Mística
Se trata de que el mundo político sea capaz de sumergirse en el sustrato cultural de la población.
La campaña electoral toma cuerpo. Lo curioso en este caso es que no hay tanta estridencia de los candidatos anunciando "aquí estoy yo con mi botiquín mágico para sanar todos los males", sino que aparecen con mucha preocupación por la imagen que quieren proyectar de su "yo" político: técnico-ejecutivo, centrista, enérgico y decidido, testimonio de ideales, renovador. Es la vieja receta: se apunta a esconder el "yo" verdadero. Y esto se complementa con una variada oferta de planes que solo miran a lo inmediato, lo presente, lo concreto y material.
Pero nuestra naturaleza humana reúne materia y espíritu, y es este último el que nos moviliza. Lo verdaderamente válido no se ve a primera vista. Es lo que está bajo el suelo, como las raíces que alimentan a los árboles. Nuestra naturaleza nos obliga a acudir al plano espiritual y del alma para movilizarnos en pos de nuestros objetivos vitales. Necesitamos candidatos que conquisten nuestros corazones con fervor, y que generen una mística que nos cohesione en torno a objetivos trascendentes. Que disparen a ese yo interior teniendo en cuenta que apuntan a un futuro de largo plazo que compromete la acción presente de cada uno. El descalabro que vivimos al presente valida este objetivo.
Lo que verdaderamente necesitamos es fortalecernos individual y nacionalmente con planteamientos eternos de viejos, pero siempre nuevos y vigorosos: los valores positivos y clásicos del espíritu: honestidad, aplicación, espíritu de trabajo, tesón, responsabilidad y constancia, por señalar algunos. Y así mirar a la inasible idea del futuro: una apertura hacia el tiempo, que es lo que da sentido a la vida. Y desde este plano, y con la ayuda de la técnica, derivar los programas de acción y las políticas públicas que permiten materializar los valores trascendentes.
En esta campaña, como nunca, se debería comenzar a repensar el camino a seguir y el modo de transitarlo para abrir paso al futuro. Crear una opinión pública consciente de que junto al alimento material que requerimos, se necesita también un sustento anímico. Y para lograr esto, desarrollar un lenguaje que capture al corazón y a la mente de la mayoría del país, caracterizada por lo mestizo, que solo pide paz y tranquilidad para desarrollar sus vidas y sus familias.
Se trata de que el mundo político sea capaz de sumergirse en el sustrato cultural de la población para comprenderlo y validarlo, para que la mística active los fundamentos culturales que le dan solidez al Chile del futuro.