Mi columna anterior
Así como una vez escribí en esta tribuna acerca de la incertidumbre de un cronista incluso sobre su próxima columna, dado que el tema suele venir a uno antes que uno encaminarse al tema, es clara la dirección inversa de esta experiencia respecto de la crónica anterior a la de ahora
Así como una vez escribí en esta tribuna acerca de la incertidumbre de un cronista incluso sobre su próxima columna, dado que el tema suele venir a uno antes que uno encaminarse al tema, es clara la dirección inversa de esta experiencia respecto de la crónica anterior a la de ahora. Mientras un escrito pasado de alguna manera es inmodificable, el escrito futuro es máximamente flexible e inesperado. Para bien o para mal, en el caso de lo ya publicado no hay forma de deshacerse de ello. En cambio, en el caso de la publicación de mañana, ella está siempre ad portas de ser corregida, incluso a merced de que su autor ni siquiera tenga intención de llevarla a cabo, o sea, decida no escribirla.
Distinto sucede con el artículo de ayer. Queda fijo al modo como un ladrillo en una mitad del muro. No es móvil como un trompo, sino inamovible como una estatua. Su solidez es su quietud, siendo muy opuesto a la crónica por venir, que siempre posee algo de apuesta y de tensión, pues es como una carta en el aire que nadie (incluido su autor) conoce el lado sobre el que caerá una vez que llegue al piso. La crónica es como la vida de cada uno: si la página anterior está completa, la página siguiente permanece en blanco.