Convivir con el riesgo, los aprendizajes que dejó el 27F
Tras el impacto del sismo que afectó a ciudades, pueblos y caletas se dio paso al mayor proceso de reconstrucción en la historia de Chile. Varios de sus principales protagonistas dan luces del trabajo hecho y de la importancia de tener una política para afrontar los desastres naturales.
Justo hace 15 años, el país comenzaba a saber más de los daños producidos por el megaterremoto de 8,8 grados en la escala de Richter y el posterior tsunami que arrasó con el borde costero de la zona centrosur, los que acontecieron en la madrugada del 27 de febrero de 2010. Edificios completa o parcialmente dañados, pueblos en ruinas, caletas desoladas, 500 mil viviendas con graves daños, dos millones de damnificados y 525 personas fallecidas fue el resultado de una noche que quedaría en la memoria de toda la población nacional.
Desde un comienzo, el llamado fue impulsar la reconstrucción, lo que se acentúo con el arribo del gobierno del expresidente Sebastián Piñera, quien asumió a los pocos días de acontecido el sismo, mientras aún se sentían fuertes réplicas y se vivía en un estado de incertidumbre que se acentuaba al presenciar día a día la destrucción en las calles, sufrir la falta de agua dulce y soportar apagones eléctricos generalizados que se extendieron durante semanas.
Con el fin de reconstruir Chile, el gobierno convocó a organismos estatales, miembros de la sociedad civil, arquitectos, urbanistas e ingenieros, además de la academia, para llevar a cabo un plan para recuperar estructuras dañadas por un valor aproximado de 1.200 millones de dólares, como se estimó en un comienzo tras el desastre.
Liderando la reconstrucción
Una de las personas a cargo de liderar la reconstrucción fue la entonces ministra de Vivienda y Urbanismo, Magdalena Matte, quien por primera vez se refiere al trabajo realizado tras dejar su cargo en 2011. Según la exautoridad, "lo primero que hicimos fue efectuar un catastro de todas las comunas afectadas. Advertimos grandes dificultades para precisar los daños y perjuicios causados, dadas las enormes diferencias en la destrucción de las edificaciones, en la condición de los propietarios y en las situaciones de sus ocupantes. El resultado fue que debíamos encontrar una solución definitiva para 220 mil familias. Había casas y edificios con daños estructurales, muchos de los cuales debieron ser demolidos, y otros necesitaban de una reconstrucción de mayor o menor magnitud. También había que regularizar los títulos de dominio y resolver las cuestiones que afectaban a arrendatarios y allegados".
A un año del terremoto, el Minvu tenía iniciadas más de 50.000 edificaciones, mientras que la primera vivienda definitiva -construida en conjunto con Techo- se entregó en Pelluhue, en mayo. Sin embargo, una de las mayores innovaciones del proceso de recuperación posterior al 27F fue la incorporación de los planes maestros de reconstrucción (PRES y PRBC18) para grandes áreas urbanas y costeras, además de planes de regeneración urbana (PRU) para localidades intermedias. Estos programas permitieron acelerar la reconstrucción de infraestructura crítica, instalaciones y espacio público.
"En el desarrollo de nuestro trabajo, teníamos reuniones bilaterales permanentes con el Presidente Piñera, que fueron de mucha exigencia y aprendizaje. En ellas, le informábamos del estado de avance de los planes, con su desglose y detalles específicos de cada región y comuna involucrada", cuenta Magdalena Matte, quien agrega que "en el cumplimiento de esta labor, logramos configurar un equipo de mucho profesionalismo y dedicación, con una mística de trabajo inigualable, integrado por muchas personas que sería largo enumerar. Para avanzar y responder a las cada día más complejas dificultades que iban surgiendo, teníamos reuniones semanales con nuestro equipo, logrando de este modo ir superando los problemas y dar respuesta a las demandas de los damnificados con la mayor responsabilidad posible".
El terremoto como oportunidad
Otro de los protagonistas de aquella gesta fue el actual decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Desarrollo, Pablo Allard, quien asumió la responsabilidad de ser el coordinador nacional de la reconstrucción urbana del Minvu. En ese cargo le tocó impulsar el mandato presidencial de ver la reconstrucción como una oportunidad para mejorar la calidad de vida y la resiliencia de las comunidades afectadas, lo que derivó en los planes de reconstrucción urbana.
Consultado por cuáles fueron las medidas más importantes en materia de planificación urbana para lograr ciudades y pueblos mejor preparados para los desastres naturales, señala que, si bien los planes maestros no existían -aún hoy- como herramienta de planificación en la legislación chilena, su implementación en más de 150 localidades permitió generar una cartera de proyectos priorizados por cada comunidad que a tres lustros del hecho todavía se encuentra en distintas etapas de desarrollo. "En el caso de los pueblos costeros, a cuatro años del terremoto ya se habían completado más de 27 proyectos de recuperación de infraestructura urbana, con más de 120 millones de dólares de inversión, con ejemplos tan exitosos como Dichato, Coliumo o Talcahuano; y en los años restantes se completaron cerca de 46 proyectos, con una inversión esperada de 200 millones de dólares".
Otro avance importante en términos de planificación fue actualizar todos los planos de riesgo geológico, sísmico y de tsunamis para todas las regiones afectadas. "Este trabajo se realizó durante 2010 y luego ampliamos los estudios para toda la zona norte del país, más allá de las afectadas por el 27F. Esos planes permiten que todas esas ciudades hoy cuenten con información muy valiosa al momento de actualizar sus planos reguladores, y así estar mejor preparadas para enfrentar futuros desastres", señala el también socio director de Allard & Partners, oficina de inteligencia territorial, diseño urbano, arquitectura y paisaje.
Levantando el Maule
Una de las zonas más afectadas por el terremoto y posterior tsunami fue la Región del Maule, en la que fallecieron 361 personas, 172 de las cuales murieron en Constitución, luego de que tres olas de más de ocho metros ingresaran por la desembocadura del río Maule arrasando con todo a su paso hasta la Plaza de Armas de la ciudad.
Clarisa Ayala es la exseremi de Vivienda y exdirectora del Serviu de la Séptima Región, a cargo del rediseño y reconstrucción de ciudades como Talca, Curicó y Constitución, y de pueblos como Pelluhue. Dentro del trabajo realizado particularmente en Constitución destaca la alianza público privada que se hizo entre Celulosa Arauco, la municipalidad y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, con asesoría profesional de Elemental, entre otros, que permitió proyectar la localidad a 50 años, "lo que significó hacer dos mil viviendas nuevas, tener nuevas vías de acceso y construir un parque de mitigación en el borde costero. Hoy, ese parque está construido en su primera etapa y ya está licitada la segunda, teniendo el fin de mitigar el riesgo con un trabajo de ingeniería importante".
Sobre la planificación urbana, Ayala dice que el momento posterior al terremoto fue un minuto clave para mirar las ciudades del futuro. "Hoy, por ejemplo, en Pelluhue hay un plan de evacuación, luminarias y mucha educación. Creo que muchos chilenos no conocíamos los terremotos de esa magnitud y menos los tsunamis. Con esto la gente entendió que es una realidad", afirma la ingeniera civil.
Quien también trabajó en la zona fue el geógrafo y fundador de Huella Local, Gonzalo Vial, quien fue el encargado de reconstrucción del Serviu del Maule, región que además de contar con una zona costera muy dañada, tenía una alta prevalencia de construcción en adobe tanto en el casco histórico de Talca como en sus zonas rurales.
De acuerdo a su experiencia, afirma que dentro del trabajo hecho, "quizás lo más importante es que se incorporó el riesgo en los planes reguladores, agregándose en la normativa y siendo incorporado en las señaléticas urbanas. Otro tema importante es que pasamos de la Onemi a la Senapred, que tiene un rol más proactivo".
Sobre la reconstrucción de viviendas en lugares azotados por el tsunami, como fue lo que se hizo en el sector de La Poza de Constitución, en donde los pescadores perdieron sus casas, Vial señala que "ellos no iban a estar dispuestos a salir de ahí, porque es un error. Eso se vivió con el caso de Chaitén en su minuto, en donde se le dijo a la gente que tenía que irse. Entonces se generó un parque de mitigación en el río Maule, de tal manera que contenga la fuerza de una posible ola futura. Ese parque me parece muy icónico".
Resiliencia urbana
Una de las personas que más sabe de planificación urbana en Chile es Sergio Baeriswyl, expresidente de la Comisión Nacional de Desarrollo Urbano (CNDU), excoordinador de la reconstrucción urbana del borde costero del Biobío, y Premio Nacional de Urbanismo 2014. Según cuenta, en 2010 se produce un punto de inflexión en todos los ámbitos que tienen que ver con la preparación y reacción frente a eventos catastróficos, lo que permeó en la academia, en la política pública, en la gestión local y regional, y algunas cosas en la normativa. "Fue ahí que se originó un cambio en muchos campos en donde los planificadores tuvimos que aprender cómo actuar en emergencias, en reconstrucciones y en planificaciones de emergencia a través de la planificación urbana, porque es una materia bastante abandonada desde el punto de vista de las políticas públicas y de la academia", dice.
"La experiencia de Japón y de otros países nos hizo poner en el centro el concepto de resiliencia urbana, algo de lo que en 2010 en Chile no se hablaba. Hoy existen hasta planes de magíster de resiliencia urbana, porque hemos entendido que vamos a seguir viviendo en un territorio amenazado por la naturaleza. De hecho, Chile está entre los 12 países más amenazados por la naturaleza, según un índice elaborado por la Universidad de Bonn. Entonces, convivir con el riesgo requiere de mucha más inteligencia, de una política pública más exigente, y de soluciones más creativas, lo que es absolutamente posible", afirma.
LA NECESIDAD DE UNA POLÍTICA NACIONAL DE RECONSTRUCCIÓNEn los últimos días se ha comparado el proceso de reconstrucción tras el terremoto con el que se está desarrollando luego del gran incendio de Viña del Mar y Quilpué acontecido el año pasado. Para Sergio Baeriswyl, se necesita contar con una política nacional de reconstrucción en donde temas como la resiliencia estén en el centro, ya que "Chile es un país que se reconstruye constantemente. No salimos de un proceso de reconstrucción y ya estamos entrando en otro, por lo que lo inteligente sería tener una política que ponga en valor los aprendizajes, que tenga una mejor institucionalidad, una mejor organización, teniendo claro que hay que construir con resiliencia y con una autoridad coordinadora potente, que fue lo que se hizo en 2010".