Libros impresos
Poseen un cuerpo y una carne. En este sentido, se asemejan a nosotros.
La Encuesta Nacional sobre Participación Cultural y Comportamiento Lector contiene información, sin duda, relevante. Quizás el dato más visible sea los 5,7 libros leídos por año, aunque solo el 38 por ciento lo hace por gusto. Un 80 por ciento lee libros impresos.
Es interesante la poca penetración que el libro en formato digital ha logrado en Chile, lo cual deja espacio para las librerías y bibliotecas de libros físicos. Podría deberse a un problema de acceso, pero contrasta con los datos de lectura de diarios y revistas, en los cuales predomina ampliamente la lectura digital. Parece entonces existir una manifiesta preferencia.
La permanencia del libro físico es sorprendente porque se trata de una tecnología cuyos primeros esbozos (con el códex) se remontan a 2.000 años y ya el libro en su versión manuscrita aparece cerca del siglo XIII. Es, por lo tanto, una tecnología muy antigua y, sin embargo, vigente.
Yo soy, a este respecto, una antigualla. Mi lectura, incluso cuando viajo, la llevo a cabo en libros impresos. A la hora de rellenar la valija de mano, selecciono cuidadosamente la cantidad y tamaño de los libros que voy a llevar conmigo. Es importante considerar que los libros, en mi caso, no solo se leen enteros, sino también se necesitan aquellos que solo se hojean o se leen fragmentos, formas deliciosas de leer. También al viajar, considero los libros que voy a comprar (nunca menos de 10), sin tomar en cuenta los que compro y una vez leídos los dejo en alojamientos.
Los libros impresos ocupan un hueco, son un lleno, poseen un cuerpo y una carne. En este sentido, se asemejan a nosotros. También, igualmente, están dotados de una forma (son ortogonales) casi invariable en el tiempo y de una materia (el papel: en el fondo los libros son árboles portátiles).
El libro es una cosa fabricada que me gusta, como me gustan también los relojes, las fotografías, los textiles, los canastos, los sillones, la cama, las estufas, las cruces, los sombreros y las bufandas. No me gusta "la cosa auto", por ejemplo. Me gustan los lápices y las libretas. Las cosas que nos gustan mucho solemos coleccionarlas, si es posible dentro de nuestros recursos.
Un amigo me preguntó hace poco si yo coleccionaba algo. Me quedé turulato y contesté alguna tontera porque pensé que el coleccionismo tiene que ver con algo sofisticado, siendo que tenía la respuesta a la mano: libros, libros comunes y corrientes, no libros de anticuario. Más los colecciono que los leo, ya que en mi biblioteca predominan los libros no leídos, lo cual la convierte en algo vivo y deseable.
Sacando la cuenta, también he leído cerca de 5,7 libros al año. Por gusto.