPDigital, que se posiciona como el sistema que más préstamos realiza anualmente -con 439.752 en el último año-, dispone de 22 mil títulos y su presencia en la vía pública se extiende a más de 80 puntos de descarga literaria digital a nivel nacional. Aunque el proyecto se encuentra también en el aeropuerto de Pudahuel y consulados del país en el extranjero, dentro de Santiago los módulos, que incluyen también áreas de descanso, se encuentran en las estaciones del metro de la Línea 6: Inés de Suárez y Ñuñoa. La iniciativa consiste en presentar portadas que se pueden escanear con códigos QR para acceder a un ejemplar.
Mientras que, cerca de 33 mil títulos es la oferta del programa Bibliometro, que surgió en 1996 en convenio con Metro de Santiago, con tres módulos, en las estaciones Cal y Canto, Los Héroes y Tobalaba. Actualmente, en la red subterránea hay 21 puntos y cuatro máquinas de autoservicio (como si fuera ese tipo de máquinas para sacar café, bebidas o dulces), pero se ha extendido a Valparaíso, con tres sedes; está en hospitales y tiene una sala de lectura en el Palacio Pereira. Pese a su variada cobertura, es el tercer sistema bibliotecario con más préstamos, superado por la Biblioteca de Santiago.
En el último año, reabrió el módulo de la estación Macul -afectado por el estallido de 2019- y se sumó a su red un nuevo punto en Los Libertadores, que ha permitido el acceso de más de dos mil títulos a usuarios de este terminal y que une por primera vez al programa a las comunas de Quilicura, Huechuraba, Colina y Conchalí.
Su renovación continúa este 27 de febrero con la reinauguración del espacio en la estación Universidad de Chile. "Para nosotros siempre es importante poder ir llegando a la mayor cantidad de espacios y rincones con las colecciones y con las acciones de fomento lector. Nos tiene muy contentos poder finalmente presentar este nuevo punto", menciona Larraín. El módulo contará con 2.760 títulos que ahondan en temáticas de ciencias sociales, música, arte, literatura infantil y juvenil y narrativa chilena, entre otros.
El incremento en la cobertura y oferta literaria responde a "la sorpresa que nos ha generado que, por ejemplo, en la pandemia aumentamos, a través de la BPDigital, un 48% los préstamos. Los usuarios buscaron alternativas. Entonces, de alguna manera, creemos que hay que responder a eso", afirma Larraín. Además, el éxito de la iniciativa retrata un interés presente por acceder a la lectura. "Hemos ido aumentando sostenidamente porque creemos que se está leyendo más", añade la autoridad.
Sin embargo, las nuevas estrategias para hacer del transporte público un espacio convencional para los libros se mantienen en lo subterráneo. Los paraderos de la micro están a la espera de proyectos de fomento lector. "Tenemos que buscar nuevas tácticas y posibilitar estar en otros medios", dice Paula Larraín.