Los derechos de las mujeres no se negocian
Los derechos de las mujeres no son solo un ideal noble; son un pilar fundamental de cualquier sociedad
Los derechos de las mujeres no son solo un ideal noble; son un pilar fundamental de cualquier sociedad. Sin embargo, en varias partes del mundo, estos derechos han retrocedido, poniendo en riesgo décadas de lucha y conquistas. Vale la pena recordar que este año conmemoramos 50 años de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, 30 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Pekín y 25 años de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU. Estas fechas, más que simples efemérides, nos plantean una pregunta urgente: ¿qué estamos dispuestas a hacer para que nuestras hijas no tengan que pelear por lo que nosotras ya conquistamos? El panorama es alarmante. Según el informe de ONU Mujeres y el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, publicado en 2024, nos tomará 137 años más eliminar la pobreza extrema en las mujeres. Una de cada ocho mujeres y niñas de entre 15 y 49 años ha experimentado violencia sexual o física infligida por su pareja y hasta el 2092 no se pondrá fin al matrimonio infantil. Asimismo, menos de la mitad de las mujeres participan en el mercado laboral mundial, en comparación con el 72 % de los hombres. Además, solo uno de cada cuatro escaños parlamentarios está ocupado por mujeres, lo que refleja una representación política limitada. No hemos llegado hasta aquí para quedarnos quietas. Los derechos de las mujeres no son solo una cuestión de justicia social; son una estrategia clave para el desarrollo sostenible, el bienestar comunitario y la paz. Según el Banco Mundial, la desigualdad de género en el mercado laboral cuesta a la economía global 160 billones de dólares en riqueza. Si las mujeres tuviéramos igualdad de acceso a oportunidades económicas, el PIB mundial podría aumentar en un 26 %. Las mujeres reinvertimos hasta el 90 % de los ingresos en nuestras familias y comunidades, en comparación con el 30 % de los hombres. Además, los acuerdos de paz tienen un 35 % más de probabilidades de durar al menos 15 años cuando las mujeres participamos en su negociación. A esto se suma que los países con mayor igualdad de género tienen menores tasas de corrupción. Aunque la mayoría de los países han reconocido la igualdad entre hombres y mujeres, las brechas siguen existiendo en salario, representación política y acceso a oportunidades y servicios. Sin políticas específicas, el progreso colectivo es más lento. En las charlas ‘Vamos a transformar’ que realizo como secretaria distrital de la Mujer, los hombres me preguntan: si ya hay avances, ¿por qué seguimos hablando de lo mismo? Porque hablar de los derechos de las mujeres no solo es necesario, sino urgente. La responsabilidad de avanzar no puede recaer únicamente en las mujeres o en el sector público; es un compromiso conjunto entre el Estado, el sector privado y la ciudadanía. Para lograrlo es fundamental cuestionar el machismo y los roles tradicionales que perpetúan la desigualdad, rompiendo con los estereotipos de género que nos limitan. No podemos continuar con las mismas narrativas que han sostenido la inequidad por siglos. Transformar esta realidad requiere una conversación constante y, sobre todo, acciones concretas. Los derechos de las mujeres no se negocian: son la base de una sociedad equitativa y sostenible. Y Bogotá se ha consolidado como una ciudad referente, posicionando la Política Pública de Mujer y Equidad de Género y logrando avances significativos. Lo confirman los datos y el camino que ya hemos recorrido. * Secretaria distrital de la Mujer
Un pilar fundamental
Laura Tami Leal*
No podemos continuar con las mismas narrativas que han sostenido la inequidad por siglos. Transformar esta realidad requiere una conversación constante y, sobre todo, acciones concretas.