Ética de la memoria
La memoria es una facultad humana
La memoria es una facultad humana. Pero el recuerdo es un arte.
Lo acontecido no es tan importante como el re-cordar, poner el corazón (cordis) en lo que se recuerda. Difícilmente, observa el discreto Critilo, puede pedirse que el recuerdo sea neutral y desinteresado. Siempre interviene el sentimiento. Primero, porque se recuerda solo lo que nos afecta. Segundo, porque lo que nos afecta cambia con el tiempo.
Recordar es, sin ambages, inventar el pasado. Bien lo supieron aquellos que hicieron del trauma una clave para la sanación psíquica.
Cuando se reconstruyen historias, es necesario ser fiel a quienes las vivieron y hablaron sobre ellas. Tampoco estuvieron exentos de prejuicios y sesgos, pero su proximidad a los hechos hace imprescindible consultarlos. Los textos son la savia de la historia. Lo que no fue escrito no existe.
Una ética de la memoria consiste en ejercer la más difícil de las artes: la crítica. Un antiguo profesor solía decirme que la ética, como actitud y no como disciplina, consistía en suponer que todas las personas de buena fe pueden equivocarse. Interpretar el pasado, descubrir intenciones, anticipar escenarios, todo eso, exige ecuanimidad y discernimiento. La justicia no puede sostenerse en perpetuar agravios, sino en comprender, perdonar y olvidar.