Tarea de la memoria
La tarea de la memoria es la de ser "portavoz" de los sucesos de la propia historia que no quieren desaparecer en un olvido irreversible
La tarea de la memoria es la de ser "portavoz" de los sucesos de la propia historia que no quieren desaparecer en un olvido irreversible. La reminiscencia, entonces, sostiene un tiempo que de otra manera se escurriría tal como el agua que se escapa rápidamente de las manos. En cierto sentido, toda remembranza hace que el ayer no sea del todo un mero ayer, que el pasado no quede únicamente como tal y que, de pronto, un acontecimiento resurja con fuerza a través de esa evocación, y que a la vez sea visto con una mayor comprensión de su papel en la biografía de cada uno. La memoria es "vocera" de un pretérito que nada con "desesperación" para no ahogarse en el inmenso mar del paulatino olvido.
Lo anterior no significa que todo deba preservarse por medio del recuerdo. No se trata de ser como Ireneo Funes, el "inolvidable" personaje de un cuento de Borges, sino de ser alguien que conserve en su mente los hitos y detalles más decisivos y hermosos de su vida, a la par de que sea capaz de "despejarla" de todo aquello que entrabe la rectificación de lo que cabe corregir y la continuidad de lo que conviene mantener. En síntesis, que la memoria sea un bello eslabón de transfiguración y no una férrea atadura de inmovilidad.