La Nación, Costa Rica
31 de mayo de 2025
Opinión de José Torres l "Costa Rica tiene una red vial extensa pero requiere una estrategia moderna para su gestión".
Costa Rica posee una de las redes viales más densas de América Latina respecto a su territorio y cuenta con más de 46.000 kilómetros de caminos entre la red nacional y la cantonal. Sin embargo, esta densidad no se traduce en calidad y pese a los recientes avances en el marco normativo y financiero, el país enfrenta una situación compleja en el mantenimiento vial, especialmente en la red cantonal.
Este desafío no es exclusivo de Costa Rica, ya que en muchos países las redes viales locales tienden a presentar rezagos en el mantenimiento debido a su extensión, dispersión territorial y complejidad de gestión.
Para dar contexto, la red vial nacional está compuesta por rutas primarias y secundarias que están a cargo del Consejo Nacional de Vialidad (Conavi); mientras que la red cantonal —que representa más del 80% de la extensión vial en Costa Rica— está bajo la responsabilidad de las municipalidades. Esta descentralización, adecuada desde una perspectiva territorial, ha generado notables disparidades en la calidad del mantenimiento entre cantones.
Estudios del Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) y la Contraloría General de la República (CGR) han evidenciado que, mientras la red nacional muestra mejoras moderadas, más del 60% de la red cantonal se encuentra en estado regular o muy malo, una situación que compromete la seguridad vial, afecta la productividad agrícola y turística y limita el acceso a servicios básicos en zonas rurales.
Para avanzar Costa Rica requiere de una estrategia integral y adoptar modelos más eficientes, como el Contrato de Rehabilitación y Mantenimiento (Crema) que se explicará más adelante.
Los retos
La atención de la red vial cantonal se financia mediante recursos provenientes del impuesto único a los combustibles, según la "Ley de simplificación y eficiencia tributaria" (N.° 8.114). Gracias a la reforma aprobada a esta norma, en el 2019 se incrementó la asignación presupuestaria a las municipalidades, pasando del 7,25% al 22,25% del total recaudado por este tributo.
Esta mayor disponibilidad de recursos, sin duda alguna, representó una oportunidad clave para fortalecer el mantenimiento de la red cantonal. Sin embargo aún surge una pregunta fundamental: ¿por qué pese al aumento en los fondos continúan los problemas estructurales en la calidad de la infraestructura cantonal?
La respuesta es compleja, por lo que a continuación se enumeran tres grandes retos que explican por qué persisten las limitaciones en la efectividad de la gestión local:
Esto no solo afecta la calidad de la planificación, sino que también puede poner en riesgo la transferencia de recursos a los gobiernos locales. Estas limitaciones estructurales refuerzan un modelo de gestión reactiva, centrado en respuestas puntuales y de corto plazo, y sin una visión estratégica que permita mejorar de manera sostenida el estado de la red vial cantonal.
¿Cómo mejorar?
Optimizar la red vial cantonal requiere de una estrategia integral que combine financiamiento, gestión técnica, transparencia y participación. Actualmente, Costa Rica tiene la oportunidad de adoptar modelos más eficientes y uno de los más exitosos a nivel internacional es el Contrato de Rehabilitación y Mantenimiento (Crema).
En este tipo de proyectos, mediante pagos condicionados al cumplimiento de niveles de servicio previamente establecidos, el contratista se encarga de la rehabilitación inicial y del mantenimiento de la vía por un período cercano a los 10 años, por lo que se remunera por resultados y no por actividades aisladas.
Aunque tradicionalmente se ha utilizado en carreteras principales, el modelo Crema es viable a nivel cantonal si se adapta adecuadamente, pues permite agrupar caminos en paquetes regionales, optimizando la escala y eficiencia. Además, mejora la calidad y continuidad del mantenimiento vial, reduce costos administrativos al evitar múltiples licitaciones menores, incentiva al contratista a realizar una rehabilitación inicial de calidad para minimizar costos de mantenimiento a futuro y favorece la participación de empresas locales como subcontratistas.
También se deben considerar otras buenas prácticas internacionales como:
En síntesis, Costa Rica tiene una red vial extensa pero requiere una estrategia moderna para su gestión. Esta debe estar basada en la evidencia, la planificación multianual y la colaboración entre distintos niveles de gobierno.
Apalancarse en modelos de contratación por niveles de servicio, fortalecer las capacidades locales, aplicar criterios técnicos en la priorización de obras y promover la transparencia pueden marcar la diferencia.
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José Torres es el Gerente Senior de Infraestructura de Deloitte Costa Rica.