Los delitos de estafa tienen penas menores a los de otros delitos contra la propiedad, como la rapiña. Diferentes grupos políticos analizan proponer más pena para este delito que está en auge.
En 2024, había casi el doble de chances de que un ladrón, usando estratagemas y engaños, estafara a una víctima por celular a que un rapiñero le robara el dispositivo en la calle. Esto hubiera sido impensado nueve años antes, cuando las denuncias por rapiña eran once veces más que las de estafas. Los reportes de este delito fueron los que más crecieron entre el primer semestre de 2015 y el mismo periodo de 2025 (1.124%), seguida de la extorsión (833%), surge de un informe presentado por el Área de Estadística y Criminología Aplicada (AECA) del Ministerio del Interior.
De todas formas, los panoramas son diferentes entre ambos tipos de delitos. Con estas cifras, la estafa se convirtió en el tercero más denunciado en Uruguay en 2024, solo superado por el hurto y la violencia doméstica. La extorsión -que tuvo su pico máximo de denuncias en 2023- no está incluida en la lista de los diez delitos más denunciados.
Pero en muchos casos, sí tienen algo en común: el miedo y la vergüenza. Abogados penalistas consultados por El País indicaron que se suele repetir que las víctimas se sienten mal por "haberse dejado engañar" y son reticentes a denunciar o les cuesta entender que lo que les ocurrió es un delito y es pasible de una denuncia penal.
En ese sentido, el informe temático de AECA sobre estafas consignó que hay un "alto nivel de subregistro". Ello surge, citaron, de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del Instituto Nacional de Estadística (INE), que consignó que solo el 11,7% de los encuestados que dijo haber sido víctima de estafa la denunció formalmente. En el caso de las estafas, las modalidades utilizadas son diferentes, pero tienen como característica principal que son por medios informáticos. Willian Rosa, fiscal adscripto de Flagrancia, explicó que en su sede el tipo de estafa que más se repite es por Marketplace (plataforma de compra y venta en Facebook). Generalmente, la víctima se interesa por un producto, se contacta con el vendedor y él lo convence de que le transfiera una seña, para luego no volver a comunicarse.
Por una estafa de este tipo, el año pasado logró una condena a un hombre que se hacía pasar por funcionario de una automotora que sí existía. El estafador publicaba imágenes de autos en Marketplace con una cuenta a nombre del negocio, convencía a los clientes de que transfirieran una seña y, cuando iban a ver el vehículo a la automotora, les decían que ellos no vendían por Internet. Así estafó a cuatro personas en 15 días.
En su Fiscalía detalló que hay 450 casos a estudio y aunque 50 están rotulados como estafa, cada uno de ellos tiene entre 2 y 50 hechos delictivos dentro. Reúnen varios hechos dentro de un solo caso porque tienen algo en común, por ejemplo, el presunto autor.
Rosa indicó que los autores de las estafas "sienten que el riesgo es bajo, porque no tienen que presentarse en persona (...) Usualmente lo que hacen es pedir por Internet que se transfiera a una cuenta Mi Dinero", relató y explicó que aunque no parezca, eso no es tan fácil de rastrear. "A veces pasa que citas al dueño de la cuenta y te dice: 'Yo perdí la cédula hace tantos años' y adjunta la denuncia. Y quizás con esa cédula se abrieron distintas cuentas y se cometieron 30 estafas", ejemplificó el fiscal.
También lo logran "comprando" cédulas de personas que viven a la intemperie. El modus operandi, explicó Rosa, es que se acerca un hombre a una persona que vive en la calle y, con alguna excusa, le pide prestada la cédula a cambio de comida o dinero. Puede ser desde "dos bizcochos" hasta $ 1.000.
"Se quedan con la cédula y con ella hacen la estafa. Eso dificulta hacerle la trazabilidad. Después citas al dueño de la cédula a la Fiscalía y te das cuenta que una persona en situación de calle no fue el autor de una estafa por $ 200.000", contó.
De esa forma, para ubicar al verdadero autor deben hacer uso de herramientas informáticas de rastreo. Eso lleva tiempo, recursos, y no necesariamente lleva a un resultado fructífero. La ubicación desde donde se emitió el mensaje puede no llevar al verdadero autor o incluso permite determinar que se hizo desde el exterior u otro departamento del país, lo que lleva a tener que realizar coordinaciones más complejas.
La publicación de AECA señala que la mayoría de las estafas son cometidas "desde el anonimato y con carácter transnacional" y que, a nivel internacional, hay "una participación creciente del crimen organizado". Citaron también que, de acuerdo a publicaciones realizadas a nivel internacional, se entiende que la pandemia podría haber sido un "catalizador de esta tendencia" porque "aceleró la comunicación y digitalización de los servicios en línea, provocando un incremento de las oportunidades" para cometer este tipo de delitos.
Aunque la mayoría de las estafas que ven en las fiscalías de Flagrancia, según dijeron otros fiscales consultados, son las mencionadas, la modalidad del "cuento del tío" -personas que llaman a domicilios fingiendo ser un familiar y pidiendo dinero para solucionar una urgencia- y la suplantación de identidad, se han constatado otras de mayor escala en el último tiempo.
Entre ellas, las vinculadas a fondos ganaderos. La Justicia hizo imputaciones penales en el caso del Grupo Larrarte y en el caso de Conexión Ganadera.
"Una mayor rentabilidad y un menor riesgo"
El riesgo a la hora de cometer una estafa es bajo. Generalmente no hay contacto físico, hay una "baja visibilidad pública" -según Interior- y las investigaciones para atrapar a los responsables son complejas, sostiene el informe. El año pasado se consiguieron 1,5 imputaciones cada 100 denuncias. Según Rosa, "los delincuentes decantan por la estafa porque obtienen una mayor rentabilidad con menor riesgo". Los GPS en vehículos y celulares y la disminución del uso de efectivo deja por el camino estas opciones.