Previa del mínimo: tensión y desconfianza, más allá del 11%
La negociación del salario mínimo, una de las discusiones más esperadas del calendario económico y social en Colombia, aún no arranca y ya está rodeada de un ambiente enrarecido, dado que lo que debería ser un escenario de diálogo tripartito entre Gobierno, empresarios y sindicatos, se perfila más como un pulso marcado por la desconfianza mutua y la percepción de que la concertación podría convertirse en un mero trámite político
La negociación del salario mínimo, una de las discusiones más esperadas del calendario económico y social en Colombia, aún no arranca y ya está rodeada de un ambiente enrarecido, dado que lo que debería ser un escenario de diálogo tripartito entre Gobierno, empresarios y sindicatos, se perfila más como un pulso marcado por la desconfianza mutua y la percepción de que la concertación podría convertirse en un mero trámite político. La polémica estalló tras la revelación de que el presidente Gustavo Petro habría dado la orden de aumentar el salario mínimo un 11% por decreto, un hecho que encendió las alarmas en el sector empresarial y llevó a Fenalco a anunciar que no participará en la mesa, al considerar que la decisión se tomó de antemano. "Fenalco no participará en la mesa de concertación porque es una burla, sí o sí ya lo anunció Petro, entonces sí o sí ya lo dijo, el salario va a ser por decreto y va a ser del 11%, entonces, ¿para qué es esa mesa de concertación? ¿Cuál concertación?", dijo el vocero de los comerciantes. El ministro del Trabajo Antonio Sanguino criticó la postura de los comerciantes y la calificó de mezquina y política, resaltando que "me parece muy curioso, que se retire de una mesa que aún no se ha instalado. Eso lo que revela es un reiterado comportamiento del señor Jaime Alberto Cabal en el sentido de que se comporta más como un opositor político que como un dirigente gremial que representa a los tenderos y comerciantes. Más allá de las declaraciones de un lado y el otro, en este momento el debate se desplaza hacia un terreno más complejo y es la distancia entre las partes, los choques de intereses y la falta de confianza sobre el verdadero alcance de la concertación, dado que el telón de fondo no es solo el porcentaje de aumento, sino la credibilidad del diálogo social como institución en un país en el que más de 20 millones de personas dependen de lo que se acuerde o se decrete sobre el salario mínimo. Los analistas coinciden en que el escenario es tenso y polarizado. Juliana Morad, directora del Departamento de Derecho Laboral de la Universidad Javeriana, señala que la mesa llega condicionada por un nuevo decreto que permitirá la negociación por sector industria y por sector económico, con alcance incluso geográfico. "Esto significa que, por primera vez en el país, los sindicatos podrán plantear pliegos más amplios que impacten a sectores enteros y no solo a una empresa", dijo Morad, quien recordó que en ese contexto, la mesa de concertación del salario mínimo no se desarrolla en el vacío, sino en un entorno donde los costos laborales ya vienen al alza. "La reciente reforma laboral, la entrada en vigencia de la nueva jornada nocturna en diciembre y las subidas de años anteriores han incrementado las cargas para los empleadores. El sector empresarial está muy preocupado y considera que se está obviando el componente técnico", indicó. Así las cosas, hizo un llamado a las partes, para que más allá de ceder intereses particulares, lo que necesita el país es un análisis realista que tenga en cuenta el impacto económico de las decisiones y no solo el cálculo político. El escepticismo también lo resalta Iván Quintero Martínez, socio de Quintero y Quintero asesores, para quien, quizá por primera vez en la historia reciente, el que más debería ceder es el Gobierno, ya que de la decisión sobre el salario mínimo dependen múltiples variables que afectan empleo, formalidad, inflación y el bolsillo de todos los colombianos. "Pareciera que el más interesado en sacar por decreto el incremento es el propio Gobierno, conun elemento más político que técnico en una decisión de altísima sensibilidad macroeconómica", señala. Ese punto, asegura, explica buena parte del escepticismo de empresarios y analistas, pues se percibe que la concertación no parte de una negociación en igualdad de condiciones, sino de una decisión ya tomada desde la Casa de Nariño.