Contingencia e historia
La marcha del mundo es inmanejable para el ser humano, y de ahí que los sucesos no siempre sean amables con la especie
La marcha del mundo es inmanejable para el ser humano, y de ahí que los sucesos no siempre sean amables con la especie. Se intenta A, pero acontece lo contrario, no solo en un plano individual, sino a la vez histórico. Hay algo de tensión y de sorpresa en casi cada vivencia del hombre, que busca con su libertad encauzar su trayectoria en una determinada dirección, pero a cada rato viéndola interrumpida por aquello que surge sin que previamente estuviese en sus planes.
Algo semejante se reitera con las naciones. Parecen fijar un rumbo, pero en su habitual coyuntura ocurren tantos asuntos inimaginables que, al final, las previsiones para el país acaban siendo superadas por la realidad. No suele ser lo mismo lo que se piensa o se supone en la mente que aquello que efectivamente acaba sobreviniendo.
Hay un sabor de aventura y de riesgo, de tensión, en otras palabras, en cada proyección tanto individual como nacional que se lleva a cabo. Al pronóstico que se concibe conviene ser prudente y mantener la cautela, pues las cosas pueden darse de un modo distinto y hasta inimaginable. Después de todo, el terreno de la "predicción" es más bien un pantano dudoso antes que piso inamovible. No es el hombre el verdadero Señor de la historia.