No todo es cálculo
Vistas con algo de distancia, las buenas comedias románticas suelen guardar algunas verdades sobre el género humano
Vistas con algo de distancia, las buenas comedias románticas suelen guardar algunas verdades sobre el género humano. Esas verdades las hacen interesantes, les permiten ir más allá de los clichés habituales sobre el amor o el enamoramiento. Habitualmente se recuerda el personaje de Meg Ryan en "Cuando Harry conoció a Sally" (1989), pero el auténtico punto de interés de la cinta siempre ha sido Harry: un tipo escéptico, descreído, que contra sus propios prejuicios sobre la naturaleza de las relaciones humanas termina dándose cuenta de que no puede vivir sin Sally. Parecido sucede en las dos versiones que Leo McCarey hizo de un playboy que se enamora en un barco de una cantante de clubes nocturnos: "Love affair" (1939) y "An Affair to Remember" (1957). Ambas -aunque especialmente la primera- retratan a sus protagonistas como individuos flojos, manipuladores y poco sinceros, una manera divertida y directa de transmitir ciertas verdades sobre la condición humana.
"Amores materialistas" avanza por ese camino por algunos momentos, como parece insinuar su título original, simplemente "Materialists". Lucy (Dakota Johnson) trabaja como casamentera en una agencia dedicada a armar parejas en Nueva York. Es buena en lo que hace gracias a una combinación de encanto personal y un instinto acertado para entender lo que está en juego en cada uno de sus clientes. En su vida personal ha decidido dejar las citas a un lado, ya que, cuando vuelva a salir, lo hará con quien parezca un buen candidato matrimonial, lo que significa, entre otras cosas, un hombre con una buenísima situación económica. No hay nada de malo en todo esto. De alguna manera recuerda las frecuentes conversaciones sobre ingresos que se ven en las novelas de Jane Austen. Lucy entonces conoce a Harry (Pedro Pascal), un unicornio en el mundo de las casamenteras: soltero, rico, buen mozo. Pero, prácticamente al mismo tiempo, vuelve a toparse con John (Chris Evans), su ex, un actor de teatro independiente, pobretón, que a los 37 años aún tiene que compartir un departamento para poder vivir en Nueva York. No es difícil imaginar lo que sigue.
La cinta no es una comedia en el sentido más tradicional de la palabra. No hay grandes enredos, no hay delirio alguno. Es una comedia en el sentido de que la protagonista parece llegar a acuerdo con el mundo. Como la película anterior de Song -"Vidas pasadas" (2023)-, está filmada con cuidado sentido estético, quizá con más énfasis en la dirección de arte -ropa, escenarios, colores- que en la dirección visual. Las soluciones auténticamente visuales son escasas, pero, con todo, cumple en mostrarse como una cinta hecha con sensibilidad y buen gusto.
Su problema es más bien de contradicción interna. Por una parte, "Amores materialistas" ofrece una mirada de las relaciones amorosas que fácilmente podría calificarse como fría. Hay múltiples alusiones a las casillas que cada soltero en la agencia puede o no completar -apariencia, ingresos, raza...-, como si al final todo calce entre personas dependiera de cuestiones absolutamente materiales y cuantificables. Más aún, muestra un momento en que una novia en crisis le confiesa a Lucy la auténtica razón por la que se está casando: le gusta que su novio produzca la envidia de su hermana. Al escucharlo, Lucy ni pestañea y deja entender que ha oído razones de esa calaña muchas veces antes. Dejemos de lado, por un momento, el que las personas puedan ser tan lúcidas sobre sí para entender por qué se están casando con determinada persona, cuestión que la cinta asume con una facilidad fantasiosa. El punto crítico es que cuando la cinta pone en escena los sentimientos de la propia Lucy, su mirada es completamente distinta: los cálculos fríos resultan inútiles, porque las fuerzas del deseo, de la complicidad y del amor se terminan imponiendo. La película, sí, podría entenderse como un aprendizaje que lleva a Lucy desde el cálculo de probabilidades a las verdades del amor. O la película podría leerse como una ficción que no se hace cargo del todo de lo que está proponiendo. Cada espectador podrá tomar su decisión. Lo que sí hace demasiado fácil la decisión a Lucy -y por lo tanto delgada la tensión en torno a su dilema- es que Harry, el soltero unicornio de Pedro Pascal, sea un personaje tan deslavado, tan exiguo de pasiones, intereses o carácter. Quizá ahí está el problema mayor.
"Amores materialistas"
Dirigida por Celine Song.
Con Dakota Johnson, Chris Evans y Pedro Pascal.
Estados Unidos, 2025
116 minutos.