Chile camino a los extremos
La encuesta más reciente confiable, muestra que de los últimos presidentes, Boric tiene la segunda peor calificación de todos. Los chilenos lo califican peor, incluso, que a Augusto Pinochet.
Las elecciones nacionales de noviembre y diciembre próximos en Chile aparecen como una especie de ejemplo paradigmático de polarización extrema, en un país que por muchos lustros fue gobernado por una coalición de partidos de centro izquierda -la concertación-, y que alternó luego con una derecha de protagonismo democrático liderada por el expresidente Piñera.
Esta vez todo es diferente. Por un lado, el oficialismo del presidente Gabriel Boric optó en elecciones primarias de participación voluntaria por su candidato a presidente: ganó la comunista Jeanette Jara. Será la primera vez que la inmensa mayoría de los partidos de izquierda concurran federados tras un militante comunista a la presidencial: se trata de un partido muy problemático en la historia de Chile y que tiene hoy la tendencia a correr hacia el extremo izquierdo las propuestas sociales y económicas del oficialismo.
Por otro lado, la derecha se presentará en noviembre dividida en tres exponentes presidenciales, José Antonio Kast, Johannes Kaiser y Evelyn Mattei.
En esta competencia la candidata más moderada, Mattei, no parece ser la que esté encaminada a pasar al balotaje, sino que surge mejor posicionado el más radical derechista Kast, como ocurrió ya en 2021, para poder disputar el poder con Jara en la segunda vuelta de diciembre. En efecto, la encuesta de julio de la empresa LCN deja en claro cuál es el punto de partida de la campaña: Jara logra alinear a la opinión más izquierdista y alcanzaría una mayoría de intención de voto en noviembre de 38%; Kast 23%; Mattei casi 19% y Kaiser cerca de 11%.
Sin duda, la candidata comunista carga con el enorme peso de la mala administración del presidente actual: la encuesta de LCN muestra que de los últimos presidentes, Boric tiene la segunda peor calificación de todos. Los chilenos lo califican peor, incluso, que a Pinochet, y sólo es superado en ese espantoso podio por el fracasado gobierno de Allende que es considerado el peor de todos desde los años 1960. Por cierto: LCN está dirigida por un sociólogo de pasado netamente izquierdista, es decir que no cabe pensar aquí en ningún invento de opinión pergeñado para perjudicar al oficialismo.
Si el balotaje termina siendo entre una comunista que fue protagonista de la revuelta de 2019, que no termina de admitir que Cuba es una dictadura sanguinaria, y cuyo alineamiento en temas económicos e institucionales está marcado por el dogmatismo propio de ese partido; y un candidato de la derecha dura que de ninguna manera ha sido radicalmente crítico de la dictadura de Pinochet, y cuyos principios políticos y sociales están alineados con el más potente conservadurismo valórico, definitivamente estaremos entonces ante la elección más polarizada de las últimas décadas.
Importa mucho aceptar esta realidad que marca a toda la región. La izquierda que ha estado en el poder ha llevado muchas veces su agenda radical a extremos, como en el caso de los Kirchner en Argentina o como en el del propio Boric y su propuesta de reforma constitucional totalmente revolucionaria. Eso ha generado, naturalmente, una dura reacción de parte de la opinión que se opone a tantos cambios, y ha dado protagonismo a figuras que ya no tranzan con caminos del medio dialogantes con la izquierda, ya que entienden que todo eso termina en la imposición de doctrinas y visiones que están alejadas de sus propios valores.
Si se analiza en detalle la intención de voto es claro que Jara tendrá enormes dificultades para poder sumar más que ese eje del 40% que parece apoyarla en primera vuelta. Si con inteligencia las tres expresiones de derechas chilenas agregan sus fuerzas, es claro que el candidato de ese campo que termine pasando al balotaje las tendrá todas consigo para triunfar, así sea que termine siendo el más radical de ellos. Y si así se terminan dando las cosas, es evidente que Chile virará en política exterior hacia un norte muy distinto al alineamiento de Boric en torno al Brasil de Lula o a la España de Sánchez.
En este esquema, lejos de quedar en sintonía con la región, Uruguay quedaría aún más cercado en su posicionamiento totalmente funcional al protagonismo y a la agenda brasileños. En efecto, ni Chile, ni Argentina, ni Paraguay, ni por supuesto la principal potencia hemisférica que es Estados Unidos presentarán gobiernos de signo izquierdista por los próximos años.
Hay que prestar mucha atención a la elección chilena: por el desarrollo de su polarización política y por su previsible viraje hacia la derecha.