El caldo electoral
Mentiras, promesas descabelladas, diatribas, amenazas, noticias falsas, exageraciones, ataques, burlas, cuestionamientos malintencionados, comparaciones odiosas, intromisiones indebidas en la vida privada, calumnias, patrañas
Mentiras, promesas descabelladas, diatribas, amenazas, noticias falsas, exageraciones, ataques, burlas, cuestionamientos malintencionados, comparaciones odiosas, intromisiones indebidas en la vida privada, calumnias, patrañas... de este caldo que no queremos nos van a servir varias tazas -una tras otra- en los próximos meses. Le doy una mirada al calendario y me invade una mezcla de desgano y desasosiego. Unas ganas de esconderme en la burbuja en donde reposa la media docena de libros que me llevaría al exilio y unas cuantas películas que no me canso de repetir. Y olvidarme de esa cotidianidad plagada de falsedades y maldad que caracteriza los tiempos previos a las elecciones. De aquí a finales de mayo del próximo año, cuando por fin se celebren las elecciones presidenciales, nos espera un clima hostil. Somos políticamente inmaduros: no hemos dado la talla para llevar a cabo debates respetuosos y con fundamento, en los que logremos disentir de las ideas que no nos convencen, en lugar de atacar a las personas que las manifiestan. Aunque el tema de la paz está en la agenda de todos los candidatos, y los lamentos y las quejas por la violencia que vive el país constituyen una constante en los foros, los propios aspirantes exhiben comportamientos que dejan mucho que desear y promueven un ambiente de hostilidad y de inquina. Es desolador que este tipo de contiendas se lleve a cabo en un clima de enemistad que los electores suelen replicar. Es lamentable que el buen ejemplo no sea un compromiso de los candidatos. Aquel principio triste y lamentable de "miente, miente, que algo queda", que la política ha hecho suyo, y en el cual basan su estrategia muchos ideólogos de campaña, es la semilla de una contienda caracterizada por la confusión y la rudeza. Ya hemos visto cómo hay presidentes que se hicieron elegir no por las cualidades de su programa, sino por la habilidad para hacerle creer al electorado que su adversario planeaba acabar con ciertos derechos adquiridos por la sociedad. Los candidatos deben ser conscientes de que una frase suya puede bastar para incendiar al país... y Colombia no resiste más fuego enemigo. Hay campañas que han llevado a la ruptura de amistades y de familias, que han promovido las agresiones e incluso el crimen. Ojalá los aspirantes a la Casa de Nariño no olviden que la paz empieza en campaña.
Sin ruta y sin prisa
Fernando Quiroz