Jueves, 26 de Marzo de 2026

De las Torres Gemelas a violencia política

ColombiaEl Tiempo, Colombia 26 de septiembre de 2025


Rafael Herz
El 11 de septiembre de 2001 marcó un antes y un después para EE


Rafael Herz
El 11 de septiembre de 2001 marcó un antes y un después para EE. UU.: un ataque terrorista externo cambió para siempre la percepción de seguridad. Desde ahí, la narrativa oficial giró en torno a amenazas foráneas, yihadismo, control de fronteras y vigilancia masiva. Billones de dólares invertidos en guerras y medidas de seguridad que, a menudo, sacrificaron libertades civiles. Pero esas amenazas siempre vinieron de fuera. Veinticuatro años después, el peligro se volvió doméstico. Ya no es una conspiración lejana lo que aterroriza, sino un vecino radicalizado, un asistente a un mitin, un francotirador escondido. El 10 de septiembre de 2025 se vió en Utah, cuando Charlie Kirk —activista conservador y cofundador de Turning Point USA— fue asesinado durante un evento universitario; crimen que autoridades califican como asesinato político. Kirk estaba en la Universidad del Valle de Utah, respondiendo preguntas dentro de su gira, cuando alguien disparó desde un edificio cercano. Fue un tiro ante cientos de testigos. La reacción fue inmediata: líderes de ambos partidos condenaron la violencia y pidieron bajar la tensión política. Pero lo de Kirk no es un caso aislado. En 2011, la congresista demócrata Gabrielle Giffords fue baleada en un acto en Arizona. En 2017, un atacante abrió fuego contra congresistas republicanos durante un partido de béisbol en Virginia. Más recientemente, políticos demócratas en Minnesota, fueron atacados. La representante de la asamblea departamental Melissa Hortman fue asesinada en junio de este año. Y se suma el atentado en campaña contra el luego presidente Trump. Esa transición del insulto a la acción letal no es natural; se alimenta de la polarización y de discursos que presentan al adversario como enemigo existencial. Lo simbólico del caso Kirk es doble: murió alguien que construyó poder movilizando jóvenes en el terreno ideológico, por extemo que pueda ser considerado, y lo hizo en una universidad, un espacio asociado al debate y la pluralidad. Que allí se dispare a matar, refleja la degradación del clima político. Y eso viene desde las más altas esferas del poder. ¿Cómo responder? Primero, entendiendo que no basta con más seguridad; el problema es cultural. Hay que revisar qué discursos toleramos y dónde se cruza la línea entre crítica y estigmatización. Segundo, con responsabilidad institucional: medios, líderes y plataformas digitales deben medir el peso de sus palabras. Y tercero, con leyes y políticas que castiguen efectivamente la violencia política, protegiendo a quienes participan del debate público sin miedo a ser silenciados a bala. El 11-S mostró que una nación puede ser sacudida desde fuera. Hoy, el reto es no permitir que se autodestruya desde adentro. La muerte de Charlie Kirk, como la de los políticos demócratas asesinados, son una tragedia personal, pero sobre todo alarma nacional. La democracia peligra cuando la palabra se convierte en permisividad mortal y la intolerancia se normaliza como forma de hacer política. Y en esto cabe gran responsabilidad a quienes crean un ambiente de agresividad verbal y escrita.
Analista Internacional.
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