"Acreedores", incorporación de elementos anexos diluye su interés
Considerada un clásico más que centenario, "Acreedores", escrita en 1888 por el dramaturgo sueco Augusto Strindberg (1849-1912), llega a la cartelera local
Considerada un clásico más que centenario, "Acreedores", escrita en 1888 por el dramaturgo sueco Augusto Strindberg (1849-1912), llega a la cartelera local. Una pieza que en su época debió haber roto esquemas, al presentar un triángulo amoroso de forma directa, cruda y violenta.
Hasta un hotel en un balneario ha llegado a pasar una temporada el matrimonio compuesto por Adolfo (Mario Horton), frustrado pintor, celópata y quien padece depresión, además de problemas en sus piernas, y Tecla (Paloma Moreno), una escritora que acaba de obtener gran éxito con su primera novela, en la que entrega detalles de una anterior relación que terminó en divorcio. Después de sostener una fuerte discusión, la mujer deja momentáneamente el lugar. Es entonces cuando su marido sufre un ataque de epilepsia y es socorrido por Gustavo (Francisco Reyes), un profesor de Literatura mayor. Al entrar en confianza, Adolfo le cuenta sus pesares y Gustavo, quien guarda más de un secreto, le hace un diagnóstico sobre su matrimonio y su esposa, lo que gatilla aún más la crisis que vive el artista, sin saber quién es realmente su interlocutor. Los tres son una especie de acreedores, llenos de rencores, y que tienen varias deudas personales por saldar.
Bajo la dirección de Alexis Moreno ("Cocinando con Elvis"), quien también hizo la adaptación, se trata de una coproducción de Teatro a Mil y el Teatro Nacional Chileno. Es una obra en que está muy presente tanto lo emocional como lo psicológico. El matrimonio mantiene una relación tóxica y ambos permanentemente se están agrediendo verbalmente. Por ello, es una pieza muy demandante para su elenco. Mario Horton tiende a sobreactuar en algunos pasajes de su conflictuado personaje, tanto así que en la función que vimos hubo momentos que su actuación motivó risas del público, que no venían a lugar. Francisco Reyes está correcto en el rol de su vengativo individuo, aunque algo grandilocuente en su expresividad, especialmente vocal, mientras que Paloma Moreno entrega una muy buena interpretación, en la que consigue desdoblarse acertadamente entre la dulzura y la agresividad de la dominante y manipuladora mujer que encarna.
La escenografía es de gran simpleza y los juegos de luces, apagones incluidos, lo único que hacen es entrecortar la acción. Además, algunas escenas resultan carentes de naturalidad.
"Acreedores", de una hora y media de duración, no está del todo lograda. Hay mayor preocupación por la forma que por el fondo. Un buen texto como este no requiere de maquillajes ni recursos efectistas como el dejar el escenario totalmente a oscuras o los movimientos asincrónicos que en algunos momentos realizan los personajes. Todo sin un mayor sentido o, al menos, no perceptibles sus objetivos. La incorporación de estos elementos anexos afectan el contenido de la pieza, diluyendo su interés.
Sala Antonio Varas del Teatro Nacional Chileno. Funciones miércoles a sábados, a las 19:30 horas. Hasta el 6 de septiembre. Teatro Municipal de Viña del Mar, el 6 de octubre.