Pausa y negociaciones con Trump
Esta vez se impusieron el mercado, la comunidad de negocios, los disidentes en el Partido Republicano y sus financistas.
P ositivas reacciones experimentaron los mercados bursátiles y financieros con el anuncio de Donald Trump que suspendió por 90 días los llamados "aranceles recíprocos" para las exportaciones a Estados Unidos. Los mercados han evolucionado favorablemente, aunque el precio de las acciones no se ha recuperado del todo.
Temporalmente regirá el arancel general y base de 10%, salvo para México y Canadá, que están negociando un trato especial, y para China, Rusia y otras naciones bajo sanciones, barreras y embargos por razones de seguridad nacional. Eso, además del 25% impuesto para determinadas partidas arancelarias como el aluminio, acero, automóviles y cervezas, eventualmente, aplicable en el futuro al cobre y la madera.
Desde el miércoles de la semana pasada, "Día de la Liberación" según Donald Trump, hasta el anuncio el miércoles de la mencionada pausa, los mercados de valores, y en particular las acciones y bonos del Tesoro de Estados Unidos, se derrumbaron sostenidamente, dañando la popularidad del mandatario. Además, respetados economistas y dirigentes empresariales anticipaban una inminente recesión. Ya no se trataba de lo que Trump estimaba como una "pasajera turbulencia", necesaria para posteriormente engrandecer a Estados Unidos, poner fin a sus abultados déficits comerciales, proteger industrias y producciones domésticas, recaudar fondos para compensar rebajas de impuestos y, por sobre todo, para supuestamente introducir justicia y terminar abusos y aprovechamientos de las bajas tarifas aplicadas por el país a sus importaciones.
El "Día de la Liberación" se desencadenaron, virtualmente, una guerra comercial, una profunda y creciente incertidumbre, un grave daño al comercio y la economía mundiales, y a las relaciones de Estados Unidos con sus aliados y vecinos. La acción unilateral de Trump, contraproducente según expertos, había destruido la confianza en Estados Unidos y transgredido tratados y reglas fundamentales para el intercambio internacional.
En los próximos tres meses se acelerarán las negociaciones para eliminar o rebajar aranceles. Dado el ideologismo, narcisismo y mercantilismo de Trump, habrá que considerar contraprestaciones y la dimensión política, que podría incluir afinidades con el mandatario.
Sobre 75 gobiernos han anunciado que participarán en ese proceso. Algunos ya han planteado concesiones, como Vietnam, que ofreció un arancel cero. Varios, para precaverse del alza de tarifas, previamente habían tomado contacto a nivel de los secretarios del Tesoro y de Comercio, y del Representante Comercial de Estados Unidos; es el caso de Argentina y Perú. Incluso, primeros ministros de Japón y Gran Bretaña han recurrido directamente a Trump. El 8 de julio, a menos que se decrete una nueva postergación, se conocerán los aranceles supuestamente definitivos.
Pero los daños de lo hasta ahora ocurrido exceden a Trump. Su escasa y dudosa credibilidad desaparece total y definitivamente. Para muchos, son irreversibles los perjuicios para la confianza en los tratados, acuerdos y futuras negociaciones con Estados Unidos. La postergación tampoco pone término a la incertidumbre: no hay garantía de que las nuevas reglas y acuerdos sean respetados, mientras que la guerra comercial con China continúa.
Con todo, por primera vez se le ha puesto freno a una orden ejecutiva relevante del mandatario, lo que ni el Congreso, ni los recursos ante la Corte Suprema, ni las presiones internas y externas habían logrado. Esta vez se impusieron el mercado, la comunidad de negocios, los disidentes en el Partido Republicano y los financistas de Trump. Todos, atemorizados por la guerra comercial impulsada por el asesor del Presidente, Peter Navarro, y por sectores ultraproteccionistas que hasta ahora parecían dominar completamente la escena.