Esperanza y contratiempos
Aunque a veces nos vemos desbordados por malas noticias (como si fuese lo único que aconteciese, dado que el bien no despierta ruido), conviene, sin embargo, aferrarse a la esperanza, pues ella es la piedra sobre la cual se levanta el día a día
Aunque a veces nos vemos desbordados por malas noticias (como si fuese lo único que aconteciese, dado que el bien no despierta ruido), conviene, sin embargo, aferrarse a la esperanza, pues ella es la piedra sobre la cual se levanta el día a día. Sin esta virtud teologal, cada sujeto humano podría verse abatido de inmediato en su momento presente, si este resulta ser sumamente adverso o penoso.
La esperanza, por tanto, juega un papel fundamental a la hora de no quedarse únicamente detenido en el mismo mal suceso, sino que ella empuja a levantar la cabeza y la mirada para situarse más allá de la neblina que ciega lo más próximo a uno mismo. Nunca la "noche" es permanente y es tan oscura como para que no reciba la luz del nuevo día que siempre amanece para todos y que a nadie excluye de su claridad.
La esperanza, por consiguiente, es la antesala de la felicidad y de la plenitud. No es una actitud que niega ni minimiza los efectos de las malas noticias, pero que sí los aborda pensando que las tragedias no definen todo ni han de tener la última palabra en la historia del mundo y en la biografía de cada uno. De hecho, si todo estuviera siempre bien, no conoceríamos a la esperanza y a su poderoso deslumbramiento.