Jueves, 26 de Marzo de 2026

El imaginario surrealista se instala en Santiago

ChileEl Mercurio, Chile 23 de marzo de 2025

La exposición Mandrágora: Siglo XXI trae de vuelta el imaginario surrealista a Santiago, conectando la obra de 26 artistas contemporáneos con el legado del mítico Grupo La Mandrágora. A través de pinturas, ensamblajes, collages y objetos intervenidos, la muestra explora la vigencia del surrealismo en el arte chileno actual.

Como lo investiga un artículo publicado en noviembre pasado en Artes y Letras, el surrealismo sigue ejerciendo influencia y teniendo seguidores, a pesar de que ya han pasado casi 101 años desde que el poeta, escritor y ensayista francés André Breton publicara su primer manifiesto en París -en octubre de 1924-, con las ideas iniciales de este movimiento que buscaba liberar el inconsciente y redefinir la realidad desde una mirada subjetiva.
Chile no quedó al margen de la agitación que significaron las vanguardias artísticas, y digno de este país -al que muchos consideran surrealista-, el vínculo con el movimiento tiene rasgos singulares: una chilena, Elisa Bindhoff, fue la última mujer de André Breton, y en 2024 el Museo Pompidou en París la reconoció como "la otra arquitecta", junto con el artista, del famoso "Muro del atelier de Breton" y, además, "como una figura que participó activamente en el surrealismo".
El año pasado la figura de Bindhoff fue relevada en una muestra en el Palacio Vergara de Viña del Mar, en la que un grupo de artistas chilenos mostró obras que refieren al surrealismo. Curada por Ernesto Muñoz, la exposición fue un éxito y ahora, el propio Muñoz trae a Santiago una muestra que rescata la actualidad del surrealismo, pero en vinculación con el Grupo La Mandrágora, el gran referente literario chileno de esta corriente. Para el curador, la importancia de este grupo "quedó un poco opacada" por la muestra dedicada a Bindhoff, y por eso decidieron brindarles este homenaje. "Siempre hay que revisar los textos históricos, porque esto tiene importancia hoy, y hay artistas que están haciendo obras surrealistas y aportes en esa línea", añade.
"Mandrágora. Siglo XXI" estará hasta el 11 de mayo en Lo Matta Cultural. Reúne trabajos de 26 artistas contemporáneos y tres vitrinas con libros, documentos y revistas originales del grupo La Mandrágora, prestadas por el coleccionista Guillermo García, editor de Pequeño Dios Editores y de D21. El colectivo surgió en Talca, en 1938, conformado por los poetas Enrique Gómez-Correa (1915-1995), Braulio Arenas (1913-1988) y Teófilo Cid (1914-1964), al que luego se unió Jorge Cáceres (1923-1949). Según lo dicho por el ensayista y poeta mexicano, Premio Nobel de Literatura 1990, Octavio Paz, este colectivo fue "la única actividad surrealista en estricto sentido" en América y España.
La Mandrágora publicó siete números de la revista literaria del mismo nombre, entre 1938 y 1943, que tuvo la cercanía de Vicente Huidobro y reunió a una multiplicidad de voces poéticas jóvenes. Cultivaron también lazos no solo con Breton y Bindhoff, sino con varios de los creadores asociados a este movimiento, quedando correspondencia y otros registros con René Magritte, Max Ernst o Wilfredo Lam.
En la exposición, hay un grupo de artistas de la V Región -Lobsan Durney, Alonso Yáñez, Henry Serrano, Hilda Rochna, Pablo de los Ríos- y "otro, que son los surrealistas más duros", señala Muñoz, como Aldo Alcota, Carlos Delgado, Verónica Cabanilla y Magdalena Benavente. Luego, artistas que se acercan a los postulados a través de la experimentación con materiales, formas, temáticas, pero todos "cultivan una tendencia que va orientada hacia las miradas internas de cada uno, desde el inconsciente que está aflorando", explica Ernesto Muñoz.
En las obras hay referencias a figuras vinculadas con el surrealismo, como la propia Bindhoff, la artista Sara Malvar, que en 1925 tradujo el Manifiesto Surrealista de Breton y lo publicó en el Diario La Nación, o la surrealista española Maruja Mallo, que se fotografió envuelta en algas en Isla de Pascua en 1945. También se destaca a Vicente Huidobro, Cecilia Echeverría, Jorge Teillier, todos relacionados con las ideas y propuestas surrealistas.
DATO:
Laurent Doucet, director de la Casa André Breton en Francia, estará de visita en Chile entre el 21 y el 26 de abril.
MAGDALENA BENAVENTE - CABARET SURREALISTA
En su trabajo, Magdalena Benavente construye un microcosmos en el que el azar y la intuición se entrelazan para dar forma a una narrativa visual inesperada. A través de ensamblajes tridimensionales, la artista reúne objetos encontrados, fragmentos de la memoria y piezas aparentemente inconexas, creando un lenguaje que desafía la lógica tradicional. "En la mayor parte de mi trabajo dejo que actúe la sensibilidad y el 'azar objetivo'", explica Benavente, haciendo referencia al concepto de André Breton sobre la confluencia entre la intención del artista y las coincidencias del mundo externo. "Azar, hallazgo y pasión conforman el músculo de cada uno de estos gabinetes, en los que ningún objeto está en falta o demasía", afirma Benavente. La obra se inserta en la tradición del surrealismo al adoptar el ensamblaje como un medio de exploración de lo inconsciente, transformando elementos cotidianos en símbolos de aquello. "Estos mundos son conjeturas visuales que proponen realidades aún no descubiertas, intentando suspender por un momento la categoría de los opuestos, las barreras intelectuales o ideológicas", señala la artista. "Desde niña, he puesto atención al mundo infinito de pequeños objetos que el azar pone a mi alcance", cuenta Benavente, quien afirma que ha observado en los objetos "la capacidad y la fuerza de recuperar la magia y el poder de la mirada, situada siempre en el espectador, quien le da vida a la obra", reflexiona. En la exposición, "Cabaret surrealista" destaca por su capacidad de invitar al espectador a que se transporte a otros mundos, como prueba de que el surrealismo sigue vivo, evolucionando a través de nuevas formas y lenguajes.
LOBSANG DURNEY - PASAJE MANDRAGÓRICO
La obra que da la bienvenida a la exposición sitúa a los fundadores del Grupo La Mandrágora en un aeroplano que navega entre símbolos surrealistas y referencias de la cultura pop. Woody Woodpecker -el Pájaro Loco- es el conductor de este viaje e introduce una "cuota de humor e ironía en la representación de estos poetas, quienes me parecían muy serios en un principio", afirma Lobsang Durney. Así, los lleva a otro tiempo, como "un adelanto a las corrientes artísticas que sucederían al surrealismo, como el pop art", comenta. Para el artista, La Mandrágora "llega a nosotros, en el siglo XXI, con toda su carga simbólica y libertad creativa", y como homenaje a este, la obra expuesta es un testimonio de la vigencia del surrealismo y su capacidad de reinventarse. Aquí, esta historia se reinterpreta con un lenguaje visual contemporáneo, fusionando elementos del diesel punk y la estética de la ilustración. "Siempre me ha interesado el transporte, objetos o animales hibridados hacia otros temas, así que esta obra es fiel a mi estilo", detalla el artista.
MARÍA LUISA DONOSO - ECOS DE MARUJA
Maruja Mallo (1902-1995), artista surrealista española relacionada con la Generación de 1927, exiliada durante la guerra civil, reaparece en la obra de María Luisa Donoso a través del cochayuyo, un material que hace dialogar el arte con la naturaleza. La visión vanguardista de Mallo, quien durante su exilio tuvo un gran impacto en la escena artística latinoamericana y exploró temas como la naturaleza, la metamorfosis y la transformación, fue la fuente de inspiración de Donoso, quien conectó "con su manera de romper las normas convencionales, y reforzó mi interés por explorar el cuerpo como un medio de expresión simbólica", afirma. De este modo, decide recrear la performance de la pintora española cuando visitó Rapa Nui, viaje que fue en compañía de Pablo Neruda. "Las algas son bosques submarinos llenos de magia y misterio", comenta la artista, destacando su fascinación por estos elementos orgánicos. La textura del cochayuyo, su proceso de secado y manipulación, se convierten en parte de la exploración del tiempo y la transformación. "Trabajar con materiales vivos es un desafío, pero también una manera de hablar de lo mutable", señala. Con el fin de unir "libre y espontáneamente lo onírico, lo emocional y lo instintivo", Donoso rescata a esta figura clave del surrealismo del siglo pasado, reinterpretándola en el contexto contemporáneo, a modo de desafiar "la lógica establecida", concluye María Luisa Donoso.
ÁNGELA WILSON - LA BANDADA DE PÁJAROS DE COLORES
Ángela Wilson transforma el vuelo de unas aves en una metáfora de la memoria y la infancia en su trabajo. "Cuando era niña, tuvimos un gorrión de mascota. Cuando murió, se convirtió en el símbolo de la negación de la muerte y el duelo", relata la artista. Su obra, estructurada como un políptico de diez piezas, juega con la contradicción entre la viveza del color y la opacidad de las sombras, logrando un despliegue de pájaros que "no son tan alegres como parecen", comenta. Explorando el subconsciente y la manera en que la mente se carga de significados ocultos, la artista utiliza los velos como "una metáfora de las capas del inconsciente y también, la abstracción de un bosque", con el fin de evocar la memoria, creando "una membrana de luces y sombras que ocultan y revelan la muerte de esas aves". Las aves parecen flotar en un espacio tranquilo, pero su presencia sugiere una inquietud latente, un eco de la fragilidad de la vida. "Creo que las experiencias de la niñez se graban en tu memoria, generando un imaginario rico en simbología y asociaciones que aparecen cuando permites que el inconsciente aflore", afirma. De este modo, "espero que la obra despierte un poco de incomodidad, curiosidad y preguntas, resonando con las luces y sombras personales del espectador", concluye Ángela Wilson.
DENISE BLANCHARD - KAMO L AGENCE BEBEL
El lenguaje se disuelve y se reconstruye en la obra de Denise Blanchard, en la que transforma libros antiguos en piezas textiles. "Al cortar y coser las hojas, se genera una nueva lectura, una escritura visual", comenta la artista sobre su proceso. La obra es la vinculación de la tradición surrealista del collage, pero introduce la costura como un gesto de reconstrucción. "Los surrealistas usaban revistas para sus collages; yo utilizo libros en idiomas poco comunes para nosotros, como el búlgaro y el belga, para alterar su significado", explica Blanchard.
ALONSO YÁÑEZ - ABUNDANCIA FRAGMENTAL
El neoclasicismo y la materialidad equina convergen en la obra de Alonso Yáñez, que revisita la historia arquitectónica de Valparaíso. Inspirado en las molduras y mamposterías, el artista incorpora crin de caballo como elemento disruptivo, resignificando estos ornamentos en el siglo XXI. Los maestros yeseros porteños reinterpretan estos elementos decorativos venidos de Europa, generando híbridos, y en la obra las molduras originales no están usadas para lo que fueron creadas, transformando estos elementos en símbolos de lo que queda fuera de la historia oficial. "La crin de caballo representa una segunda vida después de la castración y la muerte de ellos", explica Yáñez. La serie "Abundancia fragmental" destaca por su relación con lo onírico y la arquitectura, la que siempre es "el objeto de observación y fijación" del artista. Además, "la posibilidad [de la arquitectura] de exteriorizar una materialidad genera algo bastante potente, por la distancia de su uso inicial".
VERÓNICA ASPILLAGA - CONSTELACIÓN POÉTICA EN AZUL
Un cosmos acuático y celestial se despliega en la obra de Verónica Aspillaga, donde mapas fragmentados, estelas, banderines y una estrella central evocan la exploración y la búsqueda de nuevas rutas hacia el origen o al infinito. A partir de una técnica mixta de esmalte, óleo, acrílico y papel, la artista crea un espacio flotante entre el mar y el universo. Aspillaga había trabajado algunos bocetos de esta tela antes de darle un propósito. "Le había pintado algunos azules, pero no era una obra específica", afirma. Además, con anterioridad, había realizado una serie en pequeño formato, con mapas y líneas meridianas y diversas gráficas, elementos que luego tomó de inspiración para este formato más grande, de 100 x 120 cm. "Para mí, fue mucha experimentación y pensé: 'quiero liberarme para lo que vaya saliendo'", comenta la artista. Jugando con los elementos "de una forma muy inconsciente", inserta la denominada estrella de David al lado superior derecho del cuadro -que, en un principio, no tenía intención de ser aquella, sino que una rosa de los vientos-, "para hacer un contrapunto con el cosmos", sostiene. "Si bien fue un trabajo libre en la gama de colores, que son lo central en la obra, existe una sección áurea, con el fin de que quedara una composición equilibrada y haya armonía", agrega Aspillaga. La artista tiene series de obras en que retrata atmósferas de paisajes, como bosques y océanos, pero en esta serie, "Constelación poética en azul", la pintura destaca por su profundidad y la sensación de movimiento, guiando la mirada del espectador a través de un viaje sin coordenadas fijas. "Me dio mucho gusto hacerla, fue muy entretenida para mí, y tiene un trasfondo muy lúdico que va surgiendo de la espontaneidad de la creación", concluye Aspillaga.
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