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Precursoras

ColombiaEl Tiempo, Colombia 9 de marzo de 2025

Un día, siendo niña, mi abuela Pepa me dijo: me hubiera gustado ser abogada

Un día, siendo niña, mi abuela Pepa me dijo: me hubiera gustado ser abogada. Ese era un sueño difícil para su época y para el contexto en el que creció. En 1942, cuando mi abuela tenía 31 años, Rosita Rojas Castro se graduó como la primera mujer abogada en Colombia. En 1984, Fanny González Franco hizo historia al convertirse en la primera mujer magistrada en Colombia. Tuvieron que pasar 173 años desde la independencia para que una mujer llegara a lo más alto de la justicia. La historia de Fanny González Franco terminó con tragedia. Apenas un año después de su elección, murió en la barbarie del holocausto del Palacio de Justicia, en 1985. En 1991, en un momento de mucha esperanza, cuatro mujeres, como constituyentes, participaron en la redacción del texto constitucional: María Mercedes Carranza, Helena Herrán Montoya, Aida Abella y María Teresa Garcés -a quien la Corte Constitucional, en su aniversario 33, le hizo un sentido homenaje-. Cuatro mujeres de 74 constituyentes en total. Cuando estudiaba Derecho se había instalado la Corte Constitucional. La primera Corte fue conocida como "la Corte de Oro". Con entusiasmo, como estudiante, leí las primeras sentencias que iluminaron mi creatividad y mis sueños por un país con más libertad y justicia. Sin embargo, esa Corte de Oro brillaba en el país sin la presencia de mujeres. Yo, que todavía no era suficientemente consciente de la desigualdad a la que nos enfrentábamos, no resentía la ausencia de mujeres en medio de la esperanza que nos ofreció a jóvenes juristas. Solo hasta este siglo, en 2001, pudimos contar con la primera magistrada en la Corte Constitucional: Clara Inés Vargas. Cuenta una anécdota que ella les dijo un día a sus colegas: si me quieren decir Clarita, háganlo. Lo único que les pido es que me digan igual que a los otros magistrados. También tendrían que llamar a los otros miembros de la Corte Jaimito o Alfredito, por ejemplo. Estaba pidiendo que la trataran igual, que no la minimizaran ni le tuvieran una especie de compasión. Hoy, tantos años después de nuestro acceso al ejercicio de la profesión jurídica, las mujeres representan solo el 28, 81 % de la magistratura de las altas cortes. Aún no representan la composición poblacional entre hombres y mujeres. Esto sin mencionar las injusticias de representación de mujeres indígenas, afrodescendientes, lesbianas, bisexuales, trans o de las mujeres sin recursos económicos o falta de oportunidades que, como mi abuela, aún les es difícil soñar con la posibilidad de ser abogadas. Solo la JEP es paritaria y representa la diversidad étnica y regional de nuestro país, gracias al Acuerdo Final de Paz. Recuerdo y honro a esas mujeres que nos abrieron espacio y que con los pronósticos en contra decidieron intentarlo. La propuesta de paridad no es un capricho, es un acto de justicia. No es una causa contra los hombres, es una causa con los hombres. Una mujer en Santa Marta me dijo: no queremos ser la gran mujer detrás de cada gran hombre, queremos grandes hombres caminando al lado de las mujeres. Ni adelante, ni atrás. La lucha por la paridad sigue siendo extraña para algunos, pero llegará el día en que lo extraño sea la desigualdad. Así como ahora parece una locura pensar que hubo una época en que las mujeres no votábamos (hasta 1957), llegará el día en que parezca una rareza histórica constatar que las mujeres no ejercíamos autoridad pública -y judicial- en igualdad con los hombres. Gracias a la inspiración de muchas mujeres, algunas a quienes nombro hoy en esta columna, estoy muy orgullosa de ser la primera Defensora del Pueblo. Aun así, soy una más. Una mujer que como muchas aspira a vivir en un país igualitario. Una mujer que soñó y encontró el respaldo de otras mujeres, y también de hombres, para realizar ese sueño. La paridad no es una concesión ni una cuota: es una necesidad democrática. El derecho inaplazable a un buen futuro. * Defensora del Pueblo
Las mujeres en la justicia
Iris Marín Ortiz*
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